Fútbol

Jesús Zancada se despide del arbitraje

Jesús Zancada / R. Gómez

El linier vallisoletano repasa su larga trayectoria en el arbitraje después de 117 partidos en la élite y tras retirarse del fútbol profesional

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

Jesús Zancada Lobato (Valladolid, 1974) recibió el pasado verano una mala noticia. Fue descendido como árbitro asistente de Primera División y optó por colgar el banderín. El mundo del fútbol le homenajeará el próximo 7 de octubre en una cena.

–¿Cómo lleva la retirada?

–En verano lo asumí, pero duele. Llegan las listas, ves que has descendido y no preguntas. Mis últimos partidos fueron Atlético de Madrid-Real Sociedad, Espanyol-Barça y Real Madrid-Sevilla. Salimos perfectamente bien y la temporada fue buena. Sé que apuestan por la juventud. Antes se premiaba la veteranía, pero ahora cambia el ciclo. Hay que asumirlo cuanto antes.

–¿Se acuerda de su primer partido en categoría profesional?

–Sí, en Segunda, un Racing de Ferrol-Eibar, en 2007. Yo iba como asistente de Javi Llorente, un árbitro de Burgos que había sido de los más prestigiosos en Segunda B. Debutábamos todos. Fue un partido tranquilo. Los dos equipos eran recién ascendidos y en eso tuvimos suerte. Cambiaban algunas cosas: pinganillos, televisión, otro protocolo. Mi primer año en Segunda fue exitoso. No tuve ningún percance, salvo un Córdoba-Las Palmas, en el que tiraron un bote al otro compañero. Por lo demás, resultó tranquilo.

–En Primera debutó en un Sporting-Real Sociedad en 2011. La élite ya serían palabras mayores...

–Sí, se nota. En pretemporada había pitado el Trofeo Antonio Puerta y Dani Jarque, un Sevilla-Espanyol con un ambiente muy bonito. En El Molinón, el público achucha y desde el primer momento vi que era un fútbol más rápido. Además, empecé con un árbitro que no conocía porque había habido un problema con uno de sus asistentes. Me colocaron con José Luis Paradas Romero, un árbitro andaluz, con el que tengo una buena amistad.

«Acabé bien el año, pero ahora se apuesta por la juventud y no por la veteranía»

–¿En qué nota un asistente el salto por las diferentes categorías?

–En los ritmos, que van creciendo. En Primera, yo distingo entre Primera B y Primera A, donde están los equipos de élite. No es lo mismo pitar a los equipos de la zona media-baja que a los seis primeros de la zona alta. Ahí, el ritmo es frenético. No te puedes despistar ni una décima de segundo. La presión de los campos no afecta tanto, pero sí está el factor de la televisión. La diferencia entre Primera y Segunda, además del ritmo, es el foco mediático. Cuando la mangas...

–¿Qué pasa si pierde la concentración, aunque sea brevemente?

–Pongo un ejemplo: si te quedas mirando una jugada que viene en la banda por tu perfil y tienes que coger al penúltimo defensor, cuando te quieres dar cuenta igual ya te saca dos metros. Si ya es difícil llegar a la vez arrancando con ellos, como te despistes dos segundos vas a llegar tarde seguro.

–¿Cómo se preparan los partidos?

–La designación suele llegar un jueves para pitar la semana siguiente. A partir de ahí, planificamos el viaje. También vemos partidos y acciones de los dos equipos a través del programa Wyscout. El ataque, la defensa, cómo defienden las faltas, balones aéreos... Sobre todo la estrategia de cada equipo. Así ya tienes algo avanzado. También nos fijamos en los últimos enfrentamientos, por si ha habido algún rifirrafe entre jugadores.

–¿Prestan especial atención a futbolistas con fama de conflictivos o ‘engaña-árbitros’?

–El área es el lugar donde debemos extremar la atención:hay que estar al 200%. Es la zona donde hay caídas simuladas, contactos, manos voluntarias, involuntarias... Ya conoces a los jugadores y si protestan o no. Pero tampoco puedes prejuzgar. Cada encuentro es un mundo. No puedes pensar que un jugador se va a tirar... y equivocarte si le hacen un penalti.

–El equipo arbitral mantiene una comunicación constante.

–El único que no está conectado permanentemente es el cuarto árbitro. Oye, pero no le escuchamos si no pulsa el interruptor. El árbitro y los dos asistentes sí hablamos directamente.

–¿Es cierto que muchos entrenadores tratan de que sus palabras lleguen al árbitro a través de los micrófonos de los asistentes?

–Lo pueden hacer. Cada maestrillo tiene su librillo. También los jugadores hablan, pero debemos estar concentrados. Por esa regla de tres, influirían los técnicos más airados y los que más protestan y no sucede así.

«Nuestro mayor problema en el arbitraje es ver algo que no ha ocurrido»

–¿Es preferible estar como asistente 1, el que se coloca en la zona de los banquillos, o como asistente 2?

–Con Alberto Undiano Mallenco siempre iba como 2 porque no era internacional. El asistente ahora ya solo se dedica a lo que sucede en el campo porque, en el fútbol profesional, de los banquillos se ocupa el cuarto árbitro. No es como en Tercera o Preferente.

–Usted ha arbitrado en Primera con Paradas Romero, Hernández Hernández, Muñiz Fernández y Undiano Mallenco. ¿Se notan diferencias?

–Sí. Paradas Romero dialogaba mucho con los jugadores. Muñiz tenía un perfil muy mediático. Cuando coincidí con Álex Hernández Hernández era un árbitro al que iban hacer internacional, con gran proyección. Luego, en las tres campañas con Undiano, todo resultó muy fácil. Es el más grande y le respetan mucho. Como árbitro es un diez y como persona, un veinte.

–¿Cuándo sabe un colegiado si ha hecho un buen partido?

–Hay un delegado arbitral que nos dice lo que hemos hecho bien o mal al terminar. Se sienta en el palco y tiene las imágenes de televisión. Además, cuando llegas al vestuario ya sabes si has fallado o acertado al ver los mensajes. Nos reunimos durante 15 minutos después de cada partido y valoramos la función de cada uno.

–¿Daba muchas vueltas a los fallos?

–A lo hecho, pecho, pero trataba de analizar el porqué de la equivocación. Más que no ver una jugada, nuestro mayor problema es ver algo que no ha ocurrido.

–Cuando le tocaba arbitrar a un equipo grande, tenía más motivación o temor por la amplificación de los posibles fallos.

–El proceso de preparación es idéntico, aunque en estos casos yo no leía prensa la semana antes. El día del partido es igual que cualquier otro. Si te pones a pensar en la repercusión, corres el riesgo de desconcentrarte. Son partidos que te quitan más que te dan si fallas, pero que siempre gusta pitar.

–¿Cómo empezó a arbitrar?

–Yo jugaba al balonmano y al fútbol. Me llamaron para hacer pruebas en el Balonmano Michelin, pero había que entrenar cuatro días a la semana. Un amigo me comentó un día que había visto unos carteles para hacerse árbitro. Tenía 14 años. Llegué a Tercera División como árbitro principal y, tras cinco años, me metí como asistente en Segunda B. De ahí pegué el salto al fútbol profesional. El arbitraje es un deporte que engancha y se demuestra en los cursos que hacemos.

–¿Hay otra percepción del arbitraje?

–Sí, la situación ha cambiado. Cuando empecé, no había tanto respeto. Se nota en el trato con los clubes, los directivos, delegados, entrenadores... Nos hemos hecho valer. Me une una gran amistad con los clubes de Valladolid. Vivimos una época de bonanza en este sentido. Hace mucho tiempo que no se escucha nada que se salga de la normalidad.

–¿Qué queda por avanzar?

–A los chicos les gusta cada vez más arbitrar con banderines electrónicos y aquí desde Tercera ya se arbitra con pinganillos, intercomunicados. Antes, cada uno arbitraba en su zona, pero ahora el asistente 1 puede estar controlando la zona del segundo palo del asistente 2.

–¿Y la videoasistencia?

–Está claro que el VAR [sistema de videoarbitraje] va a llegar. Estamos en la mejor liga del mundo y todo lo que sirva para ayudar a los árbitros es bienvenido.

–Con su retirada, el referente del arbitraje vallisoletano es ahora Oliver de la Fuente en Segunda.

–Óliver es un chaval joven [25 años]. Tiene que centrarse en el arbitraje, olvidarse de lo demás y no meterse en guerras y guerrillas. Tiene todo el porvenir, pero no debe olvidarse de dónde viene, especialmente del comité territorial de árbitros. En el comité nacional tiene más metas, pero no se pueden olvidar las raíces.

–¿Qué va a hacer usted ahora?

–Estaré como vocal en la Delegación de Fútbol de Valladolid y seguiré ayudando a los árbitros jóvenes, entre otros proyectos. Yo trabajo en Michelin y estoy muy agradecido a mi empresa porque me haya permitido mantener los dos oficios.

–¿Le decían algo los lunes cuando llegaba al trabajo?

–Sí, sobre todo cuando pitaba a los grandes. ‘¡Anda que ayer...! ¿Esto no lo visteis? Claro, como eres del Barça. Claro, como eres del Madrid’. No solían decir nada si había acertado, pero sí me metían el dedo si había algún fallo. Resultaba que, dependiendo del día, yo era del Real Madrid, del Barcelona, del Atlético de Madrid... Al final, puedo decir que no he tenido colores. Por eso, ahora les recuerdo a los chavales que tengan cuidado con las redes sociales. Aparecen con una camiseta de un equipo o del otro y, en menos de lo que piensan, pueden estar pitando a esos conjuntos. Acabaremos viendo a algún árbitro que tenga que dejar el fútbol profesional por haber simpatizado de joven con algún equipo.

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