Chicharras clausura su fin de semana de promoción de la bici en Valladolid

Participantes en la ‘Tweed run’ frente al Museo de Escultura. /
Participantes en la ‘Tweed run’ frente al Museo de Escultura.

Los 110 participantes de la ruta ciclista recorrieron un total de 155 kilómetros en dos días

JUAN PASCUALvalladolid

Eran las 13:35 horas del 29 de junio. El calor era apremiante y 25 niños estaban terminando con los talleres sobre seguridad vial y manejo de la bici ofrecidos por Soy bici y Avata. A esa hora, triunfante, atravesó el arco que marcaba la meta el participante número 103, Nacho Vela. Él fue el primero en terminar el recorrido de aproximadamente 50 kilómetros que unía la localidad vallisoletana de Íscar con el Museo de la Ciencia de la capital. Tras él, a las 14:05 horas llegaron los demás participantes del desafío que decidieron realizar la ruta menos larga de las dos propuestas.

Los ciclistas aparcaron sus bicis y se felicitaron los unos a los otros. Aproximadamente 110 kilómetros sobre dos ruedas y una noche en el recinto ferial de Íscar los han unido durante este fin de semana. Algunos recorrieron incluso más distancia, ya que el día anterior habían llegado a Íscar por la ruta larga, aunque el calor, la distancia y la habilidad requerida por el recorrido habían hecho mella en ellos y habían decidido volver por la ruta corta.

Al llegar, cerveza, agua, isotónica y sombra les estaban esperando. El zumo de cebada fue lo que desapareció más rápido, por aquello de que estaba «fresquita». Dos de los ciclistas explicaban a su llegada que el día malo fue el sábado, porque «hacía más calor y el terreno era más complicado». «De Íscar hasta aquí es todo bajada así que ha sido mucho más fácil», declaraba otro.

Sobre las condiciones físicas que requiere una marcha de este tipo, los participantes afirmaron que simplemente hay que «querer hacerlo y que te guste la bici» con un mínimo de «fondo físico».

A las 14:45, mientras los participantes que ya habían llegado esperaban a los valientes de la ruta larga, por el lateral del Museo de la Ciencia comenzaron a oírse timbres y bocinas de bicis antiguas. La Tweed run había llegado a su meta. Unas treinta personas de todas las edades vestidas de época, ya fuese con tirantes y calzas, ellos, o vestidos de paseo, ellas, llegaron a la concentración de Chicharras sobre sus reliquias, después de haber recorrido durante toda la mañana prácticamente la totalidad de los barrios de Valladolid.

Los allí presentes los recibieron con aplausos y vítores y los acogieron en su improvisada terraza.

A las 15:19, prácticamente cinco horas después de que hubiese comenzado la ruta, el resto de ciclistas, que habían recorrido la friolera de 88 kilómetros, 155 kilómetros entre los dos días, llegaron en grupo hasta la explanada del Museo de la Ciencia, donde recibieron la ovación de todos los asistentes.

Un camino duro

Entre este grupo, gente de otras provincias, como dos segovianos, que valoraban la experiencia como «de nueve». Sobre sus sensaciones, en el momento de la llegada solo tenían una palabra para describirlas: «cansados».

Para realizar la ruta larga, las condiciones físicas son algo más exigentes, según los propios participantes: «es necesario tener buen fondo físico y coger la bici al menos dos veces por semana. Y lo más importante, conocer tus propios límites». A pesar del cansancio, dicen que repetirían «la experiencia, porque es muy bonita».

Entre los incidentes, varios pinchazos y alguna caída, como la que protagonizó uno de los participantes de la ruta larga justo antes de atravesar la meta. Hasta el rabo todo es toro. Aun así nada que no quedase como una anécdota divertida que recordar con una cerveza de la mano.

El mejor momento de la mañana llegó cuando la organización ofreció para todos aquellos que estaban allí, ya fueran de los talleres infantiles, de la Tweed run o del desafío, una monumental paellada con la que pudieron reponer fuerzas.