Esto es lo que dice el expediente ovni que el Gobierno abrió en Villalón de Campos

Torre de control de la base aérea de Villanubla.
Torre de control de la base aérea de Villanubla. / G. V.
  • Vecinos de la comarca alertaron con llamadas a la base aérea de Villanubla de que algo raro brillaba en el cielo el 7 de diciembre de 1968

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Aquel sábado de 1968, ardía el teléfono de la base aérea de Villanubla: que si he visto algo extraño, que si hay una cosa rara, que si no es un avión, que si las luces son naranjas, que si parece que sube hacia el cielo, que si desapareció de pronto, a los tres minuto s, se acabó.

Hubo varios testigos de aquel fenómeno que, sobre las 19:15 horas, sobresaltó la tranquilidad del firmamento en Tierra de Campos. Llamó primero un transportista de Mazariegos. Luego cuatro conductores más. También vecinos del entorno de Villalón e incluso de Palencia. Decían haber visto algo en el cielo. Esa misma noche, a las 0:50 horas, y ante la insistencia de las llamadas, el general jefe de la base remitía un telegrama al ministro del Aire en el que informaba del fenómeno ocurrido en ese rincón de Castilla. «Resto región sin novedad», concluía el comunicado.

Todas esas llamadas de vecinos de Villalón dieron lugar a una investigación que acabó en informe oficial: el documento número 681207 sobre avistamientos de fenómenos extraños. Expedientes Ovni, bautizaba el Estado Mayor a este tipo de documentos. Y así se siguen llamando años después.

El Ministerio de Defensa acaba de desclasificar y hacer públicos hasta 80 documentos oficiales que hacen referencia al registro de objetos volantes no identificados en España. Uno de ellos es el de Villalón. Y, como la mayoría, se cerró sin que se pudiera concretar qué era exactamente eso que tanta gente había visto en el cielo.

Aquel 7 de diciembre de 1968 hubo algo en el cielo de Villalón. ¿Qué? «No se dispone de datos que permitan aventurar cualquier hipótesis sobre una posible explicación del fenómeno», concluía el informe oficial. Y así terminó la cosa. Ninguna de las llamadas, en todo caso, precisó «forma o tamaño de la luz». Tan solo se especificaba que era «algo anaranjado» con un «claro movimiento ascendente».

Ese año 1968 hubo una auténtica fiebre Ovni. El Gobierno investigó hasta 21 casos. Es más, el Ministerio del Aire se vio obligado a emitir un comunicado que El Norte de Castilla llevó a la portada del periódico. «En relación con las manifestaciones que se publican con alguna frecuencia en la prensa sobre apariciones en el espacio aéreo español de objetos volantes no identificados, el Ministerio del Aire desea hacer público ruego de que las personas que los observen y crean que pueda tratar de los denominados ovnis, lo pongan en conocimiento de las autoridades aéreas más próximas o de las autoridades locales, con el fin de que llegue la noticia a los órganos aéreos competentes». Era el 6 de diciembre de 1968. Al día siguiente tuvo lugar ese aluvión de llamadas desde Tierra de Campos.

La notificación pública continuaba: «El Ministerio del Aire dispone de una red radar de alerta capaz de detectar cuanto objeto productor de ecos se encuentre en el espacio aéreo, habiéndose comprobado hasta el momento en relación con los por ella captados, que objetos que el público había considerado no identificados resultaron ser sondas meteorológicas o aviones en vuelo».

Era una forma de rebajar una escalada de avistamientos comunicados desde Soria, Cádiz, Almería, Bilbao o Valencia. El más famoso tuvo lugar en Madrid, el 5 de septiembre. El periódico del día siguiente decía en su portada: «Un Ovni sobre Madrid.Fue visto pero no registrado por el radar». La noticia incluía los testimonios de decenas de personas que decían haber visto en el cielo un punto brillante «del tamaño de una moneda de 25 pesetas». En realidad, así parece, ese objeto misterioso era un globo aerostático francés (salió de la localidad de Aire-sur-L’Adour) que, después de ser arrastrado por el aire, cayó entre Aspe y Santa Pola (Alicante) el sábado 7.

Pero la fiebre Ovni se había desatado. «Alarmante aumento de videntes», decía El Norte del 13 de octubre de 1968. Allí ya se advertía, a pesar de que «son muchos los sabios convencidos de su existencia», de que lo que se cree como invasión alienígena es con toda probabilidad «un error de apreciación». Pueden ser, aventuraban, cometas, estrellas fugaces, el reflejo de un faro de coche en las nubes, un reflejo electrostático, meteoritos... o el planeta Venus, que entre noviembre de 1968 y febrero de 1969 tuvo episodios de clarísima visibilidad por las tardes.

El Ministerio del Aire tenía que salir al paso cada dos por tres con comunicados públicos para solventar posibles equívocos. Por ejemplo, aquella vez en la que advirtieron de que el 30 de octubre estaba previsto calibrar una estación en Robledo de Chavela (Madrid) para lo que era necesario el vuelo de un avión «con un potente faro para permitir la localización [de esta estación] cuando las pruebas mencionadas exijan vuelos nocturnos».

Los periódicos se sumaron a esta moda Ovni. El Norte publicó en octubre de 1968 un relato titulado ‘Los invasores’, dividido en capítulos y ofrecido en días sucesivos. Venía firmado por Larry Cohen y servido por la agencia Europa Press. Era ficción. Pero respondiá a un clima propicio. Hasta el grupo Los Salvajes sacó ese año una canción titulada ‘Los platillos volantes’: «Los platillos volantes, los platillos flotantes, los platillos rodantes: todo el mundo los ve», cantaban.