Las viñetas de Gila para la Universidad

Ilustración en el número 10 de la revista,enla que ya firma con su nombre real./WORD
Ilustración en el número 10 de la revista,enla que ya firma con su nombre real. / WORD

Hoy se cumple el centenario del nacimiento de Miguel Gila quien, durante su periplo zamorano, firmó cinco ilustraciones de tono humorístico para la USAL

PAULA HERNÁNDEZ ALEJANDROSALAMANCA

Cien años. Hoy alcanzaría esa edad… Por entonces, los cuarenta del pasado siglo, vivía y laboraba –con mucha vitalidad– en Zamora. Se ocupaba en oficios varios: la emisora local, el taller de reparaciones de aparatos eléctricos, el periódico de la Falange. Había sido chófer del coronel del Regimiento y era funcionario sindical (Servicio Nacional del Trigo). Escribía, dibujaba ingeniosas viñetas humorísticas, narraba partidos de fútbol del Atlético, recomponía radios y otros artilugios. No paraba. «Me puse a trabajar en el diario Imperio y en Radio Zamora con el único propósito de adquirir alguna cultura, como Proust en busca del Tiempo Perdido. Desde Zamora empecé a enviar dibujos a 'La Codorniz'», escribió pasados los años y los entusiasmos. Miguel Gila contaba veintitantos tacos, estaba (bien) casado con una maestra y tenía su domicilio en la avenida de Portugal, entre La Farola y el Cine Barrueco. De alquiler, de renta baja. «Yo me casé porque en Zamora hacía mucho frío. Ese fue el motivo real de mi boda», confesó en otro momento, como si no hubiese existido desamor. Pues helador, sí. ¿Crueldad?

Primera viñeta de Gila con el seudónimo XIII, publicada en el número 5 de la revista.
Primera viñeta de Gila con el seudónimo XIII, publicada en el número 5 de la revista.

La Universidad de Salamanca publicaba, desde febrero de 1946, la revista 'Trabajos y días', espacio de reflexión y diálogo. Había surgido de las tertulias que se celebraban (los sábados) en el Café Castilla, que mucho antes, a finales del XIX, se rotulaba 'Cuatro estaciones', cuando el Romanticismo llegaba hasta los letreros comerciales. Era la época, posguerra de censuras y restricciones, del rector Antonio Tovar y de una amplia nómina de profesores y alumnos que, después, ocuparían altos puestos en la vida nacional.

Gila busca el contraste con dibujos de líneas sencillas, alejadas de perfeccionismos

Aquel dibujante-ilustrador-comentarista deportivo-locutor-electricista, que tuvo sus orígenes como humorista gráfico en Zamora y Salamanca, aportó 5 colaboraciones a la publicación universitaria, distribuidas en tres números. En el 5 (febrero de 1947), figura con dos ilustraciones a la 'Carta a las hermanas Brönte' y una viñeta humorística; en el 6 (marzo-abril del mismo año), se recoge un dibujo que juega con la tesis del artículo 'Los niños en el cine'; en el 10 (enero de 1949), presenta un 'mono' puro en su concepción. Utiliza el seudónimo (firma como 'XIII') en todas las estampas, aparentemente costumbristas –porque hay un costumbrismo que a veces no está muy lejos del surrealismo–, excepto en la última. Ahí rubrica con su apellido. Que se sepa: Gila. En uno y otro caso, se reseña en las portadas. En ese aspecto, sigue el criterio que ya había utilizado en otras publicaciones. (Existe un texto, el titulado 'Brujas y conjuros', de Luis Cortés Vázquez, que presenta una estampa en sintonía, por los trazos, con los 'tipos' del madrileño. Adjudicarle la autoría quizá no fuese mucho atrevimiento o desatino).

Portada del número 10 de 'Trbajos y Días', donde Gila aparece con su nombre.
Portada del número 10 de 'Trbajos y Días', donde Gila aparece con su nombre. / Word

Estilismo

Los rasgos estilísticos ya están ahí, y se mantendrán hasta el final: tipos muy altos o muy bajos, de enorme cabezota, narigudos, de ojos diminutos. Busca el contraste con dibujos de líneas sencillas, alejadas de perfeccionismos. ¿Feístas? Los trazos son sobrios y la ironía (a veces sin palabras) es directa o efectista. Además, envuelve la crítica en una aparente ingenuidad de los personajes. Así, las estampas llegan al primer vistazo: verbal y visualmente… Su nombre se une a los de Carlos María Laperal, Fernando Ferreró, José Luis Pérez Fiz, Ramón Cuesta, Luis Sierra o L. Frechilla, quienes optan por otras ramas artísticas en la percepción o interpretación de la realidad. (Una colección de 'Trabajos y días' se conserva en la Biblioteca General Histórica de la Usal, que Margarita Becedas dirige con sabiduría).

Datos

Edición.
La revista, que tomó el nombre de la obra del griego Hesíodo, publicó 15 números entre febrero de 1946 y junio de 1951. Además, editó 3 suplementos. Habitualmente su extensión era de 24 páginas. Su tamaño: 21 centímetros de ancho y 30 de largo. Era sufragada por el máximo jerarca de la política (Diego Salas Pombo, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento). Contó con la implicación de profesores y alumnos de la Universidad de Salamanca
Portada.
El título aparecía en la parte superior de la portada, alineado a la izquierda, con un dibujo (un reloj de arena sobre un libro abierto, representación del paso del tiempo) a su derecha. Figuraban los nombres de los colaboradores. Curiosamente, no se hacía constar quién asumía la dirección o coordinación. En la contraportada se hacía sitio a los artículos, ilustrados con dibujos o fotografías, de autores relevantes. El precio del ejemplar era de una peseta, que subió a ocho a partir del número 12.
Secciones.
Constaba de secciones fijas: Editorial, Nuestra ciudad, Paisaje historiado, Guía de forasteros para manejarse por Salamanca, Bibliografía, Versos… Unamuno fue el autor que mereció mayor atención. Las imágenes pertenecían a los fotógrafos J. (¿José?) Núñez y Amalio Gombau.

Nada se sabe de la circunstancia que facilitó la colaboración de Gila, quien siempre procuró desdibujar algunos episodios de su pasado (o de su tiempo) zamorano. ¿Fue Agustín García Calvo, muy activo en la publicación, el que le acercó a ''Trabajos y días? Eran convecinos en la ensimismada capital que el Duero sonoro bordea para, más tarde, encaminarse entre 'arribes' hacia Lusitania. Y convecinos de cercanía. Es una hipótesis. Caben otras, como la expresa disponibilidad del madrileño. O las intervenciones de Manuel Ballestero, Luis Cortés Vázquez, Emilio García Montón…, que también se acogieron a las páginas del periódico del Régimen ('Imperio'). Gila nunca hizo mención, a pesar de reiterar títulos de publicaciones de menor entidad, a su participación en 'Trabajos y días'. Tampoco en esa especie de autobiografía que llamó 'Y entonces nací yo'. Cosas, tal vez, de la desmemoria. De los trabajos, de los días. Con el paso de los años, los recuerdos se desordenan mucho. Si alguien quería saber de su pasado en las tierras de Castilla y León, no se ponía al teléfono. Ediciones Universidad de Salamanca publicó, sin embargo, su libro 'Memorias de un exilio' (1998). Quizá se reía de la vida y sus guerras, que eso sí que es una crisis general.

Un lejano precedente de 1925: la revista 'El estudiante'

ejos queda otra interesante aventura salmantina: 'El Estudiante' (1925), que se subtitulaba como 'Revista de la juventud escolar española'. Es un curioso precedente, aunque de corta vida. En su primer editorial, en portada, mostraba su aspiración: 'que la Universidad de hoy (la salmantina y la española) sea algo más que un museo polvoriento de prestigios pretéritos y marchitos'. Creía, además, que 'solo la Universidad, la Escuela Normal, el Instituto, pueden afrontar con éxito esta labor gigantesca de renacimiento nacional y solo el estudiante puede infundir a los decrépitos cuerpos de enseñanza el aliento de vitalidad que los reanime e incorpore con energías creadoras'. Al final, como despedida del impresionado lector, se hablaba del 'aire enrarecido de una ciudad levítica'. No estaba mal para empezar. En su número inicial recogía trabajos de Vicente García de Diego y Luis Maldonado, además de una caricatura de Unamuno, realizada por Julio Núñez (éste también se ocupaba de los dibujos y las viñetas). Posteriormente aparecieron artículos de Emilio Alarcos, Filiberto Villalobos, Rodolfo Llopis, Gustavo Pitaluga, Américo Castro, Hipólito Rodríguez Pinilla, Gregorio Marañón, Teófilo Ortega o Leopoldo García-Alas García-Argüelles (hijo de Clarín y rector de la Universidad de Oviedo, quien fue fusilado en 1937). A partir de diciembre de 1925, cambió la situación: 'El Estudiante' dejó Salamanca y comenzó a editarse en Madrid.

Los autores

El censo de autores, comprometidos o simplemente acogidos por la publicación, es amplio y brillante. Supera largamente el centenar. Entre las firmas aparecen Alfredo de los Cobos, Alonso Zamora Vicente, Emilio Alarcos, Ernesto Giménez Caballero, Fernando Lázaro Carreter, Francisco Rodríguez Adrados, Francisco Maldonado, Jaime Gil de Biedma, José María Valverde, Ignacio Aldecoa, Luciano González Egido, Luis Sánchez Granjel, Manuel Alvar, Pedro Laín Entralgo, Vicente Gaos... Cuatro nombres encabezan la lista de las mayores aportaciones: Luis Cortés Vázquez, Antonio Tovar, Agustín García Calvo y Virgilio Bejarano. Entre la extensa nómina de colaboradores aparecen 11 mujeres, escaso porcentaje: Carmen Martín Gaite, Concha Giner, Francesca Millenono, Ghislaine Moreau, María Antonietta Santi, Matilde Garzón Ruipérez, Natalia Guilarte, Oliveria F. Alfayate, Pepita Casaprima, Pilar Ramírez y Sofía de la Vega Benayas. Todas las ideologías, y muchas tierras y disciplinas, estaban representadas. Cuando persistían fuertes limitaciones (económicas y sociales, de libertad y comunicación), la Universidad salmantina se embarcó en una aventura, muy libre y muy azarosa.

Caricatura de Gila firmada por Ugalde.

El ciclo de 'Trabajos y días' concluyó, o se agotó, con el número 15, en diciembre de 1950. Se cerraba la aventura. El Régimen no estaba de humor para esas cosas. Sin embargo, aquella antigua Universidad, aunque en una España de tono gris, no vivía aletargada. Gila se trasladó a Madrid en 1951. (Tony Leblanc había comentado a otro cómico que tenía «un amigo en Zamora que dice unas cosas muy graciosas»). Y, rápido, subió a los escenarios. En enero de 1957 ya aparecía en el NODO. Y no paró. En 2001 subió a esas altas estancias, más o menos etéreas, y se cree que está enfrascado en un eterno monólogo (que también es un diálogo figurado). ¿Los días festivos con un casco de soldado en una mano y un teléfono en la otra?... Porque con el humor se sobrevive mejor.

Solo le faltaba ser personaje de novela. Y lo fue. Después de muerto, eso sí.