La aventura texana de Luis Moro

Luis Moro muestra las litografías y los poemas de su exposición 'Dioscórides', hace dos años. /A. de Torre
Luis Moro muestra las litografías y los poemas de su exposición 'Dioscórides', hace dos años. / A. de Torre

El artista segoviano participa con una exposición en los actos del tercer centenario de la fundación de la ciudad de San Antonio

PATRICIA MARTÍN/ICALSegovia

El pintor segoviano Luis Moro expone hasta diciembre en el Museo Witte de San Antonio de Tejas (Estados Unidos), la muestra titulada 'Columbian exchange' ( 'Intercambio Colombino'). La exhibición se encuadra dentro de los actos conmemorativos del tercer centenario de la fundación de esta ciudad norteamericana por parte de una colonia de expedicionarios canarios, e incluye un veintitrés pinturas del artista, algunas de ellas realizadas con realidad aumentada.

Moro reflexiona sobre el viaje de Colón por su poder para cambiar la historia y las civilizaciones, en especial «la de dos continentes: América y Europa», explica el autor. Según el catálogo de la exposición, la aventura iniciada por el descubridor de América fue «una catarsis» para el Nuevo Mundo con novedades sociales, culturales y estructurales; pero también para el Viejo Mundo, al que llegaron el maíz, el cacao, el tabaco, el tomate o el aguacate. Hubo cambios en la alimentación y en las costumbres, además de impulsar «un sincretismo cultural» cuya influencia llega «hasta nuestros días». Fue en aquel entonces cuando se iniciaron los primeros pasos de la globalización.

Rostrps y mapas

Una de las series creadas por el segoviano para 'Columbian exchange' lleva por título 'Los sueños de Colón», donde aparecen pájaros en el cielo y los medidores astrológicos que el navegante utilizaba para guiarse en el mar. Para Luis Moro, en un momento en que todos dudaban del éxito de su operación, Cristóbal Colón se aferró a sus conocimientos de marino, observando las corrientes de aire a través de las aves que podían darle alguna referencia en conjunto con los astros.

El mundo animal es uno de los temas claves en la trayectoria del artista, que dedica otra serie a los animales que se transportaron desde Castilla, como por ejemplo vacas, ovejas y, sobre todo, caballos, que cambiarían la manera de desplazarse en el nuevo continente. Además de las primeras incursiones en los pueblos indígenas, el caballo se convertiría «en el primer aliado en toda América», desgrana el autor.

La tercera serie que exhibe en San Antonio es «un recorrido cartográfico con los rostros de los protagonistas de esta historia, fusionándose con la forma y división geográfica del continente». Las caras simbolizan las diferentes etnias y colonizadores que usaron sus productos, ese mestizaje que dio los mil rostros a América. Cada mapa personaliza el continente con un rostro, una música y una historia detrás de retratos y miradas interactivas.

Además, el segoviano recoge un abanico de ejemplos de intercambio. Para muestra, el botón de la raza de vacas de Longhorn, populares por sus larguísimos cuernos que son todo un símbolo del Texas, procedentes de Canarias. O el tabaco, que se expandió por Europa y todo el planeta. Son referentes de productos que cambiaron la forma de vida de la época hasta nuestros días. Y es que con ese 'Intercambio colombino' al que hace referencia el título de la exposición se dieron «los primeros pasos que trazaron la actual vía hacia la globalización», destaca Moro.

Las misiones

El Museo Witte de San Antonio se suma así a la celebración del tercer centenario de la fundación de la ciudad texana por parte de los españoles, sin olvidar sus primeras misiones, símbolo de la cristianización del nuevo mundo. Aquellos centros de culto católico fueron las que marcaron la frontera entre la Nueva España y los territorios vírgenes de las praderas, y convirtieron esta centenaria ciudad «en un punto estratégico» y «clave» en el control de la frontera norte y de los primeros contactos con las tribus que habitaban esas extensos prados.

Moro nació en Segovia en 1969 y lleva realizando exposiciones individuales desde los años 90 en Francia, Alemania, Italia, República Checa, Portugal o Bélgica, y por supuesto, en Madrid y su ciudad natal. Desde 2009 tiene una fuerte vinculación con México, país al que trasladó su residencia. El pintor segoviano no olvida sus raíces y lleva dos años difundiendo su proyecto 'Miradas cruzadas', inspirada en la poesía de Antonio Gamoneda y la obra de Elena Poniatowska.

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