La montaña sagrada

La Peña de Francia alberga numerosos enigmas y es uno de los enclaves mágicos de nuestra región

ÁNGEL DEL POZO| VALLADOLID
Talla de Nuestra Señora de la Peña de Francia. / Á. DEL POZO/
Talla de Nuestra Señora de la Peña de Francia. / Á. DEL POZO

Numerosas culturas han identificado las montañas como lugar sagrado, enclaves mágicos donde se podía establecer más fácilmente la comunicación con la Divinidad y de donde provenía la sabiduría y la revelación.

El gran historiador y geógrafo griego Heródoto, aseguraba que el oráculo de Dionisos se halla en las más altas montañas. Su compatriota Hesíodo en su obra 'La Teogonía' dice: «Las altas montañas son la morada que place a los dioses». Y es que la mitología griega situaba en el monte Olimpo el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del Panteón griego, presididos por Zeus. Los griegos creían que en él había construidas mansiones de cristal en las que moraban los dioses.

Los sumerios aseguraban que la diosa Nin-hur-sag residía en la 'montaña del este'. En el Maha bárata hindú, Svetadvipa es la Montaña blanca sagrada y en la tradición celta es la Montaña blanca de Bran.

Para los cristinos existen dos cumbres míticas: El Sinaí, donde Yahvé dio sus leyes a los hebreos, o el místico monte Carmel, que ya se menciona en el Antiguo Testamento de la Biblia. De acuerdo al relato del capítulo 18 del Primer Libro de los Reyes, es aquí donde el profeta Elías demuestra que el señor de Israel es el verdadero Dios. La tradición islámica asegura que Moisés vino del Sinaí, Jesús del monte Seir y Mahoma del Paran. Como hemos podido comprobar la mayoría de las culturas recogen en sus tradiciones ancestrales que las cimas (adonde se unen el cielo y la tierra), es donde se vincula en cierto modo el Dios al mundo de los seres vivientes y es que indudablemente son puntos por los que la energía terrestre sube hacia el cielo, siendo el símbolo ascensional perfecto.

Aquí en nuestra región, en la provincia de Salamanca encontramos una de nuestras montañas sagradas: la Peña de Francia, donde profecías, leyendas, apariciones, milagros y enigmas serán los ingredientes que encontraremos en nuestra visita.

Misterio en la cima

La Peña de Francia se levanta casi de súbito sobre la llanura, al sur de la provincia de Salamanca, en el límite con la de Cáceres. Una serpenteante y ascendente carretera conduce a la cima, donde se extiende una meseta donde podemos encontrar el Santuario Mariano más elevado del mundo (1.723 metros de altitud), en el que se venera a Nuestra Señora de la Peña de Francia. Una talla de la Virgen con tez morena que ya indica que el lugar es especial. Los Vetones ya consideraban este lugar sagrado y lo denominaban Lancia Oppidana. Hoy en día no sería nada más que un pintoresco paisaje sino fuera por los hechos que se desencadenaron en el siglo XV.

Transcurría el año 1424, durante el reinado de Juan II de Castilla, cuando suceden unos inexplicables acontecimientos. Una joven moza de la localidad de Sequeros, conocida como Moza Santa y de nombre Juana Hernández se debate entre la vida y la muerte. Tras regresar de la lucha con el otro lado, relata una profética visión: «Volved vuestro rostro contra la Peña de Francia, puestas las rodillas en tierra, con mucha fe y devoción, y decid tres veces el Ave María a la Virgen María, a honor y reverencia de una su imagen, que allí está escondida hará doscientos años. La cual imagen de aquí a poco tiempo ha de ser manifestada, por lo cual Nuestro Señor hará muchos milagros y maravillas. Y después que esta imagen fuese revelada vendrán muchas gentes y naciones a buscar allí».

Tiempo después la Virgen se aparece en París a un joven estudiante francés, de vida virtuosa, llamado Simón Rolán, y le impulsa a la búsqueda de una imagen suya, escondida y perdida su memoria desde largos años atrás. «Simón, vela y no duermas -le habló la Virgen-. Partirás a la Peña de Francia, que se encuentra en tierras de Occidente, y buscarás en ella una imagen semejante a mí; la encontrarás en una gruta, y allá se te dirá lo que has de hacer». Simón Rolán parte de París y recorre Bretaña sin que nadie sepa darle razón del lugar por el que pregunta. Nadie tiene allí noticia de ninguna Peña de Francia.

Sin embargo de nuevo escucha la voz celestial: «Simón, vela; no renuncies a tu santa peregrinación, que tus trabajos tendrán recompensa».

Decide emprender una peregrinación a Santiago de Compostela, de retorno, se desvía y demora en Salamanca. Cierto día, escucha en el mercado la voz de una mujer que pregona carbón vegetal de la Peña de Francia pero la multitud no le deja averiguar quién publicaba aquellas maravillosas palabras. Otro día, Simón marcha tras unos carboneros serranos a los que había visto reñir en el mismo mercado y mentar el nombre de la Peña de Francia, aunque no le habían querido dar señas del enclave. Cuando llega se encamina a la cumbre, allí después de pasar tres noches y sin encontrar nada aún, se le aparece la Virgen en una noche de tormenta en medio de una gran luz, indicándole la gruta donde encontrará una imagen que lleva buscando siete años.

Oculta en una gruta

Al no poder él solo quitar todas las piedras que tapan supuestamente la figura, bajó al pueblo de San Martín en busca de ayuda. Cuatro vecinos animosos, esperando encontrar un tesoro, se ofrecieron a acompañarlo. Con no pequeñas dificultades consiguieron apartar la piedra tras la cual, en una pequeña gruta, se ocultaba la imagen de la Virgen y que hoy en día se puede visitar.

La historia ha conservado el nombre de los cuatro animosos vecinos: Pascual Sánchez, Juan Hernández, Benito Sánchez (el escribano que dio testimonio fehaciente) y Antón Fernández. La Virgen quiso que este descubrimiento de su imagen fuese acompañado de prodigios, dispensando un favor a cada uno de ellos. Claro que desde aquella fecha no son los únicos favores concedidos.

Existe en el Monasterio un libro sobre todos los milagros y favores concedidos por la Virgen.

Sorprendentes son los casos en los que varias personas se despeñaron por los precipicios existentes por aquellos lares. De hecho hay una zona que se conoce como 'El salto del Niño', debe su nombre a un acontecimiento que se ha repetido a lo largo de la historia del santuario. Un niño, que jugaba entre sus rocas, resbaló y cayó a lo profundo de uno de sus barrancos. Cuando sus padres, pensando encontrarlo sin vida, descendieron a lo profundo de la sima, encontraron al niño sentado y entretenido en sus juegos. Los familiares, testigos de estos hechos, han interpretado lo sucedido como un favor especial de la Virgen de la Peña.

En la actualidad todavía viven dos protagonistas de acontecimientos semejantes, uno en Morasverdes y otro en La Alberca. La caída de este último fue espectacular, cayó 17 metros abajo, golpeándose en las rocas tres veces y sin embargo, aunque fue encontrado sin conocimiento, hoy en día es uno de los testigos vivos de que los prodigios existen. Son muchos más los misterios que alberga este enclave mágico de nuestra tierra, como la desconcertante toponimia con el término de Francia o las leyendas carolingias que alberga, pero sin duda el mayor enigma es esa virgen de tez morena cuyas raíces parecen hundirse en un culto ancestral a las Diosas de la Madre Tierra.

castillaoculta@hotmail.com

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