Aumenta el hambre mundial, con 821 millones de personas en riesgo

Niña con desnutrición reciben tratamiento médico./Archivo
Niña con desnutrición reciben tratamiento médico. / Archivo

La FAO ha publicado un estudio que refleja cómo la carencia de alimentos, producida por el clima y los conflictos afecta más a las mujeres

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Una de cada nueve personas en el mundo tiene hambre. El hambre es la forma de llamar al acceso que tiene una persona a la energía alimentaria suficiente para llevar una vida sana y activa. La población que no llega a ese umbral se encuentra subalimentada y su salud corre peligro. En el mundo son 821 millones de personas las que no comen suficiente y se encuentran en «riesgo alimentario». Desde hace tres años, hay más gente en esa situación de precariedad y los niveles actuales significan un retroceso de una década en la lucha contra la malnutrición, según 'El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición', publicado ayer por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

«Aproximadamente el 10% de la población mundial estuvo expuesta a una inseguridad alimentaria grave, lo que corresponde a alrededor de 770 millones de personas», indica la agencia de la ONU. Ese grado de inseguridad implica que quien lo sufre «se quedó sin alimentos y estuvo todo un día sin comer varias veces durante el año». Se llega allí después de vivir tres estadios previos. En el primero, la persona tiene «incertidumbre acerca de la capacidad de obtener alimentos», después pone «en riesgo la calidad de los alimentos y la variedad de los alimentos» y, en la tercera fase «se reduce la cantidad de alimentos, se saltan comidas». Después viene el verdadero hambre.

Hambre que también padecen los niños. Casi 151 millones menores de cinco años de todo el mundo, o más del 22%, estaban afectados por retraso del crecimiento en 2017, según sus estimaciones. «Se ha avanzado poco en la reducción del retraso del crecimiento infantil. A nivel global, África y Asia contaban con el 39 y el 55 por ciento de todos los niños con retraso del crecimiento, respectivamente». En algunos hogares conviven la desnutrición y la obesidad infantil, también reflejo de la carencia de alimentos de calidad.

Muy ligado a la malnutrición infantil está la de la mujer. Sus datos: una de cada tres en edad reproductiva se ve afectada por la anemia, que tiene notables consecuencias para la salud y el desarrollo tanto de las mujeres como de sus hijos. Ninguna región ha mostrado una disminución de la anemia entre las mujeres en edad reproductiva, y la prevalencia en África y Asia es casi tres veces mayor que en América del Norte. Las tasas de lactancia materna exclusiva en África y Asia son 1,5 veces más altas que en América del Norte, donde tan solo el 26 por ciento de los lactantes menores de seis meses recibe exclusivamente leche materna. «Las mujeres tienen más probabilidades de verse afectadas por inseguridad alimentaria grave en África, América y Asia. Hay 8% de mujeres afectadas, por 7,5% de hombres.

Europa y América del Norte han logrado reducir el hambre, que afecta a 1,4% de sus ciudadanos, pero en el resto del mundo aumenta: 10,2% en 2017, cuando tres años antes alcanzaba al 8,9%. Las regiones más afectadas son América del Sur (9,8% de su población) y África (29,8%), debido a los conflictos y la violencia, la variabilidad del clima y la exposición a eventos climáticos extremos más complejos, frecuentes e intensos, advierte la FAO. «Los cambios en el clima ya están socavando la producción de algunos cultivos principales como el trigo, arroz y maíz en las regiones tropicales y templadas y, si no se desarrolla resiliencia climática, se espera que la situación empeore a medida que las temperaturas aumentan y se vuelven más extremas». La subalimentación se relaciona, de esta manera, con las temperaturas anómalas en las áreas agrícolas, que «continuaron siendo más altas que la media», así como el inicio tardío o temprano de las temporadas de lluvia.

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