Los espantapájaros 'recobran la vida' en Serrada para lograr una próspera cosecha

Varios niños del taller y adultos confeccionan los espantapájaros con ropas cedidas por los vecinos./Patricia González
Varios niños del taller y adultos confeccionan los espantapájaros con ropas cedidas por los vecinos. / Patricia González

El municipio cuelga el cartel 'de completo' en la celebración de esta popular tradición

Patricia González
PATRICIA GONZÁLEZ

Bajo la consigna de mantener viva una de las leyendas más arraigadas en la cultura popular de la localidad, este sábado más de 120 personas se dieron cita en el albergue municipal de Serrada para dar vida a medio centenar de espantapájaros, que conjugaran toda su magia, para que la próxima cosecha sea una de las más prósperas de los últimos años. Como viene siendo habitual, el día del espantapájaros se ha convertido ya una de las tradiciones más peculiares, originales y participativas de todas las que se celebran en la época estival en la provincia de Valladolid, tal es así, según explicó el alcalde del municipio, César López, que «este año hemos superado con creces la cifra de inscritos de la pasada edición y esto es síntoma de que es una actividad que gusta y mucho; ya que cada vez contamos con más participación de todas las edades, en una jornada que es intergeneracional».

Serrada, sinónimo de arte y cultura es, por el momento, el único municipio de la zona que desarrolla esta actividad que cuenta en su haber con década y media de antigüedad, por el momento y según explican desde el área de cultura, seguirán trabajando durante todo este mandato por mejorar el formato actual pero «no descartamos solicitar dentro de cinco años la Declaración de Fiesta de Interés Regional; ya que es la única iniciativa de estas características que se desarrolla en toda la provincia de Valladolid» concretó López, que destacó su peculiaridad como uno de los rasgos identificativos, que «ya supera la participación de los vecinos de Serrada, tal es así que este año contamos con muchos participantes de Valladolid, Madrid e incluso de Colombia».

La actividad surgió hace un año en un taller infantil que el Ayuntamiento organizó durante el verano para que los más pequeños de la casa estuvieran entretenidos en las largas jornadas estivales. «Llegó un momento en el que nos vimos desbordados por la participación; ya que cada vez contábamos con más niños por lo que decidimos cambiar el taller y ampliarlo a una jornada completa», explican desde el área de Cultura y Turismo del Ayuntamiento que concretan que «el presupuesto es muy pequeño ya que todo lo que usamos son ropas viejas y otros objetos que la gente del pueblo cede». Además de reciclar, el día del espantapájaros también cuenta con el apoyo incondicional del Centro de Iniciativas Turísticas (Cit) Manta Verde, que se sumó hace años a esta actividad de carácter turístico, cultural e intergeneracional que tiene un carácter totalmente gratuito para todos los participantes que, además de crear medio centenar de estos peculiares y originales monigotes, disfrutaron de un almuerzo tradicional como es el arroz aguinaldo y cuando el mercurio se elevó, se pudieron refrescar (también de manera gratuita) en la piscina municipal hasta que a última hora de la tarde se puso en marcha la tradicional procesión de los espantapájaros por el pueblo con el espectáculo de la compañía teatral Kull D´Sac.

Las botellas y tubos de plástico de las obras, las cajas de cartón, los patines antiguos que ya no se usan al igual que multitud de ropa, sombreros, chubasqueros, pelucas y demás elementos carnavaleros (disfraces de princesas, bufones o de astronautas) son, desde ayer, parte del medio centenar de espantapájaros que lucen en la entrada -todos los años se colocan en una tierra de titularidad municipal- del municipio para dar la bienvenida a los visitantes. «Creo que es una iniciativa maravillosa que disfrutamos tanto los niños como los mayores», aseguró Jorge Macho que por segundo año consecutivo decidió pasar esta jornada en compañía de su familia y «al año que viene se lo pienso decir a mis amigos de Madrid para que se acerquen ya que estas iniciativas hay que mantenerlas y potenciarlas por el carácter cultural y participativo que tienen».

Este mismo ímpetu es el que mostró la colombiana, María Patiño, que junto a varios familiares que están de visita en la localidad realizaron sus espantapájaros con «mucha ilusión y nostalgia; ya que nosotros en Colombia hacemos espantapájaros en Nochevieja por lo que nos trae muchos recuerdos de la infancia». Según cuenta la leyenda, en una noche de julio en la localidad de Serrada se celebraba una reunión de labriegos, quienes se pasaban hasta la madrugada bailando y bebiendo alrededor de un espantapájaros que ellos mismos realizaban con el único fin de ahuyentar a los malos espíritus y de atraer las buenas cosechas. Este centenario ritual que aún sigue vigente en el municipio cumplió todas las expectativas de los participantes que sin duda alguna al próximo año repetirán, hasta entonces los monigotes estarán plantados hasta bien entrado el invierno.