«Yo no disparé al oso»

Un cazador dispara con su rifle a una pieza. /Casimiro Moreno
Un cazador dispara con su rifle a una pieza. / Casimiro Moreno

El investigado por disparar a un plantígrado en Palencia defiende que el animal «podía estar encamado, se marchó corriendo al oír los tiros y cualquier espino le pudo hacer daño»

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Este cazador de la Reserva de Fuentes Carrionas difícilmente olvidará el 18 de noviembre de 2017. Lo que en un principio iba a ser una agradable jornada de caza en el término municipal de Casavegas tornó en desasosiego cuando, en lugar de una especie cinegética de caza mayor, lo que se puso a tiro en su puesto fue un oso pardo, especie que se encuentra protegida desde 1973. «Yo no disparé al oso», asegura este palentino, que desea mantener el anonimato, y que afirma que apretó el gatillo de su rifle para abatir a un lobo, especie a la que estaba autorizado a disparar en aquella cacería de jabalí.

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La versión de este cazador –y la de otro investigado por el mismo hecho que asegura haber disparado a un jabalí y no al oso– se pudo escuchar por primera vez en el Juzgado de Cervera de Pisuerga, donde hace una semana arrancaron las investigaciones judiciales de un proceso en el que Ecologistas en Acción de Palencia se ha personado como acusación. «En ese momento, esa ladera no se había tocado. El otro señor disparó primero, a los veinte segundos o treinta disparé yo al lobo y al minuto salió el oso. Pienso que estaría ahí encamado», explica el propio cazador para corroborar que el plantígrado huyó tras su encuentro con ellos, aunque el animal dejó en su marcha un rastro de sangre que hace pensar que fue alcanzado por la munición de los cazadores, algo que ambos niegan con rotundidad.

Este montero ha querido explicar su versión en las páginas del periódico y asegura en su defensa que la sangre encontrada en el lugar de los hechos era muy poca para el potente calibre que utilizó en aquella cacería. «Tengo un calibre exagerado. Pille lo que pille, hace mucho daño y no deja solo dos gotas de sangre como vimos allí», apunta para añadir posteriormente su hipótesis de lo que pudo suceder. «Hay que valorar que el animal se pudo hacer daño en la huida. El oso podía estar encamado, se marchó corriendo al oír los tiros en una ladera y cualquier espino o piedra le pudo hacer daño en la almohadilla. Solo hay siete muestras de sangre, yo vi cinco, y era tan poco que tenía un aspecto parecido al rastro que deja un perro cuando le sangra un poco la almohadilla. Era muy poco, y es lo que hay que valorar», apunta.

«Salió y yo mismo me encargué de alertar de que estaba allí para que nadie disparase»

Este hombre dice haber disparado con munición 300 Weatherby –uno de los calibres magnum para rifles más poderosos que existen actualmente en el mercado–, un hecho que hace imposible, a su juicio, la huida del animal con tan pocos daños, por lo que cree que, de haber alcanzado al oso, el rastro de sangre sería mucho más evidente.«Habrá que ver de dónde viene esa sangre y si puede ser de un disparo o no. Si hubiese mucha, yo sería el primero que me hubiera asustado, pero eran gotas. Yo vi solo cinco», recalca para contradecir la versión de Ecologistas en Acción.

Este palentino asegura que él mismo dio la voz de alarma para que se dejase de disparar ante la presencia de una especie en peligro de extinción. «Salió un oso y yo mismo me encargué de alertar inmediatamente de que estaba allí, no dudé ni un segundo en avisar a todo el mundo», subraya para incidir poco después en que temió que el animal se dirigiese hacia las personas apostadas. «Pensé que iba hacia mi compañero, pero cuando grité ‘no disparéis más’, el animal me oyó, se giró y se marchó», agrega.

32 años lleva cazando este vecino del norte de la provincia de Palencia, que participa en más de cuarenta cacerías al año entre los meses de septiembre y febrero, una afición que le ha llevado a encontrarse cara a cara con el rey del monte en más de una ocasión. «Osos hay muchos. Sacamos muy a menudo. Hay muchísimos más de los que dicen», afirma.

«Si no se cazase en zonas oseras, otras especies como el jabalí acabarían echando al oso de la zona»

Este cazador defiende su inocencia con vehemencia y afirma también creer la declaración del otro investigado. «Confío en mi compañero, que ha dicho que tiró a un jabalí. Yo no tengo por qué desacreditarle porque es un señor que lleva toda la vida cazando en zonas oseras», argumenta este cazador, que el lunes 14 de enero vio cómo se abría el proceso penal, mientras que Ecologistas en Acción ya ha solicitado a la Junta que se abra un expediente administrativo, que quedará paralizado hasta que no finalice este proceso penal que está ahora en curso.

Desde Ecologistas en Acción apuntan que esta cuadrilla es la misma a la que se acusó de disparar a otro oso en 2012, pero, según las palabras del protagonista de estas líneas, esta circunstancia no es algo que deje entrever que este grupo de cazadores acostumbre a tirar a especies no permitidas. «Estoy seguro de que los cazadores de esta zona solo van a por las piezas que se pueden cazar. Si vamos a por el jabalí, vamos a por el jabalí y punto final. Vamos a lo que vamos. Eso de disparar por disparar no se hace», explica el cazador, que se declara un gran defensor del estado de derecho y que asegura no haber pensado si las penas a las que se enfrenta son proporcionadas o no. «Me gusta mucho la ley. Soy una persona muy estricta, a la que le gusta hacer las cosas bien. No he valorado si las penas son muy grandes o muy pequeñas. No estoy involucrado en este tipo de problemáticas, ni en la caza ni en otro tipo de aspectos. No puedo decir si las penas por disparar a un oso son desproporcionadas o no», agrega.

«Un amigo mío fue herido hace unos años en la tripa en un accidente de caza y allí no apareció nadie»

Este vecino del norte de la provincia no hace un juicio de valor sobre las penas –que pueden llevar al autor de un disparo a la cárcel o a pagar una multa de 5.001 a 200.000 euros–, pero lo que sí pone en tela de juicio este cazador es el operativo que se establece cuando hay indicios de que un oso haya podido ser herido en una cacería. «Lo que sí es desproporcionado es el despliegue que se lleva a cabo cuando hay un incidente de este tipo. Después de que pasara esto, se presentaron allí cincuenta o sesenta personas. Un amigo mío fue herido hace unos años en la tripa en un accidente de caza en la Reserva de Fuentes Carrionas y allí no apareció nadie. Le tuvieron que bajar los compañeros al ambulatorio de Guardo con un disparo. Parece que se monta más revuelo por un animal que por una persona», apunta.

Esta noticia ha vuelto a abrir el debate de si se debe prohibir la caza en el hábitat del oso, y este cazador defiende, como no podía ser de otra manera, que la caza permite mantener el ecosistema del monte. «Si no se cazase, otras especies, como el jabalí, acabarían echando al oso de la zona. Por eso creo que todo tiene que estar muy coordinado. No es prohibir la caza, es hacer un estudio con gente muy profesional que analice los lugares en los que se puede cazar, en los que no y en los que se autoriza la caza de forma rotatoria», apostilla.

Este hombre asegura conocer bien el monte y lo que se debe o no hacer en una montería, y apunta que si pudiera volver atrás en el tiempo y regresar a aquel 18 de noviembre de 2017, repetiría todo lo que hizo. «Haría exactamente lo mismo. No hice nada malo. Todo fue bien y lo único negativo que hubo es que la mala suerte hizo que coincidieran cosas», explica para acabar un alegato que será el juzgado quién tenga que determinar si es veraz o no.

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