Un cortejo de 17 pasos para honrar a San Miguel en la localidad vallisoletana de Castrodeza

Una comitiva de 17 pasos honró a San Miguel en Castrodeza. /N. L.
Una comitiva de 17 pasos honró a San Miguel en Castrodeza. / N. L.

«Esta procesión, sin contar la Semana Santa, es de las que más imágenes saca de toda la región», asegura el alcalde de la localidad

N. LUENGOCastrodeza

Un impresionante cortejo recorrió el pasado miércoles las principales calles de Castrodeza. Todos los santos de su iglesia, diecisiete en total, fueron sacados a hombros en procesión para honrar a San Miguel, patrón de la localidad vallisoletana. Los monaguillos y los porteadores de los ciriales, palias y estandartes completaron la comitiva. En total, cerca de un centenar de personas fueron necesarias para cumplir con esta antigua tradición que cada año congrega a más fieles en este pueblo, que cuenta con 160 empadronados. «Necesitamos a casi todos los vecinos para celebrar esta procesión que, quitando las grandes de Semana Santa, posiblemente será de las que más imágenes saca de toda la región. Los castrodezanos siempre responden para sacar las tallas, y gracias a ellos podemos seguir cumpliendo este antiguo rito», aseguró el alcalde, José Antonio González Gerbolé, quien también cumplió con otro importante rito: hacer la alfombra floral.

Cada año, como marca la tradición, los vecinos de Castrodeza confeccionan un gran tapiz para el patrón. El de este año tenía 35 metros de longitud. Lo hicieron siguiendo las indicaciones de su regidor, y no por obedecer al cargo, sino porque es todo un experto en estas lides de confeccionar alfombras florales.

Meses de preparación

Llevaba meses preparando los diseños, cortando las plantillas y tiñendo las arenillas a golpe de hormigonera. La alfombra, a pesar de la lluvia matinal, tapizó la Plaza Mayor del pueblo con grandes y coloridas grecas, con dedicatoria a San Miguel incluida, y con dos nombres propios luciendo en ella: el de Zósimo y Piedad, los ganadores del concurso de jotas.

La imagen de San Miguel iba cerró el cortejo, pero al llegar a la Plaza Mayor fue la primera en pisar la alfombra. En ese momento, se celebró la Venia de los Estandartes, una antigua tradición que se basa en ondear un enorme pendón casi al ras de suelo, mientras se da cuatro vueltas en círculo.

El encargado de llevar a cabo esta complicada tarea fue el joven David San José, que pese a hacerlo de rodillas y con fuertes rachas de viento, hizo bailar la bandera con gran soltura.