Aclad atiende a 300 mujeres que ejercen la prostitución en Valladolid, el 91% extranjeras

Una mujer observa la calle desde una venta de la sede de Aclad, en Valladolid. /Alberto Mingueza
Una mujer observa la calle desde una venta de la sede de Aclad, en Valladolid. / Alberto Mingueza

Una red coordinada por la Junta permite a esta asociación detectar este año indicios de trata con fines de explotación sexual en 18 de las 30 mujeres a las que ha podido entrevistar en profundidad

Lorena Sancho Yuste
LORENA SANCHO YUSTE

Esa mujer que exhiben con una sonrisa forzada en el salón de un piso, cual mercancía con la que poder acostarse a cambio de un puñado de euros, llegó engañada a España procedente de su Brasil natal. Aquella otra que se acerca melosa y cariñosa desde la otra punta de la kilométrica barra, salpicada por neones y luces a medio gas, finge felicidad en un club de carretera para saldar la deuda adquirida con su proxeneta a cambio de salir de su país en guerra. Y esta joven nigeriana, apostada junto al descampado de una peligrosa carretera de ciudad, vende su cuerpo bajo amenaza de someter a su familia a un temeroso vudú. Son varios, numerosos, los casos en los que asoman las invisibles cadenas que atan a la prostitución a un gran número de mujeres que la ejercen en Valladolid y provincia. Existen, están ahí, las anulan casi desde adolescentes y las obligan a contraer una tortuosa deuda con sus explotadores (en muchos casos mujeres). Pero no ha sido hasta este 2018 cuando colectivos como Aclad (Asociación de Ayuda al Drogodependiente) han podido detectar claros indicios que les haga confirmar que las mujeres a las que prestan servicio de prevención y de salud en clubes, pisos y carreteras de la ciudad están ahí por obligación y no de forma libre o voluntaria.

Bajo la coordinación de la Dirección General de la Mujer, y con la participación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, la Fiscalía y varios colectivos sociales, Aclad está este año inmersa en una red tejida para la detección de posibles indicios que puedan arrojar luz sobre la siempre oculta trata de blancas. Un programa en el que están involucrados tras la apuesta de la Junta de colaborar con Policía y Guardia Civil en la detección y erradicación de la explotación, en un momento en el que el futuro de la prostitución está previsto que pase por una proposición no de ley en el Congreso.

El proceso para la detección de la explotación y esclavitud sexual no es fácil. Se trata de ganarse la confianza de aquellas mujeres que de forma semanal acuden a la sede de Aclad para someterse a análisis médicos con los que prevenir infecciones de transmisión sexual y someterlas posteriormente a una entrevista lo más profunda para extraer datos que les permita conocer si la prostitución la ejercen de forma libre u obligadas.

De las treinta mujeres con las que Aclad ha podido mantener este año estas entrevistas en profundidad (motivos de su viaje a España, su día a día, el ámbito donde ejercen la prostitución y el lugar donde residen, entre otras), 18 arrojaron indicios de ser víctimas de la trata. Es el 60% de las que accedieron a hablar con los trabajadores sociales y psicólogos del centro de ayuda a los drogodependientes, un número de casos lo suficientemente importante como para trabajar, de forma coordinada con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, con el objetivo de den el paso y denuncien. «Cuando profundizamos vemos que no les dieron otra opción, pero no son conscientes de que están explotadas y de que fueron engañadas. En muchos casos nos encontramos con mujeres que ven al proxeneta como el salvador, porque la sacó de su país, y no son conscientes hasta que salen de ahí, cuando se dan cuenta de que trabajaron 24 horas, siempre disponibles», se lamenta el director de Aclad, Luis Iglesias.

La sospecha de esta asociación arrancó hace un lustro, cuando la báscula de la prostitución en Valladolid se inclinaba hacia las extranjeras. Pasó del 50% en el año 2005 al 91% actual. «Y todas de países con dificultades económicas y políticas», puntualiza la responsable técnico, Sonia Martín. Son así mujeres vulnerables, con una difícil situación de la que las mafias se aprovechan y cuando llegan a España «no se paran a pensar si son o no explotadas, solo piensan en sus familias, en poder enviarles dinero y sacarles adelante», inciden.

Brasil, Rumania, República Dominicana, Colombia, Paraguay y Nigeria son las principales nacionalidades de las mujeres que ejercen la prostitución en Valladolid y que reciben la atención de Aclad. Su edad media es de 37 años y muchas tienen hijos a su cargo. La mayoría, según datos de esta asociación, se encuentran en pisos (51%), al menos 19 localizados en la capital, los más frecuentados por los usuarios ante la privacidad que pueden ofrecer frente a los clubes, más «a la vista». Aquí hay una regente que suele ser la responsable del local, que en muchas ocasiones ejerce incluso la trata sobre las demás, que las cobra una renta por ejercer la prostitución en el local y otras tasas por el material e, incluso, por el alquiler de las sábanas.

De las alrededor de 300 mujeres atendidas con las que terminará el año Aclad, el 42% se encuentra en clubes. Hay, según los datos que manejan, siete en la ciudad y seis más en la provincia. Mientras que el 7% restante practica la prostitución en la calle, en una única vía registrada en la ciudad de Valladolid.

A todos estos lugares se desplazan los trabajadores de Aclad con el objetivo de poder acceder y prestar atención a las mujeres, facilitarles la posibilidad de que se sometan a analíticas, citologías y pruebas de prevención del cáncer de útero, así como para entregarles kit de higiene y preventivo sexual. En algunos, admiten, especialmente en clubes, no les permiten la entrada, aunque en la mayoría el acceso lo consiguen sin problema. «Y ves a las mujeres con aparente libertad, que pueden entrar y salir cuando quieren, que pueden comprar y moverse sin problema, pero las cadenas son psicológicas, invisibles, están atadas a una deuda con la que saldar el precio de llegar a España o a una amenaza que recae sobre su familia», precisa Martín.

El idioma es una de las barreras con las que se encuentran a la hora de trabajar con ellas. Muchas veces se solventa con una traductora, que en cambio obstaculiza más la labor si resulta ser la proxeneta.

Talleres laborales y de empleabilidad donde ofrecerles una vía de escape de la espiral sin salida en la que se ven metidas son las opciones sobre las que trabaja también Aclad. Y, sobre todo, la labor psicológica, la de lograr que se empoderen y se identifiquen con la trata. Ese es ahora el objetivo que se marcan con las 18 mujeres en las que han detectado indicios. Convencidos de que hay más, muchas más. «Pero nuestros medios son limitados y llegamos hasta donde llegamos», concluyen.

 

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