Isabel Palomino, acusación particular: «Este no es un juicio contra el padre de Sara»

Isabel Palomino, en la entrada de la Audiencia de Valladolid. /
Isabel Palomino, en la entrada de la Audiencia de Valladolid.

Isabel Palomino, que ejerce la acusación particular, recuerda al jurado que Marinel Feraru estaba en Rumanía y que todas las lesiones de la pequeña «coinciden con la presencia de Roberto en casa»

M. J. Pascual
M. J. PASCUALValladolid

«En siete años conviviendo, nunca se produjo una situación de maltrato por parte de Marinel», ha recalcado la letrada de la acusación particular, Isabel Palomino, que ha centrado la primera parte de su exposición en desvirtuar la estrategia de la defensa de Roberto basada en que el padre biológico de Sara pudo cometer las agresiones. En este sentido, la abogada, que excluye de la acusación a la madre de la pequeña, ha subrayado que la secuencia temporal de las lesiones de la pequeña coinciden con la presencia de Roberto Hernández en el domicilio de Davinia, desde que esta le dio las llaves del piso el 29 de junio hasta el 2 de agosto, fecha en la que el exnovio llamó al 112 porque la niña «no respiraba». Ha insistido en que las lesiones que presentaba la pequeña ni eran accidentales ni casuales, apoyándose en los informes médicolegales e incidió en el perfil psicológico del acusado, considerado violento, introvertido y controlador, además de racista. Sostiene la acusación particular que la motivación para agredir a Sara y no a su hermana mayor es el odio a los rumanos y ha insistido en que «tenía fijación» con la pequeña, apelando para ello en los whatsapp recuperados del teléfono de Davinia. «Sara era la víctima ideal para él, se acostaba en perfecto estado y se levantaba magullada y cada vez con lesiones de mayor intensidad, hasta que se le fue la mano y no tuvo más remedio que llamar al 112, pero a los médicos no les pudo engañar».

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Más efectista y coloquial en su exposición que la fiscal, Palomino, que llegó a escenificar con sus manos la manera en que pudo Roberto golpear a la pequeña («¿Cómo puede defenderse un ratón de un león?») para ocasionarle las lesiones mortales de necesidad en la cabeza, ha afirmado que Sara «aunque no puede estar aquí, nos ha ido dejando señales de su asesinato, como el mechón de su pelo en el pantalón del acusado y restos biológicos en las uñas para que podamos determinar quién es el asesino».

La acusación particular, en contra de lo que afirma la fiscal, sí considera que ha habido ensañamiento porque las uñas «le fueron arrancadas y eso es aumento deliberado del dolor a la víctima. No puedo ni imaginarlo».