«Para nosotros aquella mandíbula era un hueso más, pero no»

Armando González y Pablo Macho pasean por la zona donde un joven encontró los restos humanos que ahora se están analizando. /María Gil
Armando González y Pablo Macho pasean por la zona donde un joven encontró los restos humanos que ahora se están analizando. / María Gil

La prueba de ADN de la mandíbula encontrada en un pantano cántabro determinará si existen vínculos con el caso de Virginia y Manuela

DANIEL MARTÍNEZPalencia

En el bar de Yoli Macho, el tema de la tertulia diaria lo marcan las portadas de los periódicos. El fútbol, la sequía, los temporales... Ayer ocurrió lo mismo, pero esta vez con mucho más motivo. Cuando los parroquianos de este establecimiento de la localidad cántabra de La Población (Campoo de Yuso) leyeron en las páginas de El Diario Montañés que las pruebas forenses confirmaban que la mandíbula hallada este mismo otoño a escasos metros de donde estaban pertenecía a una adolescente fallecida hace alrededor de 25 años no se lo podían creer.

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Todos sabían que el pasado 12 de octubre un joven que paseaba por el Pantano del Ebro había encontrado unos restos que parecían humanos, pero no le dieron mayor importancia. La localización coincidía con el emplazamiento del antiguo cementerio de la localidad, que quedó sumergido bajo las aguas cuando construyeron la presa. «No es que aparezcan cada poco tiempo, pero tampoco es una cosa rara. Para nosotros era un hueso más, pero por lo que se ve, igual no. Eso dice la noticia...», señala Pablo Macho, un vecino de La Población que recuerda incluso cómo cuando era pequeño se acercaba con sus amigos Carlos y Toño y su primo Sito para ver los restos y las cajas funerarias del viejo camposanto.

La datación realizada por los científicos les ha roto los esquemas. Si tiene un cuarto de siglo, es imposible que pertenezca a las personas que descansan en aquellas tumbas sumergidas en las aguas del Ebro desde mediados del siglo pasado. Y, al igual que los investigadores de la Guardia Civil que están trabajando en el asunto, han hilado cabos. «Lo primero que piensas es que puede tener algo que ver con las niñas de Aguilar. Es hablar por hablar, pero es que la fecha coincide», afirma Armando González, que aunque vive en el vecino pueblo de Corconte también está al tanto de lo sucedido, «como todos por aquí».

Se refiere al doloroso caso que conmocionó a toda la comarca a finales de abril de 1992. El de la desaparición de Virginia Guerrero Espejo y Manuela Torres Bouggefa, dos chicas de 14 y 13 años y vecinas de Aguilar de Campoo cuando se encontraban en Reinosa. Ahora tendrían 39 y 38 años, respectivamente. Pero hasta el momento no hay nada objetivo que haga relacionar la mandíbula hallada con aquel suceso. ¿Y si todo es una macabra casualidad? Por eso, desde la localidad galletera piden máximo respeto para las familias de las desaparecidas y prudencia hasta que se conozcan las pruebas científicas encargadas por los investigadores. Tanto el juzgado de Reinosa como las comandancias de la Guardia Civil de Cantabria, Burgos y Palencia esperarán a los resultados que arrojen las pruebas de ADN antes de vincular el hallazgo directamente con la desaparición de las dos menores.

Fuentes de la investigación consultadas por el Diario Montañés confirmaron el relato de los hechos hasta el momento y la decisión de cotejar los restos encontrados con los que las autoridades disponen en la base de datos que se utiliza para este tipo de casos -el ‘Programa Fénix’, que cuenta con el ADN de familiares directos que, voluntariamente, han donado una muestra biológica para ser analizada y, así, poder establecer comparaciones con el de restos que no estén identificados-. Dientes y huesos contienen una información que puede ser decisiva.

González recuerda cómo entonces, en 1992, los agentes ya estuvieron rastreando la zona en busca de alguna pista. «Estuvieron por aquí los buceadores, pero no encontraron nada y se marcharon. Igual ahora tienen que volver. A saber...», apunta.

Según relatan el alcalde de Campoo de Yuso, Eduardo Ortiz, y los vecinos de La Población, la persona que encontró la mandíbula en el Pantano del Ebro era un chico que estaba dando una vuelta por la zona. «Yo no estaba en el bar en ese momento, pero parece que era de Santander. Tampoco lo puedo asegurar», cuenta Pedro García, del bar El Carloto.

Este establecimiento está justo delante de la iglesia del pueblo y del punto más cercano en línea recta en el que se encuentra el antiguo cementerio y, por tanto, también muy cerca de donde se halló el resto humano que ahora se está analizando. García cuenta que el chaval entró al mesón para comentar lo ocurrido y todos los allí presentes le dijeron que era algo habitual: «Pero se ve que él no se quedó tranquilo, por eso debió de ir a la Guardia Civil. Y tenía razón».

Tan habitual es encontrar huesos en la zona que este mismo verano se dio algún caso. Lo confirma el regidor. «Como el nivel del pantano estaba bajo, aparecieron más restos de un cementerio. Pero es un asunto que no tiene nada que ver con la mandíbula», detalla Ortiz. En el mes de agosto, los vecinos dieron el aviso al Ayuntamiento de Campoo de Yuso y desde allí, se pusieron en contacto con la Confederación Hidrográfica del Ebro, que es la institución responsable de los terrenos.

En su momento, la Confederación ya echó una capa de hormigón en la zona para que el oleaje no arrastrara los restos del antiguo cementerio. Pero, al parecer, con el paso de los años, la erosión ha abierto grietas en la ‘placa’. Por eso, el organismo hidráulico decidió llevar a cabo unas «obras de emergencia» que se han desarrollado en los últimos meses en un punto en el que los operarios han coincidido con los equipos de la Policía Científica de la Guardia Civil.

Con esta actuación, también se daba respuesta a una demanda de los vecinos, que pedían volver a tapar los restos del viejo camposanto, ya que se había convertido en un foco de atracción para los curiosos. «Ahora, si se confirma que estos restos tienen alguna relación con algún caso concreto, volverá a haber jaleo por aquí, pero eso es muy distinto. Si sirve para dar una respuesta a las familias, lo asumimos sin ningún problema», concluye García.

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