Cartel de completo en Valoria la Buena

J. Antonio, J. Carlos. J.Luis, Primi, Puri y Víctor, tres generaciones de la familia Trejo. /Laura Negro
J. Antonio, J. Carlos. J.Luis, Primi, Puri y Víctor, tres generaciones de la familia Trejo. / Laura Negro

Arsacio Trejo fundó en 1954 el cine El Pilar. Una pasión que continúa en sus biznietos.

LAURA NEGRO LUENGOValoria la Buena

De indios y vaqueros, de guerra o de amor. Daba igual, el cine El Pilar de Valoria la Buena siempre colgaba el cartel de completo. Se trata de un negocio familiar inaugurado en el año 1954, que marcó toda una época en este municipio y con el que la familia Trejo dio comienzo a una afición por el cine que todavía continúa.

Primitivo Trejo es ahora el patriarca de esta gran familia. Tiene 89 años que no se le notan, por su intacta memoria y vitalidad. Guarda con celo lo que considera un gran tesoro, su libro de cuentas. En él, antaño apuntaba la recaudación de cada película. Y con cada apunte, este veterano regala una historia. «Barbarroja fue un éxito de taquilla, así que la mantuvimos más tiempo en cartel. Con ella recaudamos un dineral en la época, 1.888 pesetas», explica. «Con Mogambo también nos fue bien, ya que hicimos una caja de 1.075 pesetas. La que gustó menos fue 'Los caballeros las prefieren rubias', con la que ganamos 978 pesetas”, explica sin levantar la vista del diario.

Pero para explicar la historia de este cine, hay que remontarse al padre de Primi, Arsacio Trejo. Un agricultor con grandes dotes sociales y muy emprendedor. Fue todo visionario que supo intuir las grandes posibilidades económicas que un cine podía aportar a su familia y también a su pueblo. Pensando en el porvenir de sus seis hijos decidió montar una gran sala, que durante años dio de comer a toda su prole. «Empezamos a construirlo en 1952. La piedra la sacamos de una cantera familiar y también de los páramos. Fue un trabajo durísimo. Para sacar las piedras teníamos que hacer palanca con las varas de los carros, echábamos 4 viajes diarios con dos mulas. Luego las serrábamos con un tronzador de madera», recuerda este veterano.

El trabajo dio sus frutos y un año más tarde, el cine «El Pilar» estaba construido y equipado con las máquinas más modernas. «Durante 10 meses estuvimos intentando que nos dieran la licencia de apertura. Nos exigían tener agua corriente y nosotros teníamos un depósito. Al final, mi padre tuvo la picardía de ofrecérselo al gobernador civil para que lo usara en un acto público. Le impresionó ver las butacas tan nuevas, el escenario… y que estuviera cerrado. Él personalmente nos lo dio de paso», recuerda. El 18 de julio de 1954 el local, con 250 butacas, fue inaugurado el cinematógrafo con la película «Horas de ensueño», a la que todos los vecinos fueron invitados.

Arsacio dio trabajo a sus seis hijos y a sus cónyuges. «Mi cuñado Orestes era muy aficionado al cine y fue nombrado director. Uno de sus cometidos era seleccionar las películas. Mi hermano Fidel se sacó el título de operador de cámara en Valladolid y él me enseñó a mí. Cada uno nos encargábamos de pasar media película y así la otra media la podíamos ver con nuestras mujeres», dice entre risas. «Mi hermano Carlos se encargaba de ir al apeadero del tren en bici para recoger las cintas que alquilábamos, Gloria y Elisa estaban en la taquilla y mi hermano pequeño, Flaviano, regentaba el bar. También teníamos empleados. Era un negocio boyante para la época», recuerda Primi.

A Valoria la Buena las latas de celuloide llegaban años después de los estrenos, sobre todo las extranjeras. Una excepción fue 'Marcelino Pan y Vino', que se estrenó en este cine al mismo tiempo que el resto de España, en 1955. «Fue la más taquillera. Estuvo tres semanas en cartelera y todos los pases se llenaban con gente de toda la comarca. Fue una película cara y la proyectamos más veces para amortizarla», relata Primi.

La censura

El cine abría los fines de semana, los festivos y los martes, en los que se cobraba la mitad de la entrada. El precio era de 1 peseta para los niños y para los adultos 5 pesetas la butaca y 2 pesetas en el «gallinero». «La fila más demandada era la última. Allí iban los novios a hacerse arrumacos», dice Puri, hija de Fidel, y quién pasó muchos de sus mejores momentos de juventud en el cine. Antes de cada película, como era obligatorio, siempre se proyectaba el Nodo. Los censores oficiales siempre estaban al quite, por eso, los operadores de cámara, Fidel y Primi tenían que cortar aquellos planos que traspasaran la línea roja de la decencia de la época, para no herir la sensibilidad del espectador. «Un día me despisté. Sabía que había una escena que tenía que tapar con la mano porque salía una mujer dando a luz. Me pilló distraído y se vio todo. Aquel despiste nos costó 200 pesetas de multa», recuerda entre risas.

Tacos de entradas de cine antiguas.
Tacos de entradas de cine antiguas. / Laura Negro

La familia conserva varios retratos de artistas famosos firmados y dedicados, como el de la actriz norteamericana Betty Grable o el de Aurora Bautista, nacida en la localidad vecina de Villanueva de los Infantes, quien «venía a menudo a nuestro cine. Estuvo en el estreno de su película 'Locura de Amor' y le dedicó una foto a mi bisabuelo», explica José Antonio Fernández, un gran cinéfilo y quien conserva muchos de los recuerdos familiares de aquella época.

Tradición familiar

La expansión del televisor y el descenso de población debido a la mecanización del campo obligó al cierre del holding cinematográfico de los Trejo. En el año 1970 la pantalla del cine El Pilar, después de proyectar 'Tómbola', se fundió a negro y echó el cierre. Fueron 16 años de disfrute de comedias, dramas y también tragedias. En 1974 Flaviano Trejo recuperó el bar El Pilar, que hoy en día lo regentan sus hijos, José Carlos y Víctor Trejo y la esposa de éste, Fabiola García, quienes siguen manteniendo la esencia de aquella época dorada y haciendo disfrutar a sus clientes con viejas recetas familiares heredadas del bisabuelo Arsacio, como las gambas y el champiñón al ajillo.

José Luis García Trejo es otro de los biznietos que ha heredado la pasión por el séptimo arte. «Yo no tengo recuerdos del cine familiar de Valoria, pero si recuerdo que a mi abuelo le apasionaban las películas del oeste y siempre que podía, me llevaba al cine a Valladolid», cuenta este joven. De su abuelo Fidel heredó toda la colección de carteles de las películas que durante años proyectaron en el cine El Pilar. «Para mí son un tesoro. He seguido ampliando la colección con nuevas adquisiciones. Tengo aproximadamente unos 200 de los años 50 y 60, la mayoría del cartelista Jano», explica orgulloso. Gran parte de estos carteles de colección se pueden disfrutar en la decoración del nuevo negocio familiar, la recién inaugurada Casa Rural La Plaza en Valoria la Buena, dedicada al séptimo arte. «Soy la cuarta generación de los Trejo amantes del cine. Mi objetivo algún día es poder hacer una exposición itinerante con éstos carteles para que todo el mundo pueda disfrutar de ellos», concluye José Luis.

 

 

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