Estas son las iglesias con más bodas de Valladolid

Sixto Gómez, párroco de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, en San Bernardo. /AGAPITO OJOSNEGROS
Sixto Gómez, párroco de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, en San Bernardo. / AGAPITO OJOSNEGROS

El auge del banquete en bodegas trastoca la tradicional clasificación de templos con más enlaces

VÍCTOR VELA y AGAPITO OJOSNEGROS LÁZARO

«La iglesia es espectacular. El entorno, precioso. El monasterio, una pasada». Cuando Silvia Rojo vio las fotos en un foro de bodas por Internet, apuntó San Bernardo como una de las opciones más seguras. Y allí se casó. Es la iglesia de moda. El templo más elegido para contraer matrimonio religioso en la provincia. Como Silvia y su marido, Jairo, 42 parejas eligieron el año pasado este templo como escenario para su boda. Una iglesia atípica –lejos de la capital, en el corazón enológico de la Ribera del Duero– que ha escuchado más 'sí quiero' que escenarios con solera, como San Benito (donde hubo 39 bodas) o San Pablo (20). El tirón de las bodegas, el enoturismo y las fincas como espacio para los banquetes y del paisaje para el reportaje fotográfico ha aupado a esta iglesia a lo alto de la clasificación, según datos del Arzobispado de Valladolid.

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Le siguen las iglesias de San Miguel y San Julián y la de San Benito, con 39 enlaces. A continuación están San Martín (33), La Antigua (30) y Santiago y San Pablo (20). En el listado no se incluye Filipinos, que es otro clásico de las bodas vallisoletanas. Después vienen templos de la provincia, como la Asunción de Nuestra Señora (Laguna, 18) y Santa María y Santiago (Medina de Rioseco, 14).

Sixto Gómez lleva 13 de sus 55 años de ministerio como sacerdote de la parroquia del monasterio de Santa María de Valbuena. En este tiempo ha visto cómo el número de matrimonios ha aumentado hasta la «eclosión», con parejas –e invitados– que llegan de Chile, México, Cuba, Inglaterra, Francia o Suiza. «Un porcentaje alto es de novios con vínculos con la zona. El año pasado casé a unos mexicanos e, inexplicablemente, de Cataluña hay muchas».

«Gracias a las bodas contribuimos mucho a la vida del pueblo», señala el religioso, quien añade que «desde la parroquia, a través de Cáritas, aportan cantidades, como el año pasado, de 8.500 euros». ¿Por qué tantas bodas aquí? «Una mayoría obedece a la comodidad del hotel balneario que hay dentro del monasterio cisterciense». Allí celebran el convite, se alojan y no tienen que utilizar el coche. «Pero además esta zona es privilegiada, esto es precioso. Desde la carretera ves las cepas. Es un canto a la creación». La propia iglesia es una joya artística y patrimonial. Cuenta que suele tener reuniones previas con los novios. Además de los temas eclesiásticos, les pone al corriente de las normas durante la celebración del sacramento. «Es lo que me preocupa», que este no se vea «perturbado» y que la ceremonia no se convierta «en motivo de exhibición». «Las normas vienen motivadas para que no se quede en la parte externa de la boda, en el compromiso social, sino que se marque el interior del alma del matrimonio».

«Son cuatro cosas de sentido común; en cuanto a ornamentación, comportamiento, música..., que también hacen que no haya diferencias entre bodas», de personas con más posibles y otras con menos. «Unas reglas que no son mías, son del Consejo Pastoral». Se redactaron porque no es lo mismo tener «media docena de bodas donde puede haber algo distinto en cada una y no pasa nada, que tener cincuenta».

«Las normas son cuatro acentos con las que los novios están encantados, pero luego llega el momento y, aunque con toda su buena voluntad», no faltan allegados que en alguna ocasión quieren aportar su toque personal. El sacerdote recuerda la vez en la que un familiar pretendió añadir a la ornamentación de la iglesia un «olivo enorme, con una grúa». Este tipo de cosas, reconoce, suele costarle más de un disgusto. «Lo paso mal cuando tengo que decir que no a alguien que quiere ir mucho más allá, por eso todo tiene que hablarse antes«. «No intento imponer; hablamos y les explico lo que hay, para que esto no se vaya de madre», porque para Sixto Gómez, lo importante es el sacramento, el compromiso que adquieren los novios en el altar ante Dios.

Lino Zurro colabora desde hace 20 años en la iglesia de San Benito y ha vivido los años gloriosos, cuando se llegaron a oficiar más de cien bodas anuales. Había fines de semana en los que se encadenaba un enlace con otro. ¿Por qué del éxito? «Es una iglesia muy cómoda. La ponemos muy bonita con flores, con la opción de una alfombra roja... Y la salida es espectacular, con la explanada, la posibilidad de acercarse en el coche, la comodidad para el arroz, para las fotos», explica Zurro, quien recuerda que existe la alternativa de que la pareja acuda con un sacerdote o recurre a alguno de los religiosos del convento.

«Muchas de las bodas son de parejas cuyos padres o abuelos se casaron aquí, y les gusta mantener la tradición», indica Zurro. De aquellos años de más de cien bodas se ha pasado a 39 en 2017. En San Pablo fueron en torno a 20, según explica José Antonio Fernádez, encargado de la iglesia. «La iglesia tiene 60 metros de pasillo, así que la entrada de la novia es espectacular. Y luego está la fachada, que es la más bonita de todas las iglesias de Valladolid. Eso también anima a muchas personas a la hora de elegirla».

¿Por qué vada vez menos? «El compromiso religioso e incluso humano no cotiza en la bolsa de la vida. Tampoco la fidelidad, no solo en las relaciones, también en la amistad... o en los contratos deportivos. La solución es una buena catequesis que valore el matrimonio como sacramento de fidelidad», afirma Mariano Pérez Solano, parróco de San Juan ante Portam Latinam, de Arroyo, el municipio más joven de la provincia (con 12 bodas en 2017, «cuando hemos llegado a tener 70, con dos los sábados y los viernes por la tarde). «Hay también una apatía, una sensación de que no quieren atarse de una forma canónica, donde el divorcio exprés es más difícil que para una pareja civil. A veces parece que celebran la boda con fecha de caducidad», indica Pérez Solano.

El número de celebraciones por el rito católico ha caído un año más. El año pasado se celebraron 1.814 matrimonios en la provincia de Valladolid. De ellos, 565 (el 31%) fueron por la Iglesia. Hace veinte años, en 1998, de las 2.260 bodas de la provincia, 1.821 fueron católicas (el 80%).

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