El belén del Cristo del Mercado atrae cada año a más gente

Un grupo de personas observa el belén expuesto en la ermita del Cristo del Mercado./Antonio Tanarro
Un grupo de personas observa el belén expuesto en la ermita del Cristo del Mercado. / Antonio Tanarro

La ermita recibió ayer a multitud de niños para entregar su car carta a los mensajeros de los Reyes Magos

ÁLVARO GÓMEZSegovia

La ilusión de los más pequeños invadió ayer la ermita del Cristo del Mercado. Los deseos de los niños, como cada año, se plasman en una carta cuyos destinatarios son los Reyes de Oriente. Y para que el mensaje llegue a los tres magos más famosos, es necesario que los carteros reales recopilen y trasladen los deseos de cada uno de los niños segovianos a Melchor, Gaspar y Baltasar. Por ello, dos de los emisarios recogieron las cartas en el barrio del Cristo del Mercado, como lo vienen haciendo en los últimos doce años.

«Está teniendo muchísima aceptación, como siempre», explica el presidente de la Cofradía del Cristo del Mercado, José Germán de Lara, quien declara que «los niños llegan con una gran ilusión, vienen los niños del Cristo, pero este año me atrevo a decir que se han acercado también los de otros barrios». En 2018 la afluencia fue bastante inferior debido a las inclemencias meteorológicas, pero en esta ocasión, a pesar del frío, la tarde estuvo tranquila, lo que animó a los vecinos a acercarse. Durante la actividad se pudo degustar chocolate con bizcochos. También hubo una recogida de donativos para la Cofradía- «Tenemos un proyecto en mente que se verá en Semana Santa», anuncia el presidente.

Quienes acudieron a la ermita del Cristo del Mercado a entregar la carta a los Reyes Magos o disfrutar de la merienda pudieron ver el magnífico belén que cobija el edificio religioso. Creado a mano por la Asociación de Belenistas Amigos del Cristo del Mercado, el nacimiento es una copia de la plaza y la iglesia parroquial de San Lorenzo y cada uno de los edificios que la rodean. Para elaborar los edificios, el grupo de diez belenistas comienza a trabajar sobre el mes de abril, dedicando cada uno de ellos el tiempo que les permite su empleo particular. Solo descansan los tres meses de verano, pues cada una de las piezas requiere unas 60 horas para ser elaborada en una habitación cedida por el párroco del barrio.

Utilizan porexpan para elaborar las estructuras y después ellos mismos las pintan. «Es un proceso laborioso, pero para nosotros no es complejo porque estamos acostumbrados, llevamos mucho tiempo», explica uno de los miembros de la asociación, José Luis Palomero. «Trabajamos con cúter, con espátulas para pintar, con pintura normal de paredes. A la teja, por ejemplo, le damos una medida y nosotros las moldeamos y seguimos un proceso para que parezca real». El trabajo tiene su recompensa, pues, según explica Palomero, «la gente nos dice que es muy bonito y que este en particular es el mejor de los cinco años». Todo aquel que lo desee puede comprobarlo hasta el próximo 7 u 8 de enero.