Los churros de la última caseta callejera de Valladolid

José Antonio Alonso atiende el negocio que su padre abrió en 1955 junto al Puente Mayor

V. M. V.Valladolid
Lucía Beltrán y José Antonio Alonso, en la churrería Puente Mayor. / G. Villamil/
Lucía Beltrán y José Antonio Alonso, en la churrería Puente Mayor. / G. Villamil

La sección Habrá que probarlo, en la que los lectores de El Norte de Castilla desvelan los secretos gastronómicos de la ciudad, se acerca esta semana hasta la churrería Puente Mayor, el último puesto de venta de churros callejero que todavía abre sus puertas en Valladolid. Está ubicado en la calle Pisuerga, en La Victoria, al ladito del puente más antiguo de la capital, y aquí lleva desde mediados del siglo pasado, cuando Ángel Alonso montó un puesto de venta de churros. En el año 1955 lo tenía junto al hoy colegio Gonzalo de Córdoba y meses después se mudó hasta la calle Pisuerga, donde primero estuvo con una caseta de madera y, desde 1972, en el puesto actual.

José Antonio Alonso, el hijo de Ángel, regenta el negocio, que abre sus puertas a las cinco y media de la mañana para atender a los madrugadores trabajadores de Renault o de Michelín. Cierra los lunes. La ración de churros cuesta 1,80 (la docena) y Alonso presume de que se trata de churros artesanos, sin maquinaria eléctrica, hechos a mano y con aceite seleccionado.

Son los últimos churros callejeros de Valladolid, los testigos permanentes de un negocio que tuvo durante años otros compañeros, como las casetas que había en Poniente, Leones de Castilla, la calle Carmelo o Filipinos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos