«La insumisión logró acabar con la mili y aquello fue toda una conquista social»

Juan Cantalapiedra, Insumiso encarcelado hace 25 años. /A.Mingueza
Juan Cantalapiedra, Insumiso encarcelado hace 25 años. / A.Mingueza

Juan Ángel Cantalapiedra, primer objetor encarcelado, hace 25 años, por negarse al servicio militar

J. Sanz
J. SANZ

Juan Ángel Cantalapiedra (Valladolid, 1969) trabajaba como camarero cuando le llamaron a filas por segunda vez en 1993. Ya no estudiaba y se le habían acabado las prórrogas. Así que tocaba ir a la mili como decenas de 'quintos' en aquellos años. O no. El joven, que ya pertenecía al Movimiento de Objetores de Conciencia (MOC), optó por la vía de la desobediencia, se declaró insumiso y acabó cumpliendo catorce meses de prisión. Fue el primer insumiso vallisoletano en pisar la cárcel, un 28 de mayo de 1993, hace ahora 25 años. No se arrepiente y considera que su lucha «consiguió finalmente abolir el servicio militar obligatorio» apenas ocho años después de su encarcelamiento.

-¿A qué se dedicaba en los noventa?

-Trabajaba en un bar (La Hiedra, en Huerta del Rey) que tenía con otro compañero insumiso, perteneciente al Movimiento de Objeción de Conciencia (creado en 1988).

-Parece que ya entonces tenía muy claro que no quería ir a la mili...

-Lo tenía clarísimo por diversos motivos, desde considerar que era una pérdida de tiempo hasta tener un planteamiento antimilitarista contra la existencia de los ejércitos. Era mucho más que un no a la mili.

-Y le llamaron a filas...

-Cuando tenía prórroga, y es curioso, me tocaba Palma de Mallorca en el Ejército de Tierra y luego, ya en 1993, me tocó en Madrid en la Marina. Así que a la Marina... Era una pérdida de tiempo y un secuestro.

-¿Cómo declaró su postura ante un servicio más que obligatorio?

-Había un tribunal que se encargaba de reconocer si eras objetor o no y nosotros lo rechazábamos porque creíamos que nadie tiene la potestad para decirte si eres objetor o no. Nadie puede decidir sobre tu conciencia. Así que tan solo informábamos de nuestra condición de objetores y de que nos negaríamos a realizar la mili. A partir de ahí se abrieron diligencias, fue al juzgado...

-Y decidió llegar hasta el final...

-Yo y muchísimos jóvenes.

-Se sentó en el banquillo y le condenaron, ¿cómo vivió el proceso?

-No intentábamos evadirnos de la Justicia. Me pedían dos años, cuatro meses y un día de cárcel, que es a lo que me condenaron, y allí expuse mis motivos para no hacer la mili y anuncié que no recurriría la sentencia, no que la acatara de manera servil, sino que utilizaría la cárcel como arma política. Eran juicios políticos y los utilizábamos como una herramienta de denuncia de la situación.

-¿Una pena dura que le llevaría a ingresar en la prisión provincial?

-Sí, entonces era la pena habitual. Aunque luego muchos jueces empezaron a absolver o a poner penas más bajas para evitar que los insumisos ingresaran en prisión. En un principio, justo hasta entonces, las penas eran menores, incluso cuando los insumisos eran juzgados por un tribunal militar, pero se aumentaron con una reforma del Código Penal en los tiempos del PSOE.

-Fue el primer insumiso condenado que fue a prisión en Valladolid.

-Fui el primer condenado con sentencia, aunque hubo algún insumiso más preventivo, que se negaba y le detenían, estaban unos días....

-¿Cómo veía la sociedad de la época su movimiento?

-Al principio éramos un bicho raro. Alguien que no quería hacer el servicio militar salía de la lógica. La mili se hacía y nadie lo discutía y estaba mal visto no hacerla. Y eso que la mili ya empezaba a tener un desprestigio muy grande. A esa mala imagen colaboraron muchos políticos y ministros, como Enrique Múgica, Narcís Serra, Antonio Asunción... También Belloch. Nos tachaban de insolidarios, de egoístas e, incluso, nos relacionaban con el entorno de ETA.

-¿Eran terroristas a sus ojos?

-Y nada tenía que ver, pero eso salía en los medios de comunicación.

-¿Tenían afiliación política?

-No, no, para nada, salvo al Movimiento de Objeción. Era un grupo asambleario que acogía a gente de todo tipo de ideologías, comunistas, anarquistas, cristianos de base... Éramos gente normal con una ideología clara.

-¿Cómo lo vivió su familia?

-La familia vivió el mismo proceso que la sociedad. Al principio hubo rechazo, incomprensión, más bien, porque era algo que no era normal. Y poco a poco, con el tiempo, hubo una aceptación y un apoyo total.

Juan Ángel Cantalapiedra, el día de su ingreso en prisión, el 28 de mayo de 1993.
Juan Ángel Cantalapiedra, el día de su ingreso en prisión, el 28 de mayo de 1993.

-¿Cuánto tiempo estuvo en prisión?

-Ingresé el 28 de mayo de 1993. Estuve hasta agosto de ese año, cuando el ministro de Justicia, Juan Antonio Belloch, ordenó que todos los insumisos pasasen al tercer grado al ir a prisión. Nosotros decidimos en asamblea que rechazábamos ese paso y decidimos que o estábamos en la calle o dentro cumpliendo la pena.

-¿Cómo lo hicieron?

-Estuvimos unos meses yendo a dormir a la cárcel hasta que todos los insumisos que optábamos al tercer grado, 57 en toda España, decidimos en diciembre del 93 que nos encerraríamos en un local, en mi caso en la sede de la Federación de Vecinos, en la calle Andrés la Orden, y se mandó un escrito al juez de vigilancia penitenciaria diciendo que no volvíamos a dormir y que tampoco nos escondíamos. Que estábamos allí.

-¿Fueron a detenerle?

-Después de cuatro días, el juez José Luis Castro -hoy en la Audiencia Nacional-, creo que con algunos problemas de conciencia, decretó mi ingreso en prisión y la Policía me detuvo, volví a la cárcel y estuve otros cinco meses más o menos. Cumplí unos catorce meses en total.

-¿Cómo fue la vida entre rejas?

-La vida en prisión es dura, pero casi he estado en sitios peores, como trabajos en los que he tenido que aguantar a delegados sindicales que hacían doce horas o al encargado que creía que iba a heredar la empresa. Pero verse privado de libertad no es bueno. Y estuve allí más de un año.

-¿Alguien medió por usted?

-El propio juez que me condenó y el Ayuntamiento pidieron el indulto, que vinieron denegados dos o tres años después de cumplir. Aunque lo rechazábamos porque no habíamos cometido ningún delito.

15.470 vallisoletanos pasaron a la reserva el 1 de enero de 2002

«La represión contra la insumisión siempre fue arbitraria, pero llegó un momento en el que éramos más de un centenar, y no podían meterles a todos en prision», recuerda Juan Ángel Cantalapiedra, el primero de una lista de siete insumisos vallisoletanos que fueron encarcelados por objetar y negarse a realizar el servicio militar o la prestación sustitutoria en los años noventa (dos por la vía militar y el resto por los tribunales ordinarios). El último recluso, Carlos Imaz, recuperó la libertad el 21 de diciembre de 1996. Pero la mili ya estaba tocada de muerte para entonces, las penas por la insumisión se fueron rebajando progresivamente y la objeción de conciencia creció como la espuma en los años siguientes. Su final ya tenía fecha en aquel 1996, el 1 de enero de 2002, y el último sorteo de mozos de reemplazo se realizó en noviembre del año 2000. Solo 135 de los 1.150 llamados a filas en Valladolid cumplieron al año siguiente, el último, el servicio militar obligatorio. Los 15.470 jóvenes vallisoletanos que por entonces aún disfrutaban de prórrogas pasaron directamente a la reserva aquel 2002. Y la mili pasó a formar parte de la historia.

-¿Cómo explicaban esto último?

-Nuestro planteamiento era de desobediencia civil ante una ley injusta, ya que la obligación de los ciudadanos ante eso es decir que no.

-¿Su encarcelamiento tuvo un coste personal para usted?

-No. Solo el tiempo que perdí en prisión, pero no me arrepiento de nada.

-¿Su vida se recuperó?

-Trabajé en una pastelería y en una empresa de metal, aunque desde hace años me dedico a la artesanía del papel por mi cuenta -expone estos días en el mercado castellano de San Pablo- , pero no he tenido problemas de trabajo por aquello.

-¿Sirvió para algo su lucha?

-Por supuesto. El movimiento de objeción y la lucha antimilitarista, que era lo nuestro, logró acabar con la mili y aquello fue toda una conquista social en este país. Acabamos con dos siglos de obligatoriedad. Ahora cuando veo a un chico de 18 años que no va a sufrir tener que ir al servicio militar aún me alegra y demuestra que aquello sirvió.

-¿La supresión de la mili en 2002 culminó su lucha?

-Sí. Tuvieron que suprimirla... Nosotros lo llamamos la operación tonto el último. Fue la consecuencia de que la insumisión creciese y arrastró a la objeción de conciencia. Se normalizó el decir que no y era imposible hacer una represión contra todos.

-¿Qué cree que hubiera ocurrido con su movimiento en la época de las redes sociales?

-Si esta campaña de insumisión hubiese ocurrido ahora habríamos entrado en prisión mucho antes, pero no por la condena, sino por declaraciones que hubiesen considerado ofensivas como delito de odio contra el Ejército.

-¿Considera que hay menos libertad de expresión?

-Los tiempos han ido a peor y sí, hay menos libertad de expresión. Por eso sigue siendo necesario movilizarse, estar en la calle y desobedecer para lograr una sociedad más justa.

-¿Y si volviera la mili?

-Creo que sería inviable, pero también hemos perdido muchas conquistas sociales con la crisis.

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