Jaime Siles abre este jueves los Encuentros con la Poesía en Palencia

Jaime Siles./Irene Marsilla
Jaime Siles. / Irene Marsilla

El poeta valenciano ofrecerá un recital en la Fundación Juan Manuel Díaz-Caneja a las 20:00 horas

FERNANDO CABALLEROPalencia

.Jaime Siles es uno de los poetas más importantes de las letras hispánicas de finales del siglo XX y principios del XXI. Su obra poética se inició en 1969 con 'Génesis de la luz' y continuó con 'Biografía sola' (1971), 'Canon' (1973), 'Alegoría' (1977), 'Poesía 1969-1980' (1982), 'Música de agua' (1983) –premio Nacional de la Crítica–, 'Colvmnae' (1987), 'Poemas al revés' (1987), 'El gliptodonte y otras canciones para niños malos' (1990), 'Semáforos, semáforos' (1990) –premio Loewe–, 'Poesía 1969-1990' (1992), 'Himnos tardíos(1999) –premio Internacional Generación del 27–, 'Pasos en la nieve' (2004), 'Colección de tapices' (2008), 'Actos de habla' (2009) –premio Ciudad de Torrevieja–, 'Desnudos y acuarelas' (2009) –premio Tiflos–, 'Horas extra' (2011), 'Cenotafio: antología poética, 1969-2009' (2011) y 'Tardes de Salamanca' (2014). Una selección de estos versos y algunos inéditos leerá este jueves en la Fundación Juan Manuel Díaz Caneja (20:00 horas) en el marco de los VIII Encuentros con la Poesía, que organiza El Norte de Castilla con el patrocinio del Ayuntamiento de Palencia.

–¿Conoce la obra de Díaz-Caneja?

–Este pintor me ha interesado siempre mucho porque era muy amigo de Juan Benet y también de un poeta al que he puesto prólogo y que también es palentino y un gran crítico taurino y teatral, que es Javier Villán. Me será muy grato ir a Palencia de nuevo, donde ya he impartido una conferencia el año 2006 sobre Gabino Alejandro Carriedo, pero para una lectura poética es la primera vez que voy a dar a esa ciudad.

–¿Cuando un poeta se enfrenta a sus lectores en una recital, como lo vive, qué sensaciones recibe?

–Uno tiene que leer unos poemas que se supone que uno ha escrito y que la voz que habla es la de él. Evidentemente, el autor los ha escrito, pero los escribe siempre desde lo que podíamos llamar una cuarta persona gramatical, de tal manera que si el autor va a leer poemas de hace cuarenta años, hay una diferencia enorme entre el ser humano que escribió aquel poema y el que en este momento él mismo es. Existe siempre un distanciamiento y este da lugar a una mayor objetividad y en cierto modo a una tierna utilización de la autoironía.

–¿Va a leer poemas de todas sus etapas?

–Sí, voy a leer poemas desde 1969 hasta prácticamente hoy, porque leeré algún inédito, por hacer un recorrido de casi cincuenta años.

–¿Cómo ha evolucionado su poesía en este largo periodo?

–He pasado, como todo el mundo, por diferentes fases y etapas. Empecé al principio con un interés por el surrealismo, la vanguardia, que se decantó después, en los primeros libros, hacia la poesía pura. Luego pasé a una intensa economía del lenguaje, próxima a la poética del silencio o el minimalismo, o participado de ambas a la vez. Luego derivé hacia un regreso a la tradición, a la investigación en la métrica y en la rima, para pasar a un periodo, en el que todavía estoy, que es la poesía existencia, donde la meditación sobre el yo, sobre el sujeto y sobre el tiempo se aúnan con la meditación sobre el lenguaje. Estos son los ejes de mi obra, y aunque han ido cambiando en formas, en los temas lo que he hecho es profundizar e incluso realizar círculos concéntricos, como el vuelo de un ave.

–¿Como crítico que es también, en qué momento se encuentra actualmente la poesía?

–Soy crítico de libros de poesía extranjera traducidos, no un crítico militante de la poesía española actual, pero por lo que a mí me llega o yo veo en los jóvenes, creo que es un momento interesante, en el que coexisten varias generaciones, pero hay novedades, y algunas muy importantes, como la tendencia a utilizar las nuevas tecnologías, que yo no sé lo que pueden dar de sí todavía, que tiene sus riesgos, indudablemente, pero también pueden aportar a la poesía una mayor comunicación, una mayor inmediatez. En principio, estoy muy admirado con esta poesía que se escribe, que yo no la hago porque pertenezco a otro mundo y a otra generación, por la curiosidad que supone, por la ampliación de referentes y de formas que puede introducir, pero junto a esa poesía, que es la última, hay otra ya hecha y centrada de autores que tienen entre 35/40 años a casi sesenta y que están todos ellos en muy bien momento en sus respectivas obras, obras que además, aunque con puntos en común, tienen enormes diferencias, y eso también es un valor.

–¿A estos dos grupos de poetas que ha señalado les separa un abismo?

–Un abismo de tradición sí. Los poetas anteriores, entre los que me encuentro, partíamos de la tradición, de la tradición en el sentido más amplio, la española, la europea, la clásica, la occidental. Y los nuevos tienen otra tradición que están creando, es la que se produce precisamente en esos medios que aportan las nuevas tecnologías. Nosotros tenemos una idea de la página y del libro que ellos ya no tienen, porque lo ven de otra manera. Nosotros teníamos una idea más conceptual, en cierto modo más abstracta y ellos utilizan el lenguaje de una manera más concreta. Eso puede ser, según algunos, malo, porque sería volver digamos a un arte pobre, pero desde otro punto de vista tiene una ventaja enorme, que es la inmediatez. Alguien escribe un poema esta tarde y lo conocen cien mil personas al minuto, cosa que antes no se podía hacer porque un libro pasaba por una serie de aduanas editoriales hasta que se publicaba.

–Este fenómeno puede llevar a perder tanto peso a la poesía tradicional que afecte incluso a su comercialización, a la venta de libros?

–No lo sé, pero también hay que pensar que en Internet hay colgados muchos poemas, muchas veces con grandes erratas. Internet es un gran distribuidor de lectura. Yo no creo que desaparezca el libro ni mucho menos, ni que desaparezca la poesía moderna, tradicional. Creo que coexistirá con la otra, como coexiste la música clásica con el rock o la música popular. De momento, los jóvenes que utilizan estas nuevas vías, estas nuevas tecnologías, de momento están más entronizados y dominan y conocen mejor lo que podíamos llamar la cultura popular que la alta cultura, pero habrá un momento en que alguien, algún autor, será capaz de unificarlas, de unirlas ambas.

–Usted es un gran defensor del latín y el griego...

–He sido presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, soy catedrático de Filología Latina en la Universidad de Valencia y un defensor del griego y el latín. Son dos lenguas que ayudan a conformar la mente, que ayudan a tener una idea clara de lenguaje, que facilitan a los jóvenes mucho la precisión verbal, y sin una verbalización exacta de las cosas, es muy difícil tener una idea exacta de las cosas. Por otra parte, lo que en esas lenguas se ha escrito es casi toda la tradición occidental, las bases, los fundamentos de toda ella. Son lenguas que ayudan a pensar, que enseñan a escribir y que forman ciudadanos.

–¿Por qué cree que se ha llegado a este punto en que se está relegando a estas lenguas?

–Creo que son modas, como casi todo, porque si empieza a estudia una lengua moderna, en mucho menos tiempo que con una lengua antigua, obtienen grandes resultados, pero ahora hay unos nuevos métodos de estudios en que se aprende las lenguas llamadas muertas como si fueran lenguas vivas, y la gente puede hablar latín o puede hablar griego como puede hablar en inglés, francés o alemán. Yo creo que esto ha sido una moda. Acabo de ver que el ministro francés de Educación se plantea volver a la educación en las lenguas clásicas, porque sabe todo lo que se ha perdido. Es cierto que la cultura accidental, cada vez que ha renunciado en el sistema educativo al latín y al griego, ha dado un enorme paso hacia atrás.

–¿En España cree que se puede volver al menos a plantearse eso?

–Yo creo que debe plantearse. En el bachillerato debe haber Latín, debe haber griego y debe haber cultura clásica , y aunque cada ministro nuevo hace un plan de estudios, cuando se llegue a un pacto sensato, racional y razonable por la educación, que es algo necesario porque la educación es la asignatura pendiente que tiene nuestra democracia, el latín y el griego deberán estar, como deben estar en un sistema de enseñanza..

–Le veo muy optimista.

–Ese será el camino. El hecho de que Francia haya girado en esa dirección indica que aquí también lo haremos en breve.

–¿La poesía se puede potenciar más en las aulas?

–La poesía exige un conocimiento de las lenguas. Lo que deben potenciar en las aulas y no me refiero a las universitarias, sino en el colegio y luego en los institutos, es sobre todo un conocimiento de los autores clásicos de nuestra propia lengua, y que los profesores sean capaces de transmitir lo que es el placer del texto, lo que es la emoción de un poema, lo que es la brillantez de la belleza de una página. Y si eso se consigue, esos jóvenes cuando sean adultos leerán, como hemos leído todos los demás gracias a los excelentes profesores que hemos tenido en el bachillerato.

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