La noche de los Celtas G

Hombres G conquistó de nuevo a los vallisoletanos con un concierto de medianoche./Gabriel Villamil
Hombres G conquistó de nuevo a los vallisoletanos con un concierto de medianoche. / Gabriel Villamil

La música en directo vuelve a sonar en la Plaza Mayor durante un concierto doble con las voces de Jesús Cifuentes y David Summers

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

A veces llega un momento (a las 22:22, cuando Celtas Cortos canta 'La senda del tiempo'; a las 23:41, con el 'Voy a pasármelo bien' de Hombres G) en que descubres que podrías haberte hecho viejo de repente. Es la vida, en fin, un vertedero de relojes sin piedad. Pero llega una melodía, pomadita de corcheas, sanadora como salivita de madre, para recordarte que hay juventudes eternas con forma de canción. Búnkeres sonoros donde el tiempo no pasa. Burbujas donde todo es ahora y puntos suspensivos. Castillos donde atrincherarse cuando atacan canas, achaques y desolación. Ayer, a eso de las 22:22, a las 23:41, la música volvió a demostrar ese poder extraño que tiene para detener el tiempo y hacer que una palabra suya baste para sanarnos.

Es extraño el mecanismo de una canción. Es elixir antiedad mientras la bailas, pócima adolescente cuando la empiezas a cantar. Te sientes joven en los cuatro minutitos en los que vives en la jaula de un pentagrama. Pero cuando acaba y ya no bailas, sino que en el espejo te ves bailar. Cuando termina y ya no cantas, sino que en el aire te oyes cantar, entonces descubres que ha llegado ese momento, snif, en que te haces viejo de repente. Basta con que pienses en que 'Suéltate el pelo' es de 1988 (hace ya treinta añazos), 'Visite nuestro bar' de 1986, 'Devuélveme a mi chica' de 1985. Cambiemos de párrafo antes de que nos dé el bajón.

Abrieron los pucelanos esta noche de los Celtas G (mejor esta combinación que la de Hombres Cortos). Los anfitriones encendieron la caldera, sirvieron los primeros platos del banquete y descorcharon vino en barrica para brindar por una noche así. Están los Celtas Cortos a puntito de publicar nuevo disco y su 'Energía positiva' invadió la Plaza Mayor. Comenzó la noche con aires de Tierra de Campos, cencerros de rebaño, gritos de pastor. Jesús Cifuentes con flauta y tamboril, una camiseta que dice 'Alpujarra libre'. Cantaron 'La vida del emigrante' para criticar «las alambradas y concertinas». Intercalaron instrumentales (grupo de danza irlandesa incluida) con esas canciones en las que Cifu exhibe su garganta de rabia, arropado el grupo en tres temas con la banda de gaitas Nivaria, de la casa de Galicia en Valladolid. Despacharon nueva remesa de novedades ('Prende la mecha' o 'Pregón para el pueblo', nacida de aquel discurso inicio de fiestas que dieron desde el balcón consistorial) junto con esos clásicos que nos hacen eternos mientras los escuchamos, como '20 de abril'.

En esta velada de los Celtas G, pasamos del tranquilo majete al sufre mamón, del no nos podrán parar al hoy me he levantado dando un salto mortal. Del ska reivindicativo al pop desenfadado. Juerga paralela en la noche en la que, después de dos jornadas, la música en directo volvió a sonar en la Plaza Mayor. «Y sin tanganadas», dijo Cifuentes.

Cuando los invitados tomaron las riendas, la cosa ya estaba bien encarrilada para el fiestón. Parecen los Hombres G un 'must' en las fiestas y la Plaza Mayor. Vinieron en 2005, repitieron en 2008, insistieron en 2014 y ayer volvieron a llenar con su pop sin complejos, su estribillo ideal para baile de boda, verbena de pueblo, reunión remember, promoción de universidad. Esos encuentros, ya sabes, para comprobar que los mismos destrozos que el tiempo hace en los otros los está causando en ti.

Tocan la primera el 'Voy a pasármelo bien'. Continúan con 'El ataque de las chicas cocodrilo', 'Tengo una chica'. Y, en los bises, 'Venezia' y 'Devuélveme a mi chica'. Es el concierto un Everest repleto de ochomiles. No hay puerto de tercera categoría, piezas gregarias, jetas de pelotón en el repertorio de los Celtas y los Hombres G. Son todos éxitos que demuestran que tú envejeces peor que la canción.

Puede que haya momentos en que te haces viejo de repente, es así. Días tristes como la última tarde de piscina, amargos como café de tanatorio, siniestros tal que carabela portuguesa al borde del mar. Puede que esos momentos lleguen porque nunca es tarde para la desdicha. Pero entonces, en esos instantes de pozo hondo y ánimo profundo, siempre se podrá recurrir (polea para escapar, piolet para escalar) a tu grupo preferido, a esa música bendita, al recuerdo gozoso de una simple canción.

DeKanteo-Peligro de Fusión estrenó el escenario del viernes.
DeKanteo-Peligro de Fusión estrenó el escenario del viernes. / Gabriel Villamil

Música fusión con DeKanteo

La noche musical comenzó con la propuesta festiva de DeKanteo-Peligro de Fusión, nutrido grupo de músicos vallisoletanos que lanzaron dos mensajes a bocajarro con las primeras canciones: vamos a pasarlo bien y siempre en libertad. Con poderío instrumental, ofrecieron un festivo concierto, con ritmos bailables, jamaicanos, rumba, funky, ska. Letras comprometidas, como 'Una, dole, tele, catole', por una infancia justa. Presentaron además su último disco, 'No hay más'.

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