Miguel de Santiago invita a los palentinos a vivir la Semana Santa «en el templo de sus calles»

Miguel de Santiago, en el pregón. /Antonio Quintero
Miguel de Santiago, en el pregón. / Antonio Quintero

El sacerdote y periodista se apoya en Macho y Unamuno para alabar la austeridad y silencio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús

Álvaro Muñoz
ÁLVARO MUÑOZPalencia

En una abarrotada iglesia de San Lázaro, el sacerdote, escritor y periodista Miguel de Santiago invitó, en el pregón de la Semana Santa, a que los palentinos y todos aquellos que se acerquen estos días hasta la capital a que vivan las procesiones «en el gran templo de sus calles». Pero no desde cualquier punto, sino desde la austeridad, silencio y sobriedad del carácter castellano, impregnado también en las cofradías y los desfiles de la Semana Santa palentina.

No obvió ningún detalle De Santiago, que arrancó su discurso con un recorrido por todos los actos grandes de la Semana Santa. La conoce muy bien desde siempre y, aunque no hizo ninguna mención a sus recuerdos, en su segura voz transmitía el conocimiento que atesora tantos años respirando el silencio y religiosidad de sus procesiones. Presumió de cristianismo y de la tradición de la Semana Santa, esa que viven los cerca de 5.000 cofrades palentinos, aunque también dejó reflexiones para las futuras generaciones. «¿Es tan difícil transmitir a los jóvenes las vivencias de cuanto conlleva la Semana Santa y siempre con el denominador común propio de nuestro temperamento y de las peculiaridades que nos caracterizan: la seriedad austera, los gestos graves, la compostura que el momento requiere, el respeto exigido...?», se preguntaba De Santiago, quien impulsó su discurso haciendo referencia al escultor Victorio Macho y a sus 'Memorias'. «Sus obras aspiraban a que tuvieran alma. La creación artística nace de los adentros del alma, de los más recóndidos sentimientos. Las esculturas son también un lugar teológico, por el que se escapa el alma del pueblo», afirmó.

Del escultor palentino al Cristo-tierra de Miguel de Unamuno, reflejado en 'El Cristo de Velázquez'. «El hombre que sufre no puede reconocer como su salvador a un Dios que no padeciera», añadió de Santiago, quien cerró su pregón con su poema titulado 'Caminos del dolor' y una oración de Giovanni Papini.