La Misericordia se la juega en el Indulto de Palencia y la lluvia no perdonó

El Cristo de la Misericordia, tapado con plásticos./Marta Moras
El Cristo de la Misericordia, tapado con plásticos. / Marta Moras

Los organizadores habían planteado un recorrido corto, con un acto en la Plaza Mayor, y tenían preparados los plásticos para cubrir las imágenes

JOSÉ MARÍA DÍAZPalencia

Envueltas en plásticos, así tuvieron que regresar en la mañana de ayer hasta sus respectivas sedes las tallas del Cristo de la Misericordia, Nuestra Señora del Perdón y Jesús de Medinaceli, las tres imágenes que participron en la acortada procesión del Indulto.

Los cofrades de la Misericordia, que pasaron buena parte de la mañana valorando si celebrar el desfile, se inclinaron finalmente por efectuar un breve recorrido, desde la Compañía hasta la Diputación y de ahí a la Plaza Mayor, para allí conmemorar el indulto del preso Barrabás, al que los judíos prefirieron liberar en lugar de a Jesús. Los organizadores anunciaron su intención al resto d elas cofradías y les invitaron a estar formados en la Plaza Mayor a mediodía, con las imágenes que deseasen, ya que entendían que con la amenaza de lluvia era mejor preservarlas. Al final, Medinaceli acudió con su talle titular, mientras que la Vera Cruz y Jesús Crucificaro optaron por no arriesgar, dada la antigüedad de los Cristos con los que desfilan, de los siglos XVII y XIV, respectivamente.

Formaron todas las hermandades participantes en la Plaza Mayor, a la espera de llegada de los cofrades de la Misericorida, que portaban sobre carroza a su paso titular y a su recientemente adquirida Virgen del Perdón a hombros. Una vez ante la fachada del Ayuntamiento, se celebró un breve acto penitencial, en el que el párraco de Nuestra Señora de la Calle leyó el pasaje evangélico de la liberación de Barrabás, para celebrar de este modo el acto del indulto, y poder emprender de nuevo el camino hacia la iglesia de la Compañía. El espectáculo, engrandecido por la escolta a caballo de la Policía Nacional, se vio finalmente deslucido, cuando, todavía en la Plaza Mayor, los cielos se abrieron y fue necesario cubrir con plásticos a toda velocidad las tres imágenes religiosas, además de los estandares de todas las hermandades. La lluvia acompañó todo el camino de vuelta y deslució la entrada en el templo. Los cofrades de la Misericorida tuvieron la oportunidad de guardar los pasos en la Soledad o en San Francisco, por invitación de las hermandades de la Soledad y de Jesús Crucificado , pero, agradecidos, estimaron que no era necesario.