El Prado disperso, reunido en Salamanca

Imagen de 'La venida del Espíritu Santo',de Lucas Jordán,en la Sala VI del Museo. /MARÍA SERNA
Imagen de 'La venida del Espíritu Santo',de Lucas Jordán,en la Sala VI del Museo. / MARÍA SERNA

La pinacoteca nacional tiene una treintena de pinturas en depósito en tres instituciones de la capital y la provincia

PAULA HERNÁNDEZ ALEJANDROSALAMANCA

Celebra el bicentenario de su fundación. Y sus gestores nacionales saben, desde antiguo, que el arte no se centraliza, pues eso es una forma de acorazarse o de ensimismamiento. Las cesiones o préstamos, temporales, favorecen la difusión de la cultura, la expansión del conocimiento, aunque no estén exentas de riesgos. Así, 'El Prado disperso' reúne una treintena de obras, distribuidas en tres espacios expositivos, en Salamanca. Las piezas están depositadas en el Museo (antiguamente Provincial, con 29) y la Casa de la Tierra. Además, la capilla del marqués de Cerralbo, en Ciudad Rodrigo, acoge –como en el caso anterior– dos trabajos: uno es de asunto histórico-religioso y otro lienzo se encuadra en el tema evangélico. (Datos oficiales, actualizados en junio del pasado año, indicaban 36). Vinieron a parar, a través de Reales Órdenes o mandatos ministeriales, en distintos momentos: a finales del XIX y en los años 1919, 1927 y 1970. Son creaciones de relevantes artistas, como Lucas Jordán o Juan de Borgoña, Federico de Madrazo o Francisco Bayeu, además de autores anónimos. Sin firma: por lo que fuere. O por el tiempo aquel, de egos artísticos puestos a enfriar. Tampoco faltan las copias de esta o aquella pintura, porque los maestros son escuela de formación: enseñan a detener las prisas y mirar con pupila atenta. La destreza también se adquiere de esa manera.

La casa de los Abarca-Alcaraz, de principios del XVI, con patio empedrado y pozo, con silencio reposado y frescas sombras, donde se combina lo gótico con lo renacentista, es excelente sede del Museo de Salamanca, que registró 29.146 visitas el pasado año (experimentó un incremento del 2% respecto a 2017, al cuantificarse las entradas entonces en 28.700). En sus colecciones se hallan representados Juan de Flandes (tablas de San Andrés), Luis de Morales ('La Quinta Angustia'), Esteban de Rueda (talla de San Juan Bautista), Ignacio Zuloaga ('Segoviano', óleo sobre lienzo, con el retrato de un campesino), Juan de Ribera, Zubiarre... Y junto a esos autores aparecen los pertenecientes al 'Prado disperso'. Fijémonos en ellos, en los depósitos.

Disperso, pero no desperdigado. Ahí están. En distintas salas, en buena convivencia de tiempos, estilos y mentalidades. Como Lucas Jordán (o Luca Giordano, Nápoles, 1634-1705), quien destacó por su rapidez creativa y como gran dominador de la técnica del fresco, que ofrece su interpretación de 'La Venida del Espíritu Santo'. Del pincel de Federico de Madrazo (Roma, 1815-Madrid, 1894; ocupó la dirección del Museo Real de Pintura y Escultura) procede el retrato de una marquesona consorte. Juan García de Miranda, que fue pintor de cámara, contribuye con dos óleos de buen tamaño (ambos de 118x166 centímetros, 'La Natividad de la Virgen' y 'Los Desposorios de María'). Bayeu (Zaragoza, 1734-Madrid, 1795), colaborador de Mengs y también pintor de la corte, muestra una pequeña obra titulada 'San Francisco de Sales', el italiano que ejerce el patronazgo de los periodistas, incluso de los reporteros. Cierto, también destacó por los frescos decorativos. Y los flamencos Adrian frans Boudewyns, Jan Miel y Jacob-Andries Beschey, con ese estilo que dejó huella por su colorido, por esa manera de trascender la realidad desde el aparente naturalismo… Un grupo de extranjeros (¿pueden ser dos matrimonios?) no repara en comentarios. El personal del Museo atiende con amabilidad al visitante, y ayuda a alguno a no perderse entre sus salas.

Y cuatro más

La Casa de la Tierra, en la plaza de Sexmeros, sede de la Cámara Oficial de Comercio, guarda una obra del pintor-coleccionista-restaurador Lorenzo Albarrán, salmantino de Alaraz ('Un ángel más', óleo de 190x215 cms), y otra del vallisoletano Miguel Jadraque ('Carlos V en Yuste', 146x193), de quien dicen que estaba capacitado para los asuntos históricos. Esto: según las cuentas de la pinacoteca nacional. En cuanto a la capilla del marqués de Cerralbo (iglesia del Sagrario), en Ciudad Rodrigo, acoge el cuadro 'Santiago matamoros' o 'en la batalla de Clavijo', de Francisco Camilo, pintor madrileño del XVII que trabajó para conventos de Salamanca y la urbe mirobrigense, y un lienzo que representa el Bautismo de Cristo, que está «resuelto con soluciones manieristas italianas», apunta Juan Ramón Nieto González en 'Ciudad Rodrigo. Análisis del patrimonio artístico' (edit. Caja Duero. Salamanca, 1998). José Luis Cano de Gardoqui dice lo mismo, en enero de 2010, en su 'Informe sobre la propuesta de declaración como BIC con categoría de monumento a favor de la capilla de Cerralbo': obra «de resonancias manieristas italianas». Se halla en el cuerpo bajo, a la derecha, de la capilla mayor.

Otra veintena, reclamada y devuelta

En la plaza de San Boal, quizá aquel santo zamorano que ayudaba a vadear el río Esla y daba hospedaje a los más necesitados, la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy: guardó 23 depósitos del Prado, a tenor de un antiguo inventario realizado (1984) por cuatro expertas de aquella casa. Permanecieron desde 1896 hasta 1988, cuando fueron reclamados sin excusas. En esa colección aparecían Carlos de Haes (Bruselas, 1826-Madrid, 1898), renovador de la pintura paisajística española y académico de San Fernando, y otros artistas nacidos en el XIX, como el catalán José Armet Portanell, el alicantino Antonio Amorós, los manchegos Joaquín Araujo y Alejo Vera y Estaca, los sevillanos Federico Eder Gattens y Manuel García y García 'Hispaleto', el gaditano José Gallegos y Arnosa, el aragonés Pablo Gonzalvo, el portugués Miguel Ángel Lupi, el valenciano Rafael Monleón… Paisajes, costumbrismo y retratos.

Un día es un día. Especial. Hoy, por ejemplo: viene señalado en el calendario. 'De los museos'. Además, cuesta poco cruzar sus puertas. En algún caso, un euro. Solo. Porque las pinacotecas son algo más que contenedores. Conservan y difunden la historia, el patrimonio, la creación artística. Recogen una herencia cultural. Rescatan la memoria. Nos enseñan, dispongan o no de adecuado modelo expositivo o de presupuesto generoso, que los legados culturales enriquecen la existencia de los pueblos e invitan al paisanaje, a través de la contemplación serena, a la reflexión estética y crítica.