«La desgracia del cáncer me ha hecho más feliz»

Pilar, Manuel y María Ángeles, después de superar el cáncer. /ALBERTO MINGUEZA
Pilar, Manuel y María Ángeles, después de superar el cáncer. / ALBERTO MINGUEZA

Una exposición de la AECC recoge testimonios de personas que han superado la enfermedad

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

La frase es plomo: «La desgracia del cáncer me ha hecho más feliz», dice Pilar Vázquez (Valladolid, 1967), consciente de que algo así solo se puede defender cuando el tratamiento ya está lejano, la enfermedad es pasado, acabó todo bien. «Más feliz», insiste Pilar. Su rostro ha sonreído esta semana a las personas que se han acercado por los hospitales Clínico y Río Hortega, su imagen ha formado parte de los carteles que componen la exposición 'Acércate a mi realidad', en la que pacientes que han superado el cáncer cuentan sus inquietudes, las dudas, el impacto psicológico de la enfermedad.

«A todo el mundo le asusta la palabra cáncer. Mi médico no la pronunció, pero cuando me llegó el diagnóstico (de colon)es cuando fui consciente de que la muerte podía ser algo real. La miras de frente. Descubres que es algo serio, que llegará. Cuando estás sano, no te planteas que algún día te tendrás de que morir. Pero cuando te dicen cáncer...», cuenta Pilar. «Se sigue asociando cáncer a muerte, cuando no es así. Aquí estamos nosotros para demostrarlo», dice María Ángeles Muñoz (Valladolid, 1959), un cáncer de mama en su historial médico.También ella participa en la muestra. Presta su rostro a la campaña. Colabora con una frase que expresa lo que sintió: «Mi preocupación es dejar a mis hijos solos».

Palabras para una iniciativa promovida por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) que busca «mostrar las consecuencias no visibles de la enfermedad» y que personas que ya pasaron lo que pasaron compartan una experiencia que se hace común. Porque el cáncer es una travesía individual a veces de camino compartido. «Cuando me dijeron que tenía un tumor fue como si entrara en un túnel. Me separé de la tierra. Durante tres minutos, solo pensé en la palabra cáncer y no me di cuenta de nada más», cuenta Manuel Martín, (Valladolid, 1975), cáncer de colon. Después, tiempo después de esos tres minutos, Manuel reconoce que se ha sacado un «máster en paciencia y resiliencia». «Aprendes a vivir el día a día.Cambias el chip. El mínimo dolor que ante te fastidiaba, ahora lo ves como algo menor. Y vas a por ello», cuenta Manuel, quien conserva recuerdos físicos de aquellos días para que el olvido no crezca con la rutina.

«Tengo guardados los 28 tapones de las 28 botellas de litro y media que me bebía antes de cada sesión de radioterapia, una pastilla de la quimio, una pulsera del hospital». Son muescas de los tiempos duros cuando la vida amenaza ahora con cuestas que no son tan empinadas como parece. Y Manuel lo sabe bien, que es aficionado a subir montañas. «Cuando dudo ante algo, me digo: 'Si has podido con la quimio, ¿cómo no vas a poder con esto?».

Pilar tiene un recordatorio en el teléfono.Ha cambiado de móvil, pero el mensaje sigue ahí: señala los días en los que recibió las sesiones de quimioterapia.«Así que, cuando algo me va mal o cuando llegan esos días en los que estaba en el hospital, pienso: 'Esto de ahora puede doler, pero siempre será mejor que aquello'». Por eso dice Pilar que el cáncer le ha hecho más feliz.«Intento que merezca la pena haber vivido cada día. Me preocupo para que cada día cuente: un café con las amigas, unas pipas frente a la tele, un ratito al sol. Puede ser un día nefasto, pero tengo la necesidad de exprimirlo al máximo», añade.

«Ahora apuntas la primera vez que haces algo. Yo no recuerdo cuando de niño me bañé por primera vez en el mar, pero sí que sé el día en el que lo hice después del cáncer», apunta Manuel. «Es triste pensar en que pase algo así para que te des cuenta de lo importante que es vivir», añade María Ángeles: «A mí me decían... ¿y no te daría pena no conocer a tus nietas? Entonces ni me lo planteaba. Si ellas aún no existen, no veo que me vaya a doler no conocerlas. Pero ahora que han nacido, que yo sigo aquí, cada vez que las miro y sonríen...Eso para mí tiene un valor increíble».

¿Y este chute de vitalidad no se pierde con el tiempo?¿No llegan luego las prisas, la liturgia del día a día, la tiranía de lo cotidiano para acabar con ese propósito de que cada día es único? «No, creo que no. El cáncer te cambia la perspectiva por completo», defiende Pilar. Aunque Manuel sí que aprecia cambios:«Antes, cuando estabas enfermo, invitabas a los amigos a cenar a casa y allí estaban todos.Ahora les dices de quedar y ya empiezan a escaquearse», bromea.

Las palabras que Manuel, Pilar y María Ángeles comparten en la muestra 'Acércate a mi realidad' recorrerán, después de su paso por el Clínico y el RíoHortega, el patio del Ayuntamiento de Medina de Rioseco (25 a 28 de febrero) y el centro cultrual de Arroyo (4 a 8 de marzo), para demostrar que detrás de cada cáncer hay una historia de superación y, cada vez en más casos, de supervivencia.