Blázquez sobre la eutanasia: «Muerte digna es un eufemismo para no llamar a las cosas por su nombre»

Celebracion de la misa crismal, este Jueves Santo en Valladolid. /Fotos Ángel
Celebracion de la misa crismal, este Jueves Santo en Valladolid. / Fotos Ángel

El arzobispo de Valladolid asegura que «cuando una persona pide que se le ayude a terminar la vida porque la pena se le hace insoportable, en realidad solicita ser tratado con amor»

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, ha criticado este jueves, durante la homilía de la misa crismal celebrada en la catedral vallisoletana, el uso de la expresión «muerte digna», que considera «uno de tantos eufemismos inventados en nuestro tiempo para evitar llamar a las cosas por su nombre». Blázquez introduce así en su reflexión del Jueves Santo el debate sobre la eutanasia, que en las últimas semanas ha recobrado protagonismo. «Cuando una persona pide que se le ayude a terminar la vida porque la pena se le hace insoportable, lo que solicita en realidad es ser tratado con amor, no pide la llamada muerte digna», ha asegurado Blázquez, arropado en el altar de la catedral por más de cien presbíteros de la diócesis vallisoletana.

«Es verdad que nuestra sociedad nos ofrece medios preciosos a través de los servicios sanitarios, en los hospitales y residencias, con cuidados paliativos.Pero un sufrimiento largo y hondo es actualmente la soledad», ha indicado Blázquez, quien añade que «el trato cariñoso de las familias, las visitas de los amigos y la atención delicada de los profesionales de la medicina pueden ayudar mucho en esa sociedad». Y durante la lectura, puso especial énfasis en la palabra delicada. Así, junto con esa apelación a los cuidados «delicados» y el rechazo a la idea de «muerte digna», Blázquez añadió que «también el rezo del Rosario se adapta perfectamente, por el conocimiento y reiteración de las oraciones, a la situación de los cansados, ancianos y enfermos. ¡Cuánto me impresionó una anciana que tenía en el respaldo de su asiento un rosario colgado, al que acudía frecuentemente en su soledad».

El cardenal Ricardo Blázquez, durante la homilía de esta mañana.
El cardenal Ricardo Blázquez, durante la homilía de esta mañana. / Fotos Ángel

El arzobispo de Valladolid consideró que este es un asunto que «concierte vitalmente» a la Iglesia y a sus fieles, junto con otros aspectos que, sin nombrarlos directamente, aluden a «una niebla densa que nos envuelve por las acciones abominables de hermanos nuestros». En un mensaje a los religiosos de la diócesis –en la bendición de los óleos y la renovación de las promesas sacerdotales–, Blázquez apeló a un comportamiento «que nunca se convierta en nosotros en poder que violenta y abusa de otros. Que nunca degenere en clericalismo con las diversas manifestaciones de dominio y humillación que lo acompañan».

Durante su homilía, Blázquez recordó las palabras del Papa Francisco para hallar «un lugar de encuentro pacífico» para los fieles de las tres religiones monoteístas y animó a nuevas formas de difundir la fe y atraer fieles, en un momento de pocas vocaciones y devoción, reconocido por el presidente de la ConfederaciónEpiscopal Española.

«Hoy estamos constatando cómo es insuficiente la forma con la que nosotros mismos hemos sido iniciados; no basta la manera tradicional para iniciar a vuestros hijos y nietos. Estamos buscando y poco a poco vamos abriendo caminos, pero nos falta mucho por descubrir y por poner en práctica». En este sentido, Blázquez recordó el papel importante de «la familia», ya que «en el calor del hogar se enciende la lámpara de la fe». Y también subrayó la importancia que juegan las parroquias, ya que, más allá de la cantidad, importa su acción.

«Sobre el número de miembros de la Iglesia no hemos recibido palabra de Jesús;sí, en cambio, nos ha recomendado que seamos como sal y luz, como fermento y resto con capacidad de actuar y sobrevivir en las situaciones más variadas».

Lo dijo en una catedral con los bancos llenos, pero con menos sillas auxiliares abiertas, ya que, tal vez por la amenaza de lluvia, no hubo tantos fieles como en anteriores Jueves Santo. Y reclamó además, en plena Semana Santa, con miles de cofrades en las calles, «una auténtica iniciación cristiana; que no sea un barniz superficial ni se reduzca a conocer algunos elementos parciales y sin conexión entre sí», sino que «se deben unir conocimiento en la fe y experiencia creyente» para que los fieles «se sientan hermanos y actúen fraternamente en la familia de la fe que es la Iglesia».