El éxodo rural, una de las causas de la bajada de caudal del Pisuerga

Puente sobre el río Pisuerga en Tariego (Palencia)./Manuel Brágimo
Puente sobre el río Pisuerga en Tariego (Palencia). / Manuel Brágimo

Una investigación de la UVA apunta que el abandono de los usos agrícolas ha producido un descenso en la corriente

CARLA CALVOValladolid

La bajada de caudal del río Pisuerga está relacionado con el éxodo rural que se produjo a mediados del siglo XX, según una investigación realizada por el Departamento de Geografía de la Universidad de Valladolid que ha sido publicada en la revista científica Geografiska Annaler. Sin dejara de lado los efectos del calentamiento global, el equipo de investigación de la UVA ha observado que existe una correlación directa entre ambos sucesos.

500 personas, distribuidas en 18 núcleos de población, viven en el entorno del altoo Pisuerga, en su nacimiento en la provincia de Palencia. Sin embargo, hace un siglo la cifra de habitantes ascendía a los 3.5000. «Posiblemente, no haya tan poca población en esta zona desde la repoblación del siglo IX», lamenta Alfonso Pisabarro, investigador del Departamento de Geografía de la Universidad de Valladolid y responsable del estudio

Esta drástica bajada de la población se produjo en gran medida debido a la emigración de los habitantes de esta zona a centros industriales y, según esta investigación, tuvo consecuencias sobre el caudal del río. «Observamos que existía una pérdida de recursos hídricos en el alto Pisuerga que llegaba hasta el 21% desde 1960 a 2015, sobre todo en la entrada del embalse de Requejada, y quisimos conocer las razones«, explica el geógrafo.

Entre los años 50 y 80 del siglo pasado, seis de cada siete habitantes de esta parte de la Montaña Palentina cambió los pastos y cultivos de subsistencia de sus antepasados por trabajos en los entornos fabriles, como el de Bilbao. Los pastizales para el ganado y los cultivos de subsistencia dejaron paso al bosque de robles y al matorral fundamentalmente.

El equipo, dirigido por el catedrático Enrique Serrano, comparó las temperaturas y la pluviometría a partir de datos de las estaciones meteorológicas del entorno desde 1956 a 2015. Así descubrieron que, aunque las temperaturas se habían incrementado en consonancia con el calentamiento global, estas junto a las precipitaciones no explicaban la totalidad del descenso de caudal del río. Existían pédidas de caudal significativas entre los años 1980 y 2000.

Fue por ello que los investigadores dirigieron su mirada a los usos del suelo de la cuenca y vieron que, llevando los datos al descenso de recursos hídricos, encajaba la regresión de la agricultura con el descenso de caudal. «Al no existir ninguna extracción humana para el consumo ni conductos subterráneos, la única otra forma de que se absorba el agua en la cuenca es la vegetación. Al incrementarse sobre todo el matorral, el río tenía menos agua que transportar«, resume Pisabarro.

Para conocer y cuantificar los cambios de uso del suelo, el equipo científico empleó fotografías aéreas estadounidenses y españolas depositadas en el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACYL) e imágenes satelitales de la NASA y de la Agencia Espacial Europea.