Un escultor ante su obra

José Luis Rivera, hermano mayor, y José Miguel Sánchez Peña con el modelo en escayola. /
José Luis Rivera, hermano mayor, y José Miguel Sánchez Peña con el modelo en escayola.

José Miguel Sánchez Peña contemplará hoy por primera vez a su Virgen de las Lágrimas desfilando en procesión

CECILIA HERNÁNDEZ

La vida tiene estas casualidades. Porque fue casualidad que el gaditano José Miguel Sánchez Peña, de oficio restaurador y escultor, tuviera un amigo y colega de profesión en el museo de Escultura de Valladolid. A través de esta conexión Sánchez Peña supo de una hermandad salmantina, la de Nuestro Padre Jesús Flagelado, que buscaba una imagen mariana, una dolorosa, que incorporar a su desfile procesional del Miércoles Santo. Y así llegó Nuestra Señora de las Lágrimas a Salamanca, donde sale en procesión desde el año 1992.

«Recuerdo que les mandé algunas imágenes, de esta Virgen y de otra que tenía en el taller, que no era mía, pero ésta les gustó inmediatamente y la adquirieron por foto, sin verla al natural», rememora el escultor desde Cádiz. Y hoy José Miguel Sánchez Peña recorrerá los 600 kilómetros que separan la ciudad andaluza de Salamanca para asistir, por primera vez, a la procesión del Flagelado y Lágrimas. «Nunca la he visto en la calle, sí en la iglesia, las veces que he ido a Salamanca, pero no en la procesión, así que será un momento especial y novedoso para mí», apunta.

Además la junta directiva de la hermandad, con el hermano mayor José Luis Rivera a la cabeza, le han ofrecido ir en presidencia de la procesión, con motivo del 25 aniversario de la compra de la Virgen, conmemoración que se empezó a celebrar ya el año pasado.

Regalo

Hace un par de semanas, Sánchez Peña repitió visita a Salamanca para ofrecer una conferencia sobre la talla de Nuestra Señora de las Lágrimas. Una charla que debería haberse producido meses atrás, pero que problemas de salud del escultor impidieron. Ya recuperado, él mismo ofreció a la hermandad venir a Salamanca y cumplir con lo previsto. Y así lo hizo, teniendo además un detalle inesperado con la cofradía. «Les regalé el modelo en escayola de la cabeza de la Virgen», explica. Un objeto único, que el escultor guardaba en su taller desde que realizó la imagen, en 1977.

«Muchas hermandades en Andalucía están realizando modelos en escayola de sus imágenes por lo que pueda pasar, pero yo decidí regalarles el modelo original, algo de lo que pueden presumir muy pocas cofradías», explica el artista, que define a Nuestra Señora de las Lágrimas como una «dolorosa andaluza con rasgos castellanos que encajó muy bien en Salamanca».

La característica esencial que diferencia a la Virgen de las Lágrimas de las dolorosas típicas andaluzas es el sentido de la mirada. La Virgen de la hermandad salmantina mira hacia arriba, algo no habitual en Andalucía. «Esa diferencia de mirar hacia arriba la diferencia y hace que tenga otras características estéticas», añade Sánchez Peña, que apunta que, sea como fuere, la imagen «gustó mucho en Salamanca y tiene mucha devoción».

Esta imagen llegó a salir en procesión en Cádiz, por avatares de la historia, tal y como relata el propio escultor. Una iglesia en ruinas, la necesidad de juntar los pasos de una cofradía y la composición de un Calvario en el que faltaba una imagen de María provocaron que la querida Virgen del Flagelado saliera por las calles de Cádiz desde el oratorio de San Felipe Neri, sede de las Cortes de Cádiz. Pero su destino final la esperaba en una cofradía 600 kilómetros al norte.

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