Día de cubos y achique en la comarca de Cuéllar y Vallelado tras el diluvio

campos cercanos a Vallelado, anegados por la tormenta, este jueves./C. Catalina
campos cercanos a Vallelado, anegados por la tormenta, este jueves. / C. Catalina

Vecinos y servicios municipales de ambas localidades se afanaron ayer en limpiar las zonas embarradas que dejó tras de sí la tormenta

MÓNICA RICO / CRUZ CATALINACuéllar

La comarca de Cuéllar y su entorno, los pueblos de San Cristóbal de Cuéllar, Torregutiérrez y Vallelado, retornaba este jueves poco a poco a la normalidad tras la intensa tormenta registrada en la tarde del miércoles, cuando se recogieron más de 50 litros por metro cuadrado de lluvia en poco más de una hora en algunas zonas; algo menos en otras partes, pero con serios problemas por el desbordamiento de arroyos como el de El Horcajo. Durante la tromba que descargó en la comarca el agua no cesó de caer con gran intensidad y provocó inundaciones en localidades como Cuéllar y Vallelado, cuya travesía quedó cortada al tráfico igual que la carretera CL-602.

En el caso de Cuéllar, los bomberos de la Comunidad de Villa y Tierra registraron más de medio centenar de llamadas, que atendieron con todos los efectivos disponibles, a los que se sumaron voluntarios de Protección Civil y operarios municipales. Además Protección Civil también desplazó a cinco voluntarios hasta Vallelado para colaborar con las tareas de limpieza. También muchas llamadas se recibieron en las dependencias de la Policía Local cuellarana, que registró numerosos partes de incidencias, como el levantamiento de rejillas o tapas de alcantarillado debido a la fuerza de la corriente, lo que ocurrió en lugares como las calles San Pedro, Fotógrafo Rafael y Concepción, y en la plaza de San Francisco.

En Vallelado la riada arrastró varios gorrinos fuera de las instalaciones de la jamonera El Chañero

Se registraron inundaciones en locales en las calles Octavio Paz, plaza José Echegaray, Avenida Camilo José Cela, Concepción, Padre Balbino Velasco, en la zona del quiosco bar del parque de San Francisco y dos en la calle Fotógrafo Rafael. También se acumularon balsas de agua que complicaron la circulación en las calles Calvario, Chile, Gabriel García Márquez y carretera de Bahabón y ocurrieron otras incidencias, como que el agua invadió el hueco que aloja los contenedores de basura de la plaza de San Andrés, por lo que se levantó el hidráulico y los contenedores quedaron elevados en la superficie.

En la calle Rosario quedó un alero a punto de desprenderse, en la plaza de San Francisco se cayó el cartel publicitario del antiguo bar San Francisco, y en la calle Barrera se produjo el desprendimiento de cascotes junto al arco de San Basilio. La Policía Local recibió llamadas porque se encontraban anegadas las carreteras de Arévalo, a la altura del río Cerquilla, y la de Olmedo, en el término de Torregutiérrez.

Durante todo el día, los servicios municipales y muchos vecinos realizaron labores de limpieza con el fin de que la localidad volviera a tener su aspecto habitual. Se limpiaron algunas de las zonas que se vieron más afectadas por el agua, especialmente aquellas en las que la lluvia quedó embalsada, y se retiraron grandes cantidades de barroprocedente de las laderas que rodean la población.

Desde la CL-602

En Vallelado aún era ingente la cantidad de agua acumulada en las tierras de labor situadas casi un kilómetro antes de llegar al casco urbano por la carretera CL-602, a la altura del acceso al polígono industrial Los Arenales. Era visible el derrumbe del una parte del pavimento de la carretera en la salida hacia Cuellar, y una gran cantidad de barro y broza en las calles. El ajetreo de vecinos armados de cepillos, recogedores, cubos y mangueras trató de poner orden en las puertas de sus domicilios, cocheras, corrales, naves agrícolas y ganaderas.

Los tres empleados municipales trataron de atender todos los requerimientos de un lado para otro dos bombas de achique, y al alcalde, Ángel del Ser Pascual. El verdadero alcance de la inundación por el desbordamiento del arroyo Horcajo se vio este jueves, la consecuencia de la lengua de agua que se adentró en Vallelado, sobrepasando la carretera justo al lado de la gasolinera.

El regidor y los bomberos desplazados desde Segovia estuvieron achicando agua de bodegas y zonas más bajas de varias viviendas hasta primeras horas de la madrugada, y varios cientos de vecinos, algunos octogenarios, en la mañana de este soleado jueves manifestaban no haber conocido en su vida un desbordamiento del arroyo en la dimensión que alcanzó el día antes: «Parecía más el río Cega que el arroyo Horcajo». No imaginaban qué hubiera podido pasar de haberse desbordado en plena noche en lugar de por la tarde. «Y menos mal que aquí cayó casi nada del aguacero, apenas 10 litros por metros cuadrado, que si llega a caer como descargó en Cuellar y Torregutiérrez ...».

Al Ayuntamiento valleladense no le faltaron ayudas para tratar de recuperar cuanto antes la normalidad; el Consistorio de Chañe envió tres operarios municipales que se emplearon en achicar el agua que aun quedaba y limpiar el barro acumulado el frontón cubierto, donde había casi 30 centímetros; y otros dos del Ayuntamiento de la cercana localidad vallisoletana de Íscar.

Pero fue un jueves duro para los hermanos Muñoz, que regentan un supermercado con almacén en la calle Arroyo, convertida durante casi cuatro horas en un gran río. El agua alcanzó hasta 70 centímetros y ayer se afanaban en limpiar de barro suelo y estanterías, a la espera de que llegara alguien del seguro. Y Lucio Vicente probaba con su mujer en el local situado en esta misma calle frente al frontón, si funcionaban los electrodomésticos, pues habían quedado inservibles los módulos de varias cocinas preparadas para su montaje en las próximas semanas.

Muros derribados

Un poco más al este del casco urbano, muy cerca del cauce del arroyo, la familia de Jesús Pablo Sanz junto con varios amigos hacían lo propio achicando agua y limpiando de barro las estancias de su residencia en las que el agua alcanzo más de 70 centímetros de altura, dejando atrapados en el garaje varios vehículos. La fuerza con la que llegaba, «con un ensordecedor sonido, que asustaba tanto o más que el propio agua» hizo que se vinieran abajo dos de los muros de cerramiento de la parcela.

Más arriba, casi al final de la calle San Cristóbal, en las instalaciones del ganadero de porcino y elaborador de jamones El Chañero, la riada inundo varias de las naves llenas de cerdos y arrastro a varios gorrinos que estaban en una cuadra exterior, uno de los cuales llego hasta la plaza del Barruelo. Las oficinas a primera hora aún permanecían anegadas. Como también la zona más baja del bloque de viviendas al final de la calle Arroyo junto al frontón, donde se inundaron garajes y zonas comunes; y la nave agrícola situada junto a la gasolinera que fue la primera en recibir la lengua de agua, que derribó el cerramiento.

Fue una jornada en la que los camiones grúa de diferentes talleres de la zona se emplearon para retirar vehículos. Y también fue un día para recoger en las calles la mucha broza y envases arrastrados por el agua en las tierras de labor mas allá de la zona conocida como Huertas Rojas.