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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

CULTURA

Luis Ribot dirige una monografía sobre Carlos II, que analiza la persona y la corte del último de los Austrias, reinado en el que la leyenda se ha impuesto a la historia
10.08.09 -

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Enfermizo, de pocas luces, con una deficiente formación para las cuestiones de Estado, dotado de un físico que más dice de la endogamia de su casta que de la persona que hay detrás. Todas estas apreciaciones son repetidas por los cónsules que trataron con Carlos II. Pero el reinado del último de los Austrias españoles trasciende su persona y ésta tiene algún aspecto reseñable. «Si el rey no es atractivo, la época se borra», afirma Luis Ribot, quien ha querido mirar la segunda mitad del siglo XVII español más allá de la leyenda. El académico ha dirigido una monografía sobre El Hechizado y su corte en la que firman una docena de historiadores. 'Carlos II. El rey y su entorno cortesano' ha sido editado por el Centro de Estudios Europa Hispánica.
«Imbécil el rey y desamado, no presta más que el nombre a la apariencia de la majestad», decía de él el embajador veneciano Giovanni Cornaro (1681). Esta afirmación, tan impropia de un diplomático, es una de tantas que entresaca el modernista vallisoletano de la correspondencia de la época. «Hay que distinguir el mito de la realidad, el rey y su reinado. En el caso de Carlos II ha primado la etiqueta y la visión negativa», explica Ribot.
El más retratado
El hijo tardío de Felipe IV, el que aseguró in extremis la sucesión, prefirió la caza del lobo, el arte o la devoción a sus tareas de Gobierno pero el 'rey vago' tuvo sin embargo algunos períodos de dedicación exclusiva al despacho. El hombre indolente, fácilmente manejable por validos, consejeros y esposas -María Luisa de Orleans, primero, y Mariana de Neoburgo, después-, tensó su voluntad en asuntos como los cuadros de Rubens demandados por su cuñado, el elector del Palatinado, y demostró un vigor inédito en el empeño por recuperar El Escorial tras el incendio -el Palacio como se conoce hoy es fruto de los encargos en su reinado-.
«La idea de decadencia se ha exagerado. El rey no pertenece a los mejores de su Casa, pero tampoco fue el peor. Bajo la corona de Carlos II el Consejo de Hacienda realiza una política económica innovadora. Por primera vez no se incrementan los impuestos en Castilla, hay cierto alivio fiscal. Se resuelve el problema de la manipulación monetaria, el mejor impuesto del XVII era la alteración del vellón, y se comienza a resolver la enorme deuda acumulada desde Carlos V», explica Ribot.
Por otra parte la figura del rey está cambiando en toda Europa, el modelo es ya Luis XIV. «Ya desde su padre, Felipe IV el rey y la corte cambian respecto a los grandes Austrias». En su aspecto material es bien visible en las ilustraciones del volumen, entre las que destacan por su profusión los retratos de Carlos II. «Es el rey más retratado». No en vano tuvo tres pintores de cámara -Juan Bautista Martínez del Mazo, Sebastián de Herrera Barnuevo y Juan Carreño de Miranda- además de otros muchos para llevar a cabo los encargos decorativos. Aunque será Luca Giordano, su pintor favorito, el responsable de los murales y techos de El Escorial. Dos veces se casó sin que de ellas hubiera fruto alguno y en esa esterilidad hunde sus raíces la leyenda del hechizo. El 21 de octubre de 1679 contrajo matrimonio con María Luisa de Orleans, en Burgos. La ausencia de descendencia hizo planear sobre ella la amenaza de «si no parís, a París». La sobrina del Rey Sol murió de una caída de su caballo en 1989. Un años después, el desconsolado Carlos se casó con Mariana de Neoburgo, con quien tampoco logró procrear.
Al final de los trabajos de Josefina Castillo, Adolfo Carrasco, Victoria López-Cordón o Carmen Sanz el lector podrá encontrar una versión de Carlos II «más matizada».
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