Deshacer barreras mediante la integración

Aula de Asprona./
Aula de Asprona.

Niños con discapacidad conviven en ámbitos normalizados a través de los campamentos inclusión y la escolarización combinada

CARMEN DURANTEZvalladolid

Javier Hermoso, director escolar de El Pino de Obregón, recuerda cómo surgió la idea de proponer al Ayuntamiento de Valladolid que ofertara campamentos de inclusión. «En el consejo escolar un padre planteó que tenía dos hijos, una niña con discapacidad y un niño sin discapacidad, que estaban organizando las vacaciones de verano y veía que el niño tenía una oferta muy amplia: campamentos deportivos, de aventura, de música, de inglés... En cambio la niña tenía una oferta muy limitada y muy costosa y siempre con chavales con sus mismas características».

Esa es la realidad que vivían los padres de niños con discapacidad intelectual: no había opciones para que sus hijos disfrutaran de actividades de verano en compañía de chavales que no la padecieran. Sin embargo, en el verano del año pasado la Fundación Municipal de Deportes puso en marcha los campamentos de inclusión, en los que niños de ambos colectivos convivieron durante un turno (una semana de estancia) en Puente Duero. La experiencia fue tan positiva que este año no solo se repite, sino que además se amplía a cuatro turnos. Un total de veinte chicos del colegio El Pino de Obregón participarán en grupos de cinco personas en esta actividad. «Pueden ir hasta cuarenta chicos sin discapacidad y creemos que es una buena proporción porque la dinámica será normalizada y los nuestros se irán adaptando en la medida de sus posibilidades», explica Javier Hermoso. Posibilidades que aumentarán gracias a la ayuda de las ocho profesionales del centro (dos por turno) que acompañarán a los jóvenes.

Águeda Martín es la madre de Miguel, uno de los niños que participó en la actividad. «Miguel ahora tiene diez años y desde los siete anduve buscándole un campamento, pero claro, a los del centro de ocio de Asprona ya van chicos más mayores. Luego les mandaban más lejos, quince o diez días... no terminaba de dar el paso. El año pasado cuando vino este me dije 'este es el nuestro'», asegura. Y aunque reconoce que «tenía mucho miedo» del resultado de esta iniciativa, lo contento que volvió su hijo le hizo sentir «una satisfacción como si hubiéramos sacado un diez en un examen». Lo satisfecho que volvió Miguel, y la experiencia que vivieron los chicos sin discapacidad, que «ven de primera mano que hay niños diferentes». Es un «beneficio mutuo», pues «ahí es donde se ve que unos necesitan ayuda y que otros podemos ayudar», asegura.

Otra de las iniciativas que fomentan esta integración es la escolarización combinada, que se lleva a cabo desde el año 1994. A través de ella un alumno con un grado determinado de discapacidad intelectual comparte su educación entre un colegio ordinario y otro de educación especial como El Pino de Obregón.

Así, en el centro específico el estudiante recibe una atención individualizada con metodologías más especializadas, mientras que en el colegio o instituto ordinarios cuenta con «oportunidades de relación y adquisición de normas de comportamiento, que pueden facilitar una mayor integración y participación social en un futuro», tal y como explican desde el departamento de orientación del colegio. Miguel, el hijo de Águeda, combina su educación entre el Colegio Santa María la Real de Huelgas (al que acude tres días de la semana) y El Pino de Obregón (al que va dos días semanales). «Al principio, cuando te lo recomiendan se te cae el mundo al suelo, porque crees que tu niño va a acabar en un centro ordinario, pero es que es lo mejor para él», explica. Tras cuatro años con este sistema educativo, Águeda asegura que tiene intención de «seguir hasta que sea posible», porque «juntando los dos ambientes se logra una adaptación muy buena». Mediante iniciativas de este tipo, con la convivencia y la integración, además de beneficios en el desarrollo de los niños con discapacidad se consigue un objetivo fundamental, tal y como afirma Javier Hermoso, «ir deshaciendo esas barreras, que no son de piedra, pero que sí existen».

 

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