El Norte de Castilla

DAKAR

Un lustro de abandonos para Sainz

Carlos Sainz conduce el Peugeot 3008 DKR.
Carlos Sainz conduce el Peugeot 3008 DKR. / Efe
  • El accidente que le ha costado la retirada en la edición de 2017 es el quinto consecutivo del piloto madrileño

Aunque Carlos Sainz y Lucas Cruz llegaron remolcados a la meta de la cuarta etapa del Dakar, ambos se vieron obligados a abandonar. El Peugeot 3008 DKR quedó totalmente destrozado, tras uno de los accidentes más espeluznantes de la carrera del veterano piloto madrileño, y los mecánicos consideraron que ya no les iba a dar tiempo a arreglarlo con solvencia. Además, las más de dos horas perdidas hacían prácticamente imposible para Sainz luchar en condiciones por la victoria, o al menos el podio.

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Sainz y Cruz cayeron el jueves por un barranco de unos 20 metros después de perder el control sobre su coche en una curva a derechas, a pocos kilómetros de la meta de Tupiza. En el accidente, del que piloto y copiloto salieron indemnes aunque doloridos tras varias vueltas de campana, se libraron dos espectadores que mostraron una mala costumbre de la afición: no saber colocarse. En cualquier rally se recomienda encarecidamente a los fans que no se coloquen a la salida de una curva, ya que en caso de que el piloto vaya algo pasado o tenga un imprevisto, puede atropellarles. Sólo la fortuna evitó que hubiera una desgracia: en el último instante en el que Sainz ya iba medio volcado, los aficionados se echaron terraplén abajo para esquivar el golpe.

«Obviamente, es devastador tener que retirarse», admitía Sainz. «Tuvimos un buen ritmo desde el inicio del rally con el Peugeot 3008 DKR, lo que es una gran mejora con respecto al coche del año pasado. Estoy muy decepcionado de no haber conseguido llevar ese beneficio a su potencial», se resignaba el español.

Sainz, de 54 años, es consciente de que lo que le queda de carrera deportiva no es demasiado. Llegaba a este Dakar con cuatro abandonos consecutivos en su espalda, y después de sólo cuatro etapas ha tenido que decir adiós por quinta vez. Queda por ver si este abandono es el broche de una más que fructífera carrera deportiva, o seguirá, al menos, un año más para intentar conquistar el raid más duro del mundo por segunda vez.

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