Juicio por el crimen de Mónica Berlanas

El acusado del crimen de Mónica Berlanas pide perdón y dice no acordarse de lo que pasó

El acusado, Jonathan de la Fuente, declaró el último día del juicio por el crimen de Mónica Berlanas pidiendo perdón y alegando que fue una pelea. /I.MARTÍN
El acusado, Jonathan de la Fuente, declaró el último día del juicio por el crimen de Mónica Berlanas pidiendo perdón y alegando que fue una pelea. / I.MARTÍN

Jonathan de la Fuente explicó al jurado que él y su esposa tuvieron una «discusión brutal» y asegura que su casa «no era una ratonera»

ISABEL MARTÍNÁvila

«Perdimos el control y no me acuerdo de más», dijo hoy Jonathan de la Fuente, cuyo juicio por matar a Mónica Berlanas con un cuchillo en su domicilio de Arévalo (Ávila), ha quedado visto para sentencia. El acusado, que el primer día se negó a declarar, lo ha hecho hoy asegurando: «No sé lo que me pasó aquel día, pero lo siento muchísimo».

De la Fuente terminó su declaración pidiendo perdón «públicamente», tras relatar su versión de los hechos que sucedieron aquel 6 de octubre de 2106, «a mi esposa la primera, a mis hijas, a mis suegros, a mi cuñada, a todo el mundo a quien he amargado la vida, a mis padres, y a la sociedad en general».

En su declaración, recalcó que hasta ese día estaba «conviviendo con mi esposa» pero que el mismo 6 de octubre se marchaba de casa, por lo que dejó las llaves y el cartel del buzón sobre la encimera.

Explicó algunos detalles técnicos relacionados las manillas de la terraza –de la que aseguró que estaban «desajustadas» porque «se abrían cincuenta veces al día», y dijo que él no había bajado la persiana de la terraza -después de que ella saliera, llamara por teléfono al 112 y fuera golpeada por él, según un vecino y el propio servicio de emergencias-.

«Mi casa no era ninguna ratonera, como han insinuado» –en concreto, el fiscal-, adujo Jonathan. «Yo me estaba peleando con mi esposa», explicó, y «manteniendo una discusión brutal y en ningún momento bajé la persiana» ya que «es prácticamente imposible» porque no «no tengo un brazo de ocho metros», argumentó.

Empezando por la discusión que mantuvieron en la calle, Jonathan relató cómo Mónica abrió la puerta de casa con sus propias llaves, «me acuerdo de que fue al servicio», se cambió las botas y se puso las zapatillas y cogió una llamada de su hermana María José.

Explicó que «Mónica en ese momento tenía el manos libres puesto», y oyó a su hermana calificando a Jonathan como «escoria social» por lo que había «hecho a sus padres» -de las dos mujeres que hablaban por teléfono-, alegando que «su padre tenía un vértigo».

«Yo, automáticamente, y explosivamente, fui a despertar a mi niña, a Paula, y la dije que nos íbamos de casa». En ese momento Mónica «cortó con su hermana» y fue hacia donde estaba él y le dijo «que yo no me iba a llevar a las niñas» y que «no las iba a volver a ver».

En ese momento de la narración, Jonathan rompió a llorar y no paró hasta que concluyó pidiendo perdón. También justo entonces, uno de los asistentes abandonaba la sala con un «colorín colorado, este cuento se ha acabado», antes de lo cual fue increpado por el juez alegando el derecho del acusado a expresarse.

Jonathan comentó entre sollozos cómo Mónica le decía que si «tanta gana que tenía de saber» si ella estaba acostándose con la persona con la que había empezado una relación, la respuesta era «que sí» y que lo seguiría haciendo.

«Perdimos el control y no me acuerdo de más. Intento recordarlo pero es una imagen que no sé qué pasó luego ni cómo surgió, de cómo acabé con la vida de mi esposa y me vino la idea de…». No finalizó la frase.

Entre 25 y 5 años

El Ministerio Fiscal bajó la pena que propuso antes del juicio de 24 a 23 años por asesinato por considerar que no hubo ensañamiento, aunque sí alevosía. También contempla el delito de lesiones, por el que pide dos años, y añade «maltrato psicológico» hacia su hija mayor.

Pide también la prohibición de acercamiento y comunicación a través de cualquier medio o procedimiento con sus hijas, la hermana y los padres de Mónica, sus domicilios y lugar de trabajo o estudio por 34 años, así como la privación de la patria potestad sobre sus hijas y libertad vigilada durante diez años tras su salida de prisión. En cuanto a lo económico, se solicita una indemnización de 250.000 euros a cada hija, de 70.000 a los padres de Mónica y de 30.000 euros a la hermana de la fallecida.

Tanto la acusación particular como la popular, representada por la Asociación Clara Campoamor, califican los hechos constitutivos de un delito de asesinato con los agravantesde parentesco y de género y piden una pena de 25 años de prisión por asesinato, con inhabilitación absoluta durante el tiempo de condena. Asimismo se solicitan 15 años de libertad vigilada, la privación de la patria potestad sobre sus hijas.

La acusación particular pide además la prohibición expresa de acudir a la localidad de Nava de Arévalo o cualquier otra donde fijaran su residencia sus hijas, los abuelos maternos de éstas o la hermana de la víctima durante de diez años de la pena de prisión que se imponga. Además, se solicita una indemnización para las dos hijas de 150.000 euros, la misma cantidad para los padres de Mónica y 80.000 euros para su hermana.

La acusación popular, por su parte, solicita que el acusado no se acerque a menos de 500 metros de sus hijas, de su domicilio o del lugar en que se encuentren. Tampoco podría comunicarse con ellas por ningún medio o procedimiento durante 35 años.

'Él ganó la controversia'

La Defensa se ha mostrado disconforme con el relato de los hechos que llevó a cabo la acusación, tanto del Ministerio Fiscal como de la acusación particular. En este sentido, se mostró en desacuerdo con los informes psiquiátricos realizados al acusado por médicos forenses y recusó el informe infográfico realizado por la Guardia Civil donde se reconstruían los hechos. Criticó que la acusación y la fiscalía pidieran una «condena ejemplificante» porque se invoca al «qué dirán del jurado» y les induce a que «sientan miedo a equivocarse».

El abogado del acusado mostró su discrepancia de la calificación jurídica alegada por las distintas acusaciones, de asesinato, considerando que se trata de un delito de homicidio sin concurrir en los agravantes manifestados por la Acusación, de alevosía y ensañamiento. Para ello, aduce que se trató de «una pelea» donde se produjeron «heridas de lucha/defensa» y en la que «él ganó la controversia».