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47.315 lectores diarios RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 31 julio 2014

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villalar 2009

Más de diez mil vehículos colapsan los accesosa la campa, en la fiesta más numerosa de los últimos años, con cerca de 26.000 participantes

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El buen tiempo calienta Villalar
Miles de personas festejan el Día de la Comunidad en la campa de Villalar de los Comuneros./ RAMÓN GÓMEZ
Comprobado, más o menos. La manifestación de la conciencia regional de los castellanos y leoneses depende del termómetro. ¿Que hace buen tiempo? Pues se llena la campa. Fue lo que sucedió ayer. Más de 26.000 personas -a las 13.30, hora punta, ya se llegaba a los 23.000- se dieron cita en Villalar de los Comuneros para celebrar -con dulzaina, bandera, tortilla y silla plegable de por medio- el Día de la Comunidad. Una de las celebraciones más multitudinarias de los últimos años, sobre todo si se compara con la concentración del 2008, la más cercana, en la que la lluvia deslució la fiesta.
Lo de ayer fue otra cosa. Con un tiempo de visera y manga corta, las costuras del término municipal de Villalar de los Comuneros (con apenas 457 vecinos, según el último padrón oficial del INE) estuvieron a puntito de explotar. No sólo por la gran afluencia de personas.
También por las de coches. Más de diez mil vehículos, cientos de motos y cincuenta autobuses, según los cálculos de la Guardia Civil, que taponaron los accesos a la localidad y desbordó no sólo las previsiones, sino también la paciencia de muchos conductores.
A media mañana, el sufrido automovilista -deseoso de fiesta- debía tirarse hasta una hora delante del volante para poder llegar a la campa. Las retenciones en la carretera VP-6601 (la que en sentido contrario lleva a Bercero) eran tan gigantescas que la Guardia Civil se vio obligada a impedir el camino hacia Villalar y devolvía a los vehículos a la autovía A-6 para que tomaran la salida 196, por Marzales.
Ésta era la ruta recomendada por los paneles de Tráfico pero, ¡ups!, por allí también había retenciones. Y tremendas. Una hora de caravana y de avance de caracol complicada porque muchos conductores, hartos de la espera, decidieron dejar su coche mal aparcado en la cuneta, en mitad del arcén o incluso en el medio de unas tierras de labor y seguir luego, andando, hasta el cogollo de la fiesta.
Ya había colas de vehículos a las diez de la mañana, pero desde las 12.00 aquello fue el infierno, con el interior de los coches ardiendo y el sol pegando fuerte en los cristales. El gran tapón circulatorio hizo que, en la sobremesa, los agentes recomendaran la salida a través de la A-11.
La caña de la crisis
Una vez aparcados, comuneros todos. Aunque con el bolsillo menos generoso que en años anteriores. Fiesta, pero controlando el parné. Ahí van unas cuantas declaraciones que los demuestran: «La crisis ha traído a mucha gente para participar en las protestas, hay más gente que otros años, pero la crisis también está haciendo que gaste menos», comenta Conchi Minayo, tesorera de Izquierda Castellana.
«¿Gente? Muchísima, mucho jaleo, pero no se consume igual que otros años», apunta Carmen Martí, del mesón Hermanos Sanz. «Hay más personas, es que hace muy bueno, pero por la noche se vendió menos que otros años», explica Ruth Martín, desde la barra de la caseta de CNT. «Mucha gente, sí, pero compran menos que otros años», remata Jesús Lillo desde su puesto de pipas y patatas fritas.
El pleno lo rompen en la caseta del PSOE. Fernando Sánchez, de las Juventudes Socialistas de Medina del Campo y ayer administrador del grifo de cerveza asegura que «apenas se ha notado» un descenso en la caja. «Ha venido mucha gente y además ha consumido».
La estrella, la caña. Acompañada de lomo, tortilla o chorizo. En la pizarra se cantan los precios. Un euro el vaso de calimocho, 1,5 la caña. 3,50 el cubata.
A las 15.00 horas, el mogollón no estaba tanto en la campa como en los alrededores. Los más jóvenes, en la zona de acampada. Muchos -cerca de tres mil personas- llevaban desde el día anterior. Allí pasaron la noche y a mediodía seguían con la tienda montada y botellas vacías alrededor, con los ojos de resaca medio cerrados y un bocadillo a medio terminar.
Y los más veteranos, junto al coche, en las grandes explanadas habilitadas como gigantesco aparcamiento. Allí estaba la mayoría, con el maletero trasero abierto y la mesa de camping al lado. Familias enteras y grupos de amigos hincándole el diente a la tortilla y el choricejo, probando puntería con la bota de vino y echando la siesta o una partida de cartas a la sombra de un paraguas y una bandera republicana o castellano y leonesa como improvisado toldo.
La Delegación del Gobierno destacó la «normalidad» con la que transcurrió la jornada, en la que no hubo que lamentar ningún incidente, salvo alguna «sonora» protesta protagonizada por el sindicato CGT que aprovechó la lectura del Manifiesto para lanzar diversos petardos que metieron en un bidón para así hacer más ruido, según informa Europa Press.
La organización solidaria Cruz Roja desplazó a cincuenta voluntarios y tres ambulancias, que tuvieron que intervenir por cortes, mareos por el calor e intoxicaciones etílicas, sobre todo durante la noche anterior, con fuegos artificiales, verbena y discomovidas en la campa.
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