Grace Patricia Kelly que estás en los cielos

El estilismo abruptamente solapado de los futbolistas de nuestro tiempo no contribuye a los cánones de la elegancia clásica y más bien roza el simplismo de lo diferente por caro que por bonito

Grace Kelly, en una escena de la película 'Atrapa a un ladrón'./
Grace Kelly, en una escena de la película 'Atrapa a un ladrón'.
Vicente Díez Llamas
VICENTE DÍEZ LLAMASValladolid

La luz de Su Alteza Serenísima es la de las estrellas inabarcables. Poca gente leyendo una revista de tendencias con vaqueros y castellanos puede transmitir tanta elegancia y rotundidad en cualquier pantalla. La simplicidad es algo que acompaña al estilo pero nunca a la persona. Las personas, si son relevantes en mayor medida, no somos simples y la complicación proviene del conflicto entre la belleza y la practicidad. Si Grace Kelly no hubiera exististido habría que haberla inventado. Sus rostros de inocencia, desaliento y aflicción en la condena del juicio por aquel 'Crimen Perfecto', son un espejo en el que observar la sencillez de la guapura más expresiva de Hollywood.

Hoy, despojados de verdaderos iconos de belleza formales, la sociedad busca sus referentes en terapias frías de ungüento y postureo. Todo ello amalgamado por una carga barroca de elementos y aderezos superfluos que no cabrían en aquel maletín minúsculo que Lisa usaba para llevar aquel camisón incomparable en 'La Ventana indiscreta' de Hitchcock. El día que Pilar Rubio o Sergio Ramos sean capaces de casarse en el jardín de un grupo de viviendas en Philadelphia, con los pijamas puestos, podré afirmar que el glamour murió con Grace y James Stewart en aquella noche en que ambos posaron con ropa de estar por casa, bebiendo champagne, mientras observaban con aquel objetivo el desastre post-costumbrista de la boda del año.

El enlace Rubio-Ramos que, a buen seguro no falló en los aspectos organizativos, fue la consolidación del gusto bañado de opulencia sin control. El estilismo abruptamente solapado de los futbolistas de nuestro tiempo, tan iconos de tendencia como son, no contribuye a los cánones de la elegancia clásica y más bien roza el simplismo de lo diferente por caro que por bonito. Es la metáfora del ramo oscuro, de la flor inacabada y del color extraño, aunque este simbolice el color del amor eterno. Pero no encontraréis en este texto una crítica famélica de datos. No. Es una forma de decirle al espectador que hasta los más pequeños 'bodorrios' pueden ser faros de luz estilística al nivel de los más cacareados y de campanillas.

Frente a la boda de los tatuajes numerados, una fiesta singular en nuestro solar patrio: la puesta de largo de Victoria Federica, hija de la Infanta Elena. Un tragaluz sensacionalmente preparado para conmemorar su entrada en la edad adulta y que sirve de ilustración de lo mejor que el producto nacional puede servirnos. Con pocos detalles, aunque muy caros, es posible hacer que brille la estética decadente de principios de siglo. Apostar por diseños de los nuestros es contribuir al P.I.B en todos sus sentidos, ya sea en lo musical o en la vestimenta empleadas para decorar la escena. Eventos sociales que no son el emblema ni el centro del protocolo, en sí mismos, pero si son buenos puntos de partida para dar #contexto, aportar #luz y analizar las #tendencias que nos guían a la mayoría por su influencia declarada en todos nuestros retos a la hora de organizar, crear y generar emociones mediante la imagen, la simbología y el color de los focos con que los iluminemos.