El Norte de Castilla

Un sinfín de detalles en una fachada llena de misterios

    Un trampantojo cubre ahora la fachada plateresca.
    Un trampantojo cubre ahora la fachada plateresca. / Manuel Laya
    • Los técnicos aseguran que según se va profundizando en la restauración aparecen nuevas incógnitas

    ¿Cuándo se construyó exactamente la fachada? ¿Quién dirigió las obras? ¿Qué quiso decir su autor con su programa iconográfico? Son dudas que ha suscitado desde antiguo la Fachada Rica de la Universidad de Salamanca para todo aquel que se haya dejado cautivar por su singularidad, más allá de reparar en la presencia de la inevitable rana.

    Uno de los grandes objetivos de la intervención que ahora mismo se está llevando a cabo es precisamente conocer más en profundidad los detalles constructivos, marcas, rastros, indicios, que puedan llevar a los investigadores a elaborar por fin una teoría definitiva sobre la portada. Pero, de momento, nada más lejos de la realidad: «cuanto más se profundiza en la fachada, más incógnitas de todo tipo aparecen», reconoce Jesús Castillo, uno de los arquitectos responsables de la obra. De hecho, afirma que «yo diría que ahora tenemos más dudas sobre la autoría material e ideológica de la fachada que antes de empezar».

    Del estudio pormenorizado se pueden extraer conclusiones indiscutibles, como que una parte de los relieves se tallaron en el suelo antes de colocar las piedras sobre la fachada mientras que otra parte sí se esculpió in situ; que al menos se han localizado las ‘huellas’ de tres talleres de escultura diferentes, que seguramente trabajarían en paralelo; o que a lo largo del proceso de montaje se produjeron algunos pequeños ‘fallos’ que, sin embargo, pasan totalmente desapercibidos al espectador.

    Pero son muchas más las dudas que las certezas. Por ejemplo, se podría esperar que la obra hubiera deparado alguna pista más sobre su autor y en particular sobre si se puede apoyar la teoría de la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Alicia del Canto, según la cual el arquitecto responsable de la obra fue Juan de Talavera.

    Efectivamente, los trabajos han permitido documentar con todo detalle la existencia de una inscripción en el friso que separa el tercer cuerpo del segundo en la que puede leerse: «I-T-A» (siendo la ‘T’ una mezcla entre esta letra y una ‘V’ invertida). Para Alicia del Canto, se trataría de las iniciales de «Juan de Talavera, Arquitecto», uno de los grandes maestros al servicio de la reina Isabel la Católica, pero sin participación, que se haya documentado hasta ahora al menos, en alguna obra en Salamanca.

    No se sabe si esas tres extrañas letras pueden ser la firma del autor, lo que sí se sabe es que justo al lado, un poco a la izquierda para el espectador, se encuentra una agresión «histórica» al monumento. Una inscripción rayada con la palabra ‘espedicion’ (sic) y una fecha alusiva al día en el que el fotógrafo Charles Clifford subió con algún tipo de andamio a la fachada (año 1858) para recoger detalles de sus esculturas.

    Relieves que han puesto en evidencia al poder ser observados a pocos centímetros, ante todo, su inmensa calidad. Es delicioso observar cómo el cantero que esculpió el vellocino de oro que testimonia la pertenencia de Carlos V a la orden del Toisón supo plasmar que se trataba de la zalea del carnero y por lo tanto no es macizo, sino hueco. Pero también algunos pequeños fallos, entre los que destaca, por ejemplo, la línea quebrada de la balanza que se encuentra bajo el medallón de César en el tercer cuerpo.

    También hubo correcciones y cambios de idea. El friso que separa el segundo y el tercer cuerpo es una muestra de ello, ya que rompe completamente las líneas anteriores de la fachada y seguramente fue una modificación sobre la marcha. También es evidente que el medallón de los Reyes Católicos fue retallado en su parte alta. Probablemente se decidió en un segundo momento incorporar los símbolos del yugo y las flechas, aunque no se sabe qué se quitó para esculpirlos.

    Una fachada en la que, por lo demás, todo se pensó y se planificó, como reflejan hoy las marcas de las ‘plantillas’ que dibujan en la piedra el volumen que tendrían las pilastras que iban a levantarse a continuación y que todavía hoy se conservan en muchos de los puntos.

    Todo pensado, medido y sopesado. Demasiado como para asumir que esta obra única no está lanzando un mensaje.