La lucha feminista cumple 25 años en La Rondilla

Integrantes de la Asociación de Mujeres de La Rondilla, en la sede del colectivo. /GABRIEL VILLAMIL
Integrantes de la Asociación de Mujeres de La Rondilla, en la sede del colectivo. / GABRIEL VILLAMIL

Una nueva generación suma su voz a la asociación de mujeres del barrio

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«Las chicas buenas van al cielo y las otras a todas partes», reza la camiseta que Elena de la Fuente Estébanez, con su pelo morado feminista, su férreo currículum social, se ha enfundado hoy para celebrar –junto a compañeras del colectivo– los 25 años de la Asociación de Mujeres de La Rondilla, una entidad que apunta al relevo generacional, que se halla inmersa en «nuevos retos» y que confía en atraer a más jóvenes que se enganchen a la causa que en 1993 emprendió un grupo de mujeres del barrio. «Hemos evolucionado, claro, hemos conseguido mucho y puede que haya jóvenes que no sientan la necesidad de luchar... pero hay cosas que nos preocupan: los asesinatos de mujeres, el acceso al mercado trabajo y la conciliación laboral, el machismo entre adolescentes», cuenta la presidenta, Mauri García Vecino, nacida en 1950, los dos apellidos consignados «porque tenemos madre» y una de las pioneras de una asociación que se fundó por «la necesidad de hablar y de ser escuchadas» en un tiempo en el que la voz de la mujer «necesitaba altavoces potentes para ser atendida».

El pasado

«Estábamos cansadas y hartas del tú no sabes, para qué te metes, qué vas a decir si no tienes ni idea», cuenta Mercedes García Viejo, una de las veteranas del colectivo, al que se sumó apenas seis meses después del nacimiento del grupo en febrero de 1993. El germen estuvo en la asociación vecinal del barrio. «El problema es que todas las asambleas en las que se tomaban las decisiones se celebraban a última hora de la tarde. Eran otros tiempos. Las mujeres nos íbamos a hacer la cena y no podíamos participar», rememora Elena, quien recuerda que esa sensación de impotencia, esa necesidad de contribuir con sus ideas, animó a crear un grupo específico de mujeres «que opinara sobre cómo mejorar el barrio y que fuera punto de encuentro».

La Rondilla era un ecosistema perfecto:un barrio obrero, combativo, reivindicativo, con cientos de familias llegadas de los pueblos que necesitaban establecer redes vecinales.«Muchas mujeres se habían dedicado toda su vida al cuidado de la familia y necesitaban salir, encontrarse con otras mujeres, compartir sus ideas», explica Candelas Gutiérrez López. También abrirse al mundo. Mejorar su formación. «Tuvimos la inteligencia de atraer a muchas mujeres con una oferta de talleres que les animara a salir de sus casas:corte y confección, cestería, pintura, cerámica. Después, lo demás ya vendría dado». Lo demás eran foros de debate y jornadas reivindicativas.

Recuerdan los primeros encuentros sobre normativa igualitaria, sobre reparto de responsabilidades familiares, sobre políticas de igualdad «en unos años en los que estos temas no estaban dentro de los intereses de la política». «¡Incluso el Urbanismo! Vinieron unas mujeres urbanistas de Madrid que nos abrieron los ojos:comenzamos a reclamar aceras más anchas y rebajes de bordillos para que pudieran pasar los coches de los niños, más aparcamientos, zonas peatonales...», recuerda Candelas.

«La asociación ayudó, sobre todo, a que mejorara la autoestima. Para muchas mujeres, su vida era la cocina y el cuidado de los hijos. Había depresiones. Aquí cada una llegaba con su mochila personal y la asociación se convirtió en un espacio para no estar solas», explica Mercedes, quien subraya la importancia de los cursos de cultura general, de «la formación para conocer el mundo en el que vivimos y opinar».

El presente

Aquellas necesidades de 1993 han evolucionado: cursos de informática, alfabetización digital, la llegada de inmigrantes al barrio, de mujeres que procedían de otros países y que se instalaban en La Rondilla «en un proceso similar al que otras habíamos vivido antes al venir de los pueblos y encontrarnos solas». Nadia Zarrouq es una vallisoletana de Marruecos, hoy en la directiva de la entidad. Cuando llegó a Valladolid, «sin papeles», halló compañía y asesoramiento en la asociación, que puso en marcha talleres de idiomas, de apoyo en la búsqueda de hogar y empleo, les asesoró para escolarizar a los hijos. «La asociación ha abierto sus puertas a mujeres que han venido de diferentes países y que ahora son vecinas del barrio», indica Mauri. Aquí han encontrado compañía, respaldo y calor en momentos complicados, cuando era necesario un apoyo para hacer frente a «problemas gordos» con la pareja, a situaciones de maltrato. La Rondilla puso en marcha (con el apoyo de La Caixa y la colaboración del Ayuntamiento) una casa de acogida, una vivienda de transición para mujeres víctimas de violencia de género que ha atendido a ocho mujeres adultas y tres niñas. «Vimos la necesidad de contar con este recurso. En La Rondilla hay muchas familias monoparentales, mujeres que han venido de otros países y están solas, otras que arrastran heridas por la violencia de género. En esta vivienda pueden permanecer hasta que tienen de nuevo la vida encarrilada», indica Elena.

Hay además un grupo que todos los sábados reúne a 18 madres jóvenes llegadas de Marruecos, de Brasil, de Senegal, Rumanía, Venezuela, la República Dominicana. Sirve para combatir la soledad, para compartir experiencias, para participar en proyectos culturales y celebrar juntas los cumpleaños propios e incluso los bautizos de sus hijos (en diversas culturas y religiones). «También hacemos excursiones» explica Jeanette Arapa Cari, llegada de Perú, quien asiste al grupo junto a Bouchra Hrekene y Hasna Harrati (de Marruecos)o Marcela Maroto Díaz (de Bolivia).

El futuro

Bibiana Cabezas Ferreras ha sido la última en llegar. En marzo. La movilización del 8M revitalizó sus inquietudes feministas y decidió implicarse en el movimiento. «Y qué mejor que hacerlo con las mujeres que trabajan en el barrio». «No hace falta haber sentido en primera persona la discriminación, hay que luchar por los problemas que pueden sufrir otras personas. Y sobre todo, hay que pensar en el futuro.Por eso animo a las jóvenes a que participen».

La asociación ha estrenado hace dos meses un nuevo programa juvenil, con acciones de ocio alternativo para adolescentes. La idea, cuenta Laura Herranz Pinacho, se complementa con las escuelas de verano, un proyecto que cumple 15 años y que durante los meses de julio y agosto atiende a 93 chavales (de 16 nacionalidades y con edades entre 9 y 14 años)que reciben refuerzo escolar y participan en juegos y excursiones. «Nos dimos cuenta de que había niños que se quedaban solos en casa porque sus familias trabajaban, no había colegio y no tenían otros apoyos familiares», cuentan desde la asociación.

Joana González Martín ingresó en el grupo hace tres años y es una de las jóvenes más comprometidas. Habla de «brotes verdes» en la implicación feminista de las jóvenes. Las últimas manifestaciones son ejemplo. También los encuentros mensuales que se convocan en Fuente Dorada contra la violencia machista, uno de los problemas que más preocupa a las mujeres de esta asociación de La Rondilla que cumple 25 años en pleno relevo generacional.

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