Educación y comunicación como herramientas para el desarrollo sostenible

Jornada de 'Agricultura, alimentación y gastronomía para el desarrollo sostenible', organizada por El Norte de Castilla y Futuro en Español. /Rodrigo Jiménez
Jornada de 'Agricultura, alimentación y gastronomía para el desarrollo sostenible', organizada por El Norte de Castilla y Futuro en Español. / Rodrigo Jiménez

El Castillo de Fuensaldaña acoge la jornada 'Agricultura, alimentación y gastronomía para el desarrollo sostenible'

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJO

Nunca está de más recordar que en el año 2050, alrededor de 9.800 millones de personas poblarán la tierra lo que se traducirá en un necesario aumento de la producción agrícola y ganadera. Algunas estimaciones hablan de que el incremento será de entre el 60 y el 111% para poder alimentar al planeta pero el reto está en hacerlo de manera sostenible.

De qué manera la agricultura contribuye al medio ambiente y cómo ese medio ambiente marca la agricultura, fue el punto de partida de la jornada 'Agricultura, alimentación y gastronomía para el desarrollo sostenible', organizada por El Norte de Castilla y Futuro en Español y patrocinada por la Diputación de Valladolid en el Castillo de Fuensaldaña.

Esta visión sobre el desarrollo sostenible en España y América Latina se abordó desde el punto de vista de la industria alimentaria, las administraciones y asociaciones y desde la propia experiencia de tres modelos empresariales diferentes. Todos ellos coincidieron en una cuestión importante: la necesidad de educar y comunicar desde la base: desde la agricultura hasta la más alta cocina.

La presidenta de Vitartis, Beatriz Escudero, asociación que aglutina a 118 empresas de la industria agroalimentaria, se mostró convencida de que «es compatible el modelo de dimensionamiento con un modelo de singularidad» pero identificó como «la asignatura pendiente: comunicar bien».

Ese modelo de singularidad está perfectamente representado a través de las 69 figuras de calidad que se asientan en Castilla y León y que están pegadas al territorio. «Las denominaciones de origen tienen arraigo a la tierra, luchan contra la España vaciada porque dan valor añadido», manifestó Francisco Javier Maté, subdirector general de Calidad Diferenciada y Producción Ecológica del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Identificó esas denominaciones de origen y las producciones en ecológico como «dos de los pilares» en los que se basa y hacia los que se dirige la agroalimentación en el futuro. «El sector de la calidad diferenciada es estratégico, hay grandes oportunidades y desafíos», añadió. Eso sí, «hay que divulgar, informar y formar verazmente a los consumidores y a todos los eslabones de la cadena».

Por otra parte, recordó que uno de los compromisos que son referente en su Ministerio es la lucha contra los desperdicios ya que «el 30% de los alimentos van a la basura».

Día Mundial de las Abejas

Luis Ferreinim, responsable de Agricultura de Greenpeace España, comenzó señalando que por segundo año, el 20 de mayo, figura en el calendario como el Día Mundial de las Abejas, «las abejas son el termómetro de la naturaleza», opinó, «están en grave peligro y principalmente ese peligro viene del modelo de agricultura industrial».

Hizo responsable a la agricultura y ganadería de importantes emisiones de gases invernadero o de los cambios en los usos en el suelo y aseguró, pero teniendo en cuenta que se trata de datos globales y siempre es oportuno ir a la particularidad, que «el 80% de lo que comemos viene de macrogranjas; el 94% de la carne de cerdo también es de macrogranajas y el 80% de la leche se produce en intensivo». En ese punto, hizo referencia al proyecto para la construcción de una macrogranja en la localidad soriana de Noviercas que de salir adelante, sería la quinta más grande del mundo «una auténtica fábrica de cambio climático».

En su opinión, el cambio de modelo pasa por saber de dónde viene lo que se consume, «para cambiar los hábitos alimenticios hay que empezar por las escuelas».

Soraya Villarroya, coordinadora de la Oficina Permanente para Europa del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, aportó la visión del otro lado del charco y se sirvió del término «migrantes climáticos' para referirse a todas esas personas que harán el éxodo de medio rural hacia el urbano y todo como efecto del impacto degradador en la tierra. Según sus datos, en el año 2050 serían 17 millones de personas y «eso no nos lo podemos permitir». A pesar de que pintó un panorama «desastroso», confió en que «no necesariamente tiene que ser así, hay oportunidades».

El consumidor debe asumir «un rol principal», indicó, « para que el sistema alimentario sea realmente sostenible el consumidor es el principal agente».

Federico Buyolo, director general de la Oficina de la Ata Comisionada para la Agenda 2030, apreció que los 17 objetivos marcados y las 169 metas, tienen que ser capaces de integrar la economía, lo social y el medio ambiente.

Su percepción es que «estamos en una transformación, no en un cambio y no se puede hacer la transición ecológica sin saber quién la va a pagar». 

Tiene claro que «no podemos seguir viviendo en un planeta en estas condiciones» y apeló al «empleo y la educación como factores claves para la transformación».

Buyolo fue otro de los ponentes que apostó por el producto cercano «genera tejido social, tiene que haber una integración con el ámbito donde estás».

Modelos empresariales

La parte más teórica la llevaron al terreno tres empresarios: Víctor Gutiérrez, chef peruano propietario del restaurante Víctor Gutiérrez de Salamanca; Belén Sanz, enóloga y directora técnica de Dehesa de los Canónigos, y José Gómez, director general de 'Joselito'.

En el caso de Víctor Gutiérrez varios fueron los argumentos a tener en cuenta a la hora de contribuir desde la restauración a un modelo sostenible: «respetar la temporalidad y utilizar productos cercanos, de la zona» en su caso, con el reto de fusionarlos con los de otros sitios.

Belén Sanz destacó el respeto que desde niña la inculcaron tanto su padre como su abuelo por las uvas, «respeto por la tierra», en definitiva.

Hizo mención a su hermano Iván que «ha hecho mucho hincapié en la viticultura ecológica» y cómo, según su experiencia, la revolución técnica ya ha pasado, «ahora estamos en el punto de conocer las necesidades de la tierra».

Su trabajo: «Llevar el racimo a una botella de forma natural» y desde el punto de vista medio ambiental, contó cómo han cambiado las instalaciones para ser más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Eso sí, fue Iván Sanz, y no era el primero que lo hacía esa mañana, el que reivindicó las necesarias mejoras tecnológicas en el mundo rural pues a pesar de que los deberes están hechos, no se puede implementar la tecnología disponible al 100% por carecer, por ejemplo, de banda ancha de calidad.

José Gómez explicó que sus producciones están «vinculadas 100% a la dehesa», en concreto, a un recurso tan elemental como es la bellota. Joselito reforesta cada año 70.000 árboles, algo que lleva haciendo desde hace más de 15 años, «nuestro compromiso es absoluto».

Para el empresario salmantino los grandes cocineros «tienen mucho que aportar» a la hora de difundir el producto «de valorar a los pequeños y medianos productores» y apostó, al igual que el resto de sus compañeros de tertulia, por esa labor pedagógica con el cliente.

La parte política

El consejero de Fomento y Medio Ambiente y Agricultura y Ganadería, Juan Carlos Suárez-Quiñones, fue el encargado de dar la bienvenida a la jornada y entre otras cuestiones asumió que «el cambio climático está poniendo en juego nuestro futuro».

Apostó por una agricultura «productiva y sostenible», al tiempo que consideró que «los demandantes de alimentos de la UE exigen resultados medio ambientales».

Otro aspecto por el que se ha apostado en la región es el de la Bioeconomía que entre sus funciones tiene la de reutilizar. En la región puede general hasta 2030 unos 10.000 puestos de trabajo, el 80% en el medio rural.

La Comunidad tiene destinada a agricultura ecológica un 1% de superficie.

El presidente de la Diputación de Valladolid, Jesús Julio Carnero, fijó entre los objetivos de la Agenda 2030 el de «corregir el desequilibrio pero de manera sostenible».

Pidió «herramientas» para los agricultores a la hora de contribuir al medio ambiente y apuntó hacia la «concienciación y formación como las claves de futuro».