Los jóvenes investigadores de la Universidad de Valladolid se asocian para defender sus derechos

Una investigadora, en un laboratorio de la Universidad de Valladolid. /Henar Sastre
Una investigadora, en un laboratorio de la Universidad de Valladolid. / Henar Sastre

La UVA cuenta con unos 220 contratados predoctorales que este curso deberán abonar, por primera vez, la mitad de la matrícula de doctorado

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

La Fundación Conocimiento y Desarrollo advertía en la presentación de su informe anual de que el envejecimiento del profesorado en las universidades públicas representa un problema de primer orden. Algo ya conocido en la Universidad de Valladolid desde hace tiempo, con facultades como la de Medicina obligadas a hacer malabarismos laborales para encontrar quien aporte docencia de calidad en sustitución de los catedráticos jubilados. Sin embargo, la cantera es exigua en algunos departamentos o carece de los medios necesarios como para poder completar una carrera académica con unas mínimas garantías. Los contratados predoctorales de la UVA, por ejemplo, se encontraron con que la subida de sueldo que se les debía aplicar se demoraba mes a mes. Un incremento «que aparece en el Estatuto del Personal Investigador en Formación, aprobado en Consejo de Ministros ya en el mes de marzo«, recuerdan. La última noticia que han tenido es que lo cobrarán a lo largo del mes de septiembre. La propia UVA, en su convocatoria de contratos predoctorales del pasado mes de junio, anunciaba que la retribución será acorde a la nueva normativa.

La subida es relevante porque las nóminas, de entrada, tampoco son demasiado elevadas para unos investigadores en formación que, sin embargo, se encuentran contratados a tiempo completo y deben cumplir, además de realizar la tesis doctoral, con la labor de impartir hasta un máximo de 60 horas de docencia anuales, según la normativa.

Un investigador predoctoral tendrá un contrato de cuatro años como máximo, y la ley establece que el primer y segundo años cobrará el 56% de lo que establece el convenio único de personal laboral de la Administración General del Estado para el Grupo 1. Al tercer año, un 60%. Al cuarto, un 75%. O lo que es lo mismo, en bruto y con las pagas extras prorrateadas: 16.127 euros anuales hasta la mitad del contrato; 17.279 al tercer año y 21.599 el cuarto. En neto, eso supone aproximadamente entre 1.142 euros al mes en los dos primeros años y 1.461 el último año de contrato.

En la Universidad de Valladolid se contabilizan, según la investigadora María Díez, 220 contratados predoctorales (que pueden alcanzar los 250, en función de las políticas de contratación y las necesidades). Por ello han decidido unirse en una asociación llamada 'Iniciactiva'. «La idea nació junto a las reivindicaciones, porque hacía falta una plataforma desde la que comunicarnos con las instituciones y estar agrupados los investigadores jóvenes, que tenemos muchos problemas. Y para crear comunidad», señala María Díez.

De entrada, asegura que cuentan con una representación nutrida de todas las ramas y centros: «Arquitectura, IOBA, Periodismo, Derecho...». Y pueden sumarse muchos más. Porque además de los predoctorales incluyen en este sector de investigadores precarios a los postdoctorales o a los profesores asociados que han realizado la tesis y tratan de acreditarse para optar a figuras a tiempo completo.

Y nacen con una nueva reivindicación incluida. Hasta ahora, la Universidad de Valladolid -que es quien les contrata- les abonaba mediante una beca las tasas de los programas de doctorado, unos 400 euros. Sin embargo, en verano esto cambió, según la asociación. «Somos personal de la UVA y nos pagan la matrícula del doctorado, que debemos cursar obligatoriamente para ser investigadores predoctorales. En verano se aprobó que solo se abonará el 50% de la matrícula, así que deberemos pagar 200 euros a nuestro empleador», explica María Díez. Una decisión que ha provocado malestar entre quienes están llamados a relevar a ese profesorado envejecido sobre el que tantas veces ha alertado la propia Universidad de Valladolid.