Un gran bazar renace en un barrio de Mosul arrebatado al Dáesh

Una escena del barrio de Al Zahraa.
Una escena del barrio de Al Zahraa. / Dimitar Dilkoff / AFP
  • Los locales esperan que a partir de ahora se pueda importar refrescos, patatas fritas y detergente del Kurdistán

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En el gran mercado de Al Zahraa, Haj Fawzi trocea carne de res importada "del norte", del Kurdistán iraquí. En este barrio arrebatado a los yihadistas, las tiendas vuelven a estar abiertas. Atrás quedaron los combates. "Vuelve a haber seguridad, las tiendas del mercado han reabierto y los clientes vienen", comenta, encantado, Haj Fawzi. "Lo único que falta es poder salir y volver libremente para aprovisionarse", matiza su hermano Haj Ramzi, dueño de otra carnicería justo enfrente a la suya porque los vecinos todavía no pueden desplazarse fuera de la localidad como se les antoje.

Parte de la segunda ciudad de Irak sigue en poder del Dáesh. Las tropas iraquíes anunciaron el miércoles controlar el 80% de la parte este, mientras que la del oeste sigue completamente en manos de los yihadistas. Pero como desde hace unas semanas se puede transitar por la carretera que comunica con el Kurdistán iraquí, los negocios se han reanudado. En los retenes del ejército, a las puertas de la ciudad, se ven camiones llenos de mercancía.

Abdo, de 25 años, aprovechará para abrir, "si Dios quiere", la tienda que tuvo que cerrar a causa de los combates hasta que las fuerzas iraquíes se hicieron con el control de su barrio, Qadisiya 2, en el este de Mosul. Entre tanto, el joven se entretiene conectando, por nueve dólares, las casas a un grupo electrógeno. "Cuando la familia no tiene medios, lo hago gratis", afirma el joven.

Desde el tejado de la casa familiar, se divisa todo el oeste de la ciudad. De un barrio cercano, donde los combates arrecian, se alza una humareda. ¿Atentado con bomba? ¿Cohete? "Estamos acostumbrados", suspira Omar, el hermano pequeño de Abdo. Algunas casas cercanas quedaron completamente destruidas, pero la mayoría de los edificios están en pie. Su pequeña empresa familiar -una tienda en un patio- cerró por los combates entre los yihadistas y las fuerzas iraquíes.

Una escena del barrio de Al Zahraa.

Una escena del barrio de Al Zahraa. / Dimitar Dilkoff / AFP

Abdo siguió trabajando cuando la zona estaba bajo el yugo del autodenominado Estado Islámico (EI). "Los productos venían de Raqa (bastión sirio de los yihadistas) o de Turquía. No vendíamos Coca-Cola, que estaba prohibida, y los bienes sirios autorizados eran francamente malos", destaca. Los dos hermanos y su madre Um Omar esperan que a partir de ahora se pueda importar refrescos, patatas fritas y detergente del Kurdistán iraquí, como antes de que el Dáesh convirtiera Mosul en su bastión iraquí en junio de 2014.

En el mercado, Um Ashraf echa un vistazo al puesto de un vendedor de maquillaje y de pintalabios. Algo impensable cuando el EI controlaba el barrio. "¡Estaba prohibido! Se vendían en el mercado negro", exclama. "Ahora somos libres", añade.

Pero las condiciones siguen siendo difíciles, lamenta Um Ashraf: "No tenemos agua, ni electricidad. Usamos el agua de pozo y no es sano". En la avenida que bordea el mercado, un equipo del ministerio de Electricidad se afana en reparar la red. Un poco más lejos, en el césped sintético del 'Estadio Doha', Omar, el hermano de Abdo, y una pandilla de adolescentes juegan al balón. "Bajo el Dáesh (acrónimo árabe del EI), se podía jugar al fútbol, pero teníamos miedo de los bombardeos", sobre todo de la coalición internacional antiyihadista que respalda al ejército iraquí, explica Osama, de 22 años y fan incondicional del jugador argentino Lionel Messi.

"Hoy jugamos al fútbol, a las cartas, fumamos narguilé, pero bajo Dáesh estaba prohibido", cuenta. El ruido de la enésima explosión en un barrio aledaño no sobresalta a ninguno de los chicos de la pandilla. "Nos hemos acostumbrado", repite Osama.