Petra Álvarez, la fiscal: «Sara estaba al borde del precipicio y su madre no hizo nada para salvarla»

La fiscal, María Petra Álvarez, durante el juicio. /Efe-Pool
La fiscal, María Petra Álvarez, durante el juicio. / Efe-Pool

La fiscal, María Petra Álvarez, recrimina a Davinia que hiciera oídos sordos al «comportamiento desesperado» de la pequeña, que el día de autos se levantó a las siete de la mañana, se vistió sola y le pidió que la llevara con ella al trabajo para no quedarse con Roberto

M. J. Pascual
M. J. PASCUALValladolid

«Davinia dio prioridad absoluta sobre cualquier otra cosa a mantener su relación con Roberto y le era indiferente lo que le pudiera pasar a Sara, que la pudiera matar». El relato que fue desgranando la representante del ministerio fiscal sobre el calvario que atravesó la niña desde que Roberto Hernández se cruzó en su vida sin que Davinia Muñoz, la madre, ejerciera como tal para proteger a su pequeña hija, ha estremecido al jurado. Para ganarse su atención, la fiscal María Petra Álvarez mantuvo su tono de voz amable y hasta se llegó a emocionar en dos ocasiones, sin que su alegato, en el que reiteró su petición de condena para ambos acusados, por maltrato, violación y asesinato de la pequeña, que acababa de cumplir los 4 años, perdiera ni un ápice de consistencia.

La representante del ministerio público, después de detallar una por una las lesiones de la pequeña y basar los indicios objetivos en los informes forenses y los análisis de los laboratorios criminalísticos que confirma la presencia de restos biológicos en las uñas de la niña que corresponden a Roberto Hernández, considerado el autor material de los hechos, se explayó en la actitud de la madre de la pequeña para justificar su petición de igual condena, la prisión permanente revisable. «Desoyó el comportamiento desesperado de la niña, que se levantó a las siete de la mañana, se vistió ella sola y le pidió que se la llevara con ella al trabajo, y a pesar de ello la dejó en manos de su maltratador», manifestó la fiscal.

Ha recordado al jurado, en este sentido que «en derecho penal es tan grave consentir el daño como causarlo, es autora por omisión» porque «no cumplió con las obligaciones más básicas y elementales de una madre para proteger a su hija, simplemente evitando el contacto entre Roberto y Sara» y mencionó como ejemplo de la «frialdad» hacia su hija que Davinia, cuando la Policía llevó a cabo el registro de la vivienda la misma tarde del día 3 de agosto, fecha en que murió Sara, ella les preguntaba «¿Dónde está, dónde está? y cuando los agentes le señalaron que si se refería a su hija ella les aclaró:» No, Roberto ¿dónde está, cómo está, dónde lo tienen, está bien?».

También ha recriminado a la acusada que también impidera a los demás ayudar a su hija, engañando a las funcionarias de Menores de la Junta y ocultando «a todo el mundo la existencia de Roberto» porque, de haberlo hecho, «se habría podido salvar a Sara».