La piqueta se fija en la plaza de la Cruz Verde

Edificio del bar La Luna, en la plaza de la Cruz Verde. /
Edificio del bar La Luna, en la plaza de la Cruz Verde.

El Ayuntamiento autoriza la demolición del inmueble del bar La Luna para levantar otro de nueva planta con nueve viviendas

J. ASUA

Adiós a un reconocible vestigio de la historia de Valladolid, a una de las pocas huellas de la originaria plaza de la Cruz Verde, o al menos de su último siglo de existencia. La Junta de Gobierno del Ayuntamiento ha concedido licencia de demolición a los propietarios del edificio que hace esquinazo entre las calles Mantería y José María Lacort y en cuya fachada principal, la que da a la abigarrada plazoleta y que presenta un estado de deterioro importante por la falta de mantenimiento, se asienta desde hace 33 años el mítico bar La Luna, un clásico de la hostelería más alternativa de la ciudad.

El permiso, que recibió el visto bueno en la reunión del ejecutivo local del pasado 23 de noviembre, conlleva la autorización para levantar en su lugar un inmueble de nueva planta con nueve viviendas y locales comerciales. Sobre este bloque de principios del siglo XX no pesa expediente de ruina alguno por parte del Consistorio, pero el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) tampoco contempla ningún grado de protección de su estructura, a pesar de su solera. No hay ningún impedimento legal pues para que la piqueta lo borre del mapa.

Un clásico para comprar las entradas de los conciertos

La imagen de la luna con un cohete en su ojo derecho, fotograma de la película Le Voyage dans la Lune, estrenada en 1902 y dirigida por Georges Méliès, preside la barra del mítico local, cuyo reconocible zócalo de madera ha dado abrigo a miles de tertulias, juergas y besos de enamorados. La Luna ha sido desde 1983 un referente de la música, especialmente del rock and roll, tanto por la celebración de conciertos en su interior y en la terraza, como por ser punto de venta habitual de entradas para las actuaciones de renombre que tienen lugar en la ciudad. El anuncio del derribo coge a contrapié al propietario y a los miles de clientes que han disfrutado en este cálido rincón, donde Arturo y Vicky son dos auténticas instituciones.

La empresa solicitante, perteneciente a una conocida familia de constructores de la ciudad, presentó el proyecto a principios de año y, tras la correspondiente tramitación en el ámbito municipal, ha recibido el visto bueno, primero de los técnicos de Urbanismo y, más tarde, del gobierno de la capital.

La noticia ha dejado atónitos y muy desconcertados a los tres propietarios de los negocios que dan servicio en su planta de calle, dos establecimientos hosteleros y una tienda de maletas, bolsos y complementos. Sin embargo, estos pequeños empresarios prefieren mantenerse en silencio hasta recibir la notificación por parte de los dueños.

Eso sí, ayer mismo la persona que cada mes pasa a cobrarles la renta les entregó el correspondiente recibo sin comunicarles que ya cuentan con el permiso para acometer un derribo, cuyo coste alcanzará los 755.367 euros, según se recoge en el proyecto aprobado por el Ayuntamiento, que ha requerido a la propiedad documentación complementaria antes del inicio de los trabajos de demolición y posterior edificación.

Los tres inquilinos, tanto el bar La Luna como la cafetería Marbella e Ibiza Piel, se alojan en este inmueble desde hace treinta años o más y los tres tienen sus contratos de alquiler en vigor. La Luna tiene entrada por la plaza de la Cruz Verde, mientras que los otros dos negocios se abren al público desde el número 37 de la calle Mantería. Además, tanto la cafetería, otro clásico de los desayunos, el aperitivo y las partidas, como Ibiza Piel han acometido importantes reformas en sus locales hace muy poco tiempo, porque no se les pasaba por la cabeza un fin tan abrupto y sin previo aviso para sus establecimientos de proximidad.

La desaparición de este reconocible inmueble acabará con una de las imágenes más clásicas de la zona al tratarse de una casa de dos plantas de principios del pasado siglo, con el clásico tejado a dos aguas y con ventanas y balcones de estilo castellano. La segunda planta de la construcción acoge una vivienda, vacía desde hace décadas, y hasta hace unos años también trabajaban allí una peluquería y una panadería. Según recoge el portal de Internet Vallisoletvm, dedicado a la historia de la ciudad, donde ahora se ubica el bar la Luna, en 1929 despachaba vino a granel Juan Puentes, propietario de la Taberna El Segoviano, un establecimiento muy conocido entonces, que luego heredó su hijo Hortensio. Más tarde, en los años 70, se hizo cargo del local Manolo Sánchez, padre del torero vallisoletano, hasta que a principios de los 80 entraron los actuales inquilinos.

La próxima demolición dejará la plaza de la Cruz Verde huérfana de la única una postal de su pasado, además de la de la fuente que se sitúa frente a la fachada de La Luna y que data de 1952. La que en su momento se llamó plazoleta de los Herradores fue el primer corral de comedias de la ciudad en el siglo XVI adquirió su actual nombre por la cruz de piedra que se levantaba en este espacio en el XVIII y que era destino de las procesiones de las cofradías, entre ellas la de la Vera Cruz, cuyo hábito de color verde terminó por completar el nombre de este cruce, según recoge Juan Agapito y Revilla en la obra Las calles de Valladolid.

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