Alejandro Fernández, fundador de Pesquera: «Ellas solo me quieren para la foto y yo, lo que es mío»

El bodeguero Alejandro Fernández, durante la entrevista, junto a la playa de las Moreras de Valladolid. / Gabriel Villamil

El viticultor asegura que no parará hasta recuperar su sitio en la empresa, que creó hace más de cuarenta años

M. J. Pascual
M. J. PASCUAL

Un hombre de 86 años que camina diez kilómetros diarios y sigue pensando hasta en organizar una cata con los mejores vinos de su casa «cuando todo esto termine» no va a jubilarse. Por mucho que, según explica, quienes han pasado a tener el control de la empresa que fundó, Grupo Pesquera, tres de sus propias hijas y su todavía esposa, se lo hayan propuesto. Alejandro Fernández Pérez (Pesquera de Duero, 1932) no se resigna y va a pelear, sostiene, por recuperar su sitio en el emporio que levantó de la nada hace más de cuarenta años. Confiesa que el hecho de que la guerra enquistada desde hace más de dos años en la cúpula de la compañía haya salido a la luz, lejos de apocarle, es «como si me hubiera quitado un peso de encima, porque esta es la pura verdad: ellas solo me quieren para la foto y yo quiero lo que es mío», proclama. Sin embargo, no esconde que está un tanto superado por una situación que no se acaba de creer del todo.

Más información

-¡Si yo me he recorrido el mundo entero, por favor, y me aprecian en todos los sitios! Y he hecho grande a España entera con el vino, desde hace cincuenta años que me muevo con ello. Ha sido siempre vender y vender, trabajar y luchar. Empecé con 14 años, el vino es que me ha gustado desde siempre. Con mi padre, que lo hacía muy bien. Siempre era mi sueño: que, si algún día tenía dinero, pues plantaría viñas y haría vino. Y así ha sido siempre. Pero primeramente empecé con máquinas agrícolas, para trillar paja. Y de remolacha. Así fue progresivamente, vendiendo cosas. He pasado muchas aventuras. Todo trabajar y trabajar. Llegamos a hacer hasta 300 máquinas en el año. Y luego ya me dediqué a mi mundo del vino, que era lo que quería: comprar tierras, plantar viñas. Hasta hoy. Empecé con mi hermano. Estuvimos siete años y, luego, a plantar: ya tenía 50 o 60 hectáreas de viña. Y luego fue a más, a más y más, hasta tener cuatro bodegas. Cuando yo empecé nadie vendía vino embotellado en España. Esa ha sido toda mi vida, el trabajo, si tengo 86 años y no he dejado de trabajar todavía. Y hemos llegado aquí».

-Para terminar en el juzgado.

-Hemos terminado en el juzgado... Porque no me han hecho caso mis hijas.

-¿Cuándo se abrió la brecha entre ustedes, cómo empezó el conflicto en la dirección del Grupo Pesquera?

-Fue en 2017 cuando empezó todo. Cuando nombraron apoderado con funciones de gerente a Clemente Rueda, puesto por mi hija Olga, y ahí empezó toda la historia. Él antes había sido asesor fiscal nuestro, pero yo no estaba de acuerdo con que fuera gerente. Y aquello del consejo de administración salió mal.

-¿Y por qué, exactamente?

-Por la calidad y otras cosas que se hacían que no me gustaban, la manera de ir para delante, yo no quise nunca esas reuniones y como no las quería, me han echado. Se tomaron decisiones que no tendrían que haberse tomado. Pero como eran mayoría, se impusieron. Le hicimos apoderado por un año a este señor y ya en enero de 2018, ni mi hija (por Eva, la enóloga) ni yo aprobamos su continuidad y empezó todo el desenlace. Y como eran mayoría, han hecho lo que les ha dado la gana.

-Mirando hacia atrás, ¿cree usted que pudo pecar de ingenuo al realizar el reparto?

-Yo les dije bien clarito que no quería esas cosas. Que quería una familia como hasta entonces, ir como íbamos antes, Olga se empeñó, se juntó con él y ahí empezó un poco de jaleo. Y luego pasaron dos años y echaron a Eva.

-¿Esta fue para usted la gota que cómo el vaso y le decidió a ir a los juzgados?

-Efectivamente, sí. Y ya luego me quitaron a mí. Y así estamos. Yo quiero lo mío con mi hija, nada más. Partirlo. ¿Y mi mujer? Pues se ha separado, desde marzo. ¡Hasta eso hemos llegado, fíjese! Que nunca le he hecho mal. No estamos divorciados todavía, pero el divorcio va para adelante. Yo lo quiero arreglar, pero no quieren partirlo. En varias ocasiones se lo hemos transmitido a sus abogados, que cada uno tenga su parte, pero no quieren.

-Negociando.

-Sí, negociando y que cada uno tenga su parte. Siempre, desde que he empezado en mi vida, siempre he estado invirtiendo. Todos los años había que invertir algo, todos los años. ¡Porque empecé de cero! Tenía un capital impresionante. El último año ha sido 2017. Quería invertir en las obras que ya tenía y ha sido todo en contra. Antes, como yo tenía el poder, pues no hacía caso.

-¿Pero cómo es posible que le hayan expulsado de la empresa cuando Pesquera es usted, cuando usted es la imagen de la firma?

-Pues mire, palabras textuales oídas en alguna junta: Alejandro, para la foto.

-Así que usted quería seguir invirtiendo en las nuevas bodegas y no le dejaron.

-Una, en El Vínculo, otra en Dehesa de la Granja (Zamora) y otra en Condado de Haza. Siempre hemos reinvertido el dinero. Para Dehesa de la Granja tengo unas ideas muy grandes, porque es una bodega que tiene 5.000 metros, antigua, con 500 años o así, amplia, muy bonita, en la finca de Vadillo de la Guareña. Mi idea es invertir en ella para dar a conocer más los vinos y dedicarla al turismo.

-Y no han querido hablar de esta inversión.

-¡Bueno, qué va! Nada. Al revés, me han parado la obra y todo. Pero ahora vamos a entrar de lleno otra vez. No quiero nada con ellas. Nada. Lo que quiero es hacer lo mío y lo voy a partir. Quiero que cada uno se arregle con lo suyo. Que no se van a morir de hambre. Y es con mi exmujer con quien tengo que partir, con ella.

-Usted quiere arreglarlo.

-Yo quiero arreglarlo. Y vivir bien. Nada más.

-¿Tiene alguna esperanza en que se avengan a retomar las negociaciones antes de juicio, cuya sentencia se prevé para el verano?

-No, no, yo no llego así al verano, yo no llego ni a un mes. Lo quiero hacer cuanto antes. De una manera u otra, porque es en beneficio de todos, de la empresa.

-Pero ellos no quieren repartir, tienen una mayoría ajustada, pero es mayoría.

-¡Esa mayoría no vale para nada, es trampa todo, nada más! ¡Lo que han hecho con su padre, echarle de ahí! ¡A uno de los hombres que más han invertido en trabajo en España en cosa agrícola! El que ha hecho esta empresa ha sido Alejandro Fernández Pérez y ya está. Con mi mujer. Antes.

-¿Pero qué le ha hecho usted para que una su participación con la de sus hijas para echarle de la empresa?

-Pues nada. Trabajar siempre. Y este año no he podido entrar en las bodegas.

-¿Cuánto tiempo hace que no pisa una bodega suya?

-Un año casi. Me dejaron solo la Granja y ahora, ninguna. Pusieron un guarda de seguridad para no dejarnos entrar a la finca ni a mi hija Eva ni a mí.

-Tras salir de los juzgados el pasado martes, una de sus otras hijas increpó a su abogado y le dijo: queremos ver a mi padre. ¿Cómo interpreta usted esto?

-Ellas no quieren partir. Quieren convencerme, que entremos por el aro de ellas. Y yo quiero seguir adelante, invirtiendo y haciendo cosas. Y que no me corten la vida, que mi vida, mi espíritu, es crear, que no me hace falta trabajar. Pero yo vivo trabajando y disfruto haciendo obras y lo que haya que hacer en una empresa. Y nada más.

-En un negocio familiar en el que ya trabajan hasta tres generaciones, las nietas, y siendo usted el creador de esta marca, ¿no se siente como si le hubieran expulsado de su paraíso particular?

-Sí, sí, sí, mi paraíso. ¡Menudo trabajo y menudo sacrificio, un hombre con toda la ilusión, no poder entrar en las bodegas, casi un año que llevo, hombre. Y no quiero decir nada más de eso porque va a ser peor. Pero si no me dejan vendrá el divorcio y ya podré partir. Si quieren hacerlo ahora, van ganando dinero.

-¿Hace mucho que no se bebe usted un vino de Pesquera?

-¿Yo? Lo bebo todos los días.

-¿Qué puntuación le daría al último que ha probado?

-Hombre, de esos vinos se pueden probar pocas veces, porque un vino de 30 años es muy difícil. Y lo he probado porque lo tenía mi hija guardado en casa. Yo lo que quisiera un día hacer, cuando pase todo esto, es una cata con los grandes vinos de Alejandro Fernández, aquí en Valladolid. Y quiero ser el que soy y el que seré mientras viva. No quiero hacer mal a nadie, de ninguna manera. Sin embargo, favores he hecho muchos.