Los participantes  en el desfile de antorchas, en la Plaza Mayor.
Los participantes en el desfile de antorchas, en la Plaza Mayor. / G. Villamil

Esto ha sido lo mejor y lo menos bueno de Pingüinos 2017

  • Finalizada la concentración, llega la hora del balance, de reconocer lo bueno y apuntar lo que se ha de mejorar para 2018

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Pingüinos 2017 ya es historia. La entrega de los Pingüinos de Oro y Honor puso el punto y final a la recuperación de la afamada y emblemática concentración, pero también ha abierto inmediatamente la puerta a la que se ha de celebrar en 2018. Pingüinos ya es una marca, una señal indeleble en el calendario de miles de personas y de toda una ciudad, y eso supone que cada año hay que mejorar. El retorno se ha saldado con una nota alta, pero también ha producido pequeñas sombras que han de disiparse en ediciones venideras.

Repasemos, pues, lo mejor y lo menos bueno de Pingüinos 2017.

Lo bueno

Seis son los hitos que, en el plano de la excelencia, cabe anotar a la concentración.

1.- La asistencia, claro. El reto era superar los 22.000 inscritos. Y se logró. 22.536 es una muy buena cifra para la primera edición después de dos años de parón. Demuestra la consolidación de la marca y del evento.

2.- La organización. 24 meses sin entrenamiento no han anquilosado la maquinaria de Turismoto, el club organizador, que con el apoyo del Ayuntamiento ha sabido dar el do de pecho. La restricción de participantes al desfile de antorchas ha sido un acierto pleno, ya que sin restar espectacularidad al evento, la ciudad ha vivido un sábado noche sin agobios y con el colorido que dan cientos de motos en pleno centro.

3.- Stop accidentes. Ni un percance serio hubo que lamentar en los cuatro días de Pingüinos. Pequeñas cosas sí, claro. Cruz Roja atendió a 72 personas por cortes, quemaduras, contusiones e indisposiciones. Solo seis fueron trasladadas al hospital con carácter leve

Acera de Recoletos el sábado por la mañana

Acera de Recoletos el sábado por la mañana

4.- La ciudad se implicó de nuevo. Había ganas de Pingüinos, no paraba de repetir el alcalde, y por la respuesta a los diversos actos así era. El lleno que registró la Acera de Recoletos el sábado por la mañana así lo atestigua.

5.- Respeto y tranquilidad. Cuando se juntan veinte mil personas, es fácil que se produzca algún tipo de problema. Pues bien, nada de eso ha pasado. La habitual tranquilidad y respeto de los vallisoletanos se ha llevado al máximo y nada reseñable hay en el capítulo de orden público. Incluso varios pingüinos colaboraron para detener a una conductora imprudente que había atropellado a una mujer y su nieta.

Lo menos bueno

Dice la sentencia popular que el halago debilita y la crítica fortalece. Como toda obra humana, Pingüinos tiene sus defectos. Subsanables, evidentemente. He aquí algunos.

1.- La protección de los acampados. La ausencia de arbolado es uno de los problemas que deben solucionarse a la mayor brevedad, aún siendo conscientes de que el proceso de que una planta crezca lleva su tiempo. Lo que es evidentes es que una helada se soporta algo mejor protegido por la copa de un pino que en el raso. Quizá haya que acelerar las negociaciones con el Círculo Campestre para ampliar la zona de acampada con rincones más arbolados.

2.- Los aseos se han quedado algo cortos para lo que las necesidades exigían. Probablemente por la disponibilidad de metros cuadrados en el recinto. Una ampliación sería, en este caso, bienvenida. Una caseta y los portátiles son insuficientes. Las colas que se formaban así lo atestiguan

3.- Pinchazo en las ofertas alternativas. Si bien la lentejada funcionó, algunas promociones que se diseñaron para los pingüinos no funcionaron todo lo bien que se esperaba. Quizá la buena oferta que había en el campamento de Pingüinos, incluida la hostelera, tuvo algo que ver.

4.- La entrada. La sensación general es que el acceso de los pingüinos a la Hípica Militar es mejorable. Más allá de las cuestiones de circulación -algunos moteros señalaban que hubiera sido mejor cerrar la carretera de Rueda al tráfico en ambos sentidos-, se señalaba que la glorieta habilitada se quedaba pequeña para tanto tráfico.