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Fernando del Val: «El poema decide cuándo existir, no lo puedes convocar»

CULTURA

Fernando del Val: «El poema decide cuándo existir, no lo puedes convocar»

20.01.12 - 00:13 -
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Fernando del Val (Valladolid, 1978) pisó en 2006 la Gran Manzana con el propósito de aprender inglés y tres meses después regresó repleto de inspiración neoyorquina que ha volcado en 1.800 versos estructurados en una trilogía: 'Orfeo en Nueva York', 'Regreso al Metropolitan' (en proceso de elaboración) y 'Lenguas de hielo' (Difácil), que dio ayer a conocer acompañado por el poeta Eduardo Fraile.
Nueva York es el manantial del que brota en esta obra la luz como facilitadora de belleza, «símbolo de temperatura moral y conexión de lo bello con la razón, unidora de inspiración e inteligencia», apunta su autor. En esta megaurbe prendió el fulgor, hace cinco años, en su tercera visita a las calles en las que edificios de hormigón y cristal rascan el cielo, visitando lugares a los que se refería Federico García Lorca en 'Poeta en Nueva York' cuando, dice Fernando del Val, se emborrachó de poesía. «Me llevé la obra completa de Luis Cernuda y salía a la calle con un bolso, no paraba de leer poesía... Todo ese clima me envolvió por completo».
El plan inicial se volvió del revés. Llegó a América ávido de aprendizaje idiomático, aunque también de recoger apuntes con vistas a un futuro ensayo sobre Nueva York hasta que el grifo creativo vertió poesía. «Creo que por incapacidad, o porque me vino más fácilmente el verso que la prosa. Por limitación propia la cabra tiró al monte y surgieron los versos», explica persuadido de que a un poema no se le invoca, sino que se trabaja después de su llegada. «No se le puede obligar a existir. Es imposible empeñarte en hacer un libro de poemas; el poema decide cuándo existir, tú no lo puedes convocar, una vez que existe lo puedes corregir, pero es difícil trazar una idea, un libro de poemas, porque tienen que estar basados en la inspiración; si no, quedarían versos demasiado fríos».
El abortado ensayo iba a incluir un apartado descriptivo alusivo a ideas políticas del lugar, entrevistas... El viraje poético se impuso finalmente, poniendo la mirada en el lado más ambiental de la capital y en cómo intuía ese entorno hace 250 años, «selva agreste domesticada por la mano del hombre cubierta finalmente de cemento. Cuando vieron que se habían excedido, levantaron Central Park». La contemplación de cielo, mar y naturaleza en expansión le abrió los ojos y le reportó material sensitivo para encabezar los primeros poemas de una parte de 'Lenguas de hielo'.
La luz como argumento esencial del poemario remite a Del Val a los ecos de su admirado, Eduardo Fraile, autor de 'Teoría de la luz', «una obra en la que dota a la luz de una fisicidad humana y una belleza lírica que nos dota de un conocimiento superior».
Habituado a sacar jugo descriptivo a la belleza de paisajes castellanos con destino a crónicas periodísticas, no oculta el «arrobo» que le produce la sequedad, las ruinas de pueblos en semiabandono, nada que ver con el ajetreo caótico y ruidoso de Manhattan, paradigma de contradicciones que desde el principio ha tratado de plasmar «sin incurrir en la paletada de que aquello sea la meca de nada».
Tras ese viaje vital en 2006 a Nueva York (el tercero) hizo una última incursión en 2008 con sus abuelos, «fue un regalo, me los llevé conmigo; quería que conocieran Nueva York». Afanado en la trilogía y en un ramillete de poemarios que tiene casi acabados, su atención creativa hace hueco a una novela que escribe con un amigo «a cuatro manos», así como a un conjunto de relatos con mezcolanza de géneros imbuido por la lectura de Enrique Vila Matas, uno de sus novelistas favoritos. Y todo ello bajo el influjo de la para él obligatoria inspiración. «Procuro tenerla como basamento; si no hay idea, para qué trabajar sobre la no idea; tiene que haber algo que te zarandee muy fuerte y te ponga ciertos conceptos en la cabeza». ¿Y si no hay visita de las musas? «Si no llegan, desgraciadamente cada vez más estoy aprendiendo eso que se llama oficio», explica con menos convencimiento que resignación.
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Fernando del Val (izq.), acompañado por Eduardo Fraile, en la presentación del libro. :: G. VILLAMIL

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