'In Pago de Carraovejas veritas'

Cata gourmet de clausura del Otoño Enológico, en la capilla del Esteban Vicente. /Diego Gómez
Cata gourmet de clausura del Otoño Enológico, en la capilla del Esteban Vicente. / Diego Gómez

Los vinos de la bodega ribereña clausuran la novena edición del Otoño Enológico

CARLOS ISERTESegovia

En el vino está la verdad. ¿Qué hay antes y después del vino? Cultura, amistad, compañía, belleza, emociones, sensaciones, amor, placer, trabajo… Platón subtituló su famoso diálogo 'El banquete' con esa acertada frase, «in vino veritas». Porque hay muchas formas de hacer vino, el único fermentado considerado alimento e integrante ineludible de la Dieta Mediterránea, que por estas fechas, precisamente, cumple su quinto aniversario como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. A saber: vinos tranquilos, de mesa, ecológicos, biodinámicos, naturales, licorosos; jóvenes, robles, crianzas, reservas, de autor; blancos, tintos, rosados, espumosos; según la cepa, la uva, el azúcar… y cómo no, por su 'terroir', altura u orientación. Hay tantas formas de hacer vino casi como culturas y pueblos coexisten en nuestro castigado planeta.

Pero solo unos pocos conocen el secreto de la verdad platónica del vino. Un puñado de elegidos, tocados por la ánfora de Dioniso, que saben transformar la uva en un néctar inimitable e irrepetible y que puede enarbolan con orgullo la Triple A del vino: Agricultores, Artesanos y Artistas. Y eso en el viñedo que baña el Duero tiene nombre y apellidos: Pago de Carraovejas, en mi opinión entre los mejores riberas (y hay unos cuantos) y uno de los mejores vinos de España, si no el mejor.

Y digo esto porque un privilegiado grupo de segovianos pudieron catar en la noche del viernes las tres referencias (Autor se bebe exclusivamente en el restaurante José María, de Segovia) de la bodega de Peñafiel: Pago de Carraovejas 2016, Anejón 2014 y Cuesta de las Liebres 2014 y todo el esplendor y el buen hacer de la tempranillo, cabernet sauvignon y merlot. Y a quien da todo lo que tiene, no se le puede pedir otra cosa que quererle por ser capaz de elaborar estos magnánimos vinos, que de ser borgoñas o bordeleses a buen seguro que estarían entre los mejores del mundo.

Pero vayamos por partes, que diría Jack el Destripador. La cata estuvo codirigida por el dueño de la bodega y por la enóloga, José María Ruiz y Almudena Calvo, respectivamente, ya que Pedro Ruiz Aragoneses, director del grupo, tuvo que guardar cama por la llegada de las primeras gripes mesetarias. Antes de que el vino lagrimara en las copas, todas marca Riedel, de perfecta fabricación, estilizadas y casi de vidrio invisible, Beatriz Serrano, directora de la Fundación Caja Rural de Segovia, organizadora de los magníficos Otoños Enológicos que concluyeron con la cata de Carraovejas, parafraseó a Bertolt Brecht reivindicando a las personas imprescindibles en alusión a José María, que ha sumado recientemente a su galería de reconocimientos el Premio Nacional de Hostelería.

Pago de Carraovejas 2016 fue el primer vino en catar, provisto del triple coupage de la bodega, que hace un par de años decidió acertadamente suprimir los subtítulos de 'crianza' y 'reserva' para elaborar un vino de añada que recoge el espíritu del 'terroir' que lo vio nacer, redondo, sin aristas, fruta y madera bailando unidos un vals y de una longitud largaaaa. Yo, de cualquier forma, me medó con el primero que salió al mercado, el Carraovejas 2015.

Montaña rusa

Después de un Quinta Luna 2017 (luego hablamos de los Ossian) llegó El Anejón, también elaborado a partir de tempranillo (84%), cabernet (8%) y merlot (8%). A partir de aquí comenzó la montaña rusa de texturas, aromas, sabores, sensaciones, alegrías e, incluso, alguna lágrima que otra y no, precisamente, del vino. El Anejón te atrapa y ya es imposible desprenderte de su garra frutal y de su equilibrada estructura.

No os digo ya lo que pasó cuando Luis de Miguel Aragoneses, ese extraordinario jefe de sala del restaurante Ambivium que Pago de Carraovejas tiene en la bodega, sirvió Cuesta de las Liebres 2014. Puede ver a gente conteniendo la respiración, con la vista puesta en el infinito y notando sensaciones antes no percibidas, y eso que este vino está criado en barricas nuevas francesas, lo que no impide a la fruta y mineralidad aliarse con el roble y formar una unión que en cualquier cata enológica ganaría por goleada.

Ah!, como decía, entre Carraovejas y Anejón se sirvió un Quinta Luna 2017, fantástico verdejo segoviano que en mi opinión ha estado demasiado tiempo sometido a la tiranía de las lías. No así el Ossian 2016, repleto de matices florales y cítricos que perduraban constantemente a pesar de que el pan de la Panadería María del Castillo Vaca Maroto, de Fuentepelayo, limpiaba con extremada delicadeza.

Aquí es donde quería llegar, a la delicadeza sublime de Capitel, un vino que todos los entendidos hablan de él pero que poco han catado. Pues bien, José María llevó ante sus paisanos Capitel 2016, puro terciopelo y seda para los sentidos y, sin lugar a dudas, el mejor verdejo del mundo. Esto se llama placer.

 

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