«Un catequista tiene que transmitir sentimientos»

Mar Manzano, en el despacho de la Escuela Muncipal Infantil./S. G.
Mar Manzano, en el despacho de la Escuela Muncipal Infantil. / S. G.
Mar Manzano - Catequista

Lleva dos años ejerciendo esta tarea pero sin desvincularse en ningún momento de la delegación de Misiones donde también es voluntaria

Silvia G. Rojo
SILVIA G. ROJOCiudad Rodrigo

Como tantas cosas en la vida, el momento de ser catequista se fraguó en cierto modo por casualidad pero, sobre todo, a raíz de participar como voluntaria en la delegación de Misiones e Infancia Misionera. Mar Manzano, maestra vocacional y directora de la Escuela Municipal Infantil de Ciudad Rodrigo, lleva dos años ejerciendo esta tarea, «un voluntariado diferente», como ella dice.

Acoge todas las semanas a niños de catequesis, en este caso, de segundo y cuarto de Primaria, por lo tanto, niños que en algunos casos se están preparando para recibir la Primera Comunión.

Piensa que esa tarea en Misiones «me ha cambiado la vida» pero sobre todo su paso por un país como Zimbabwe el pasado verano, donde tuvo la oportunidad de conocer a diversos misioneros y otras realidades, «ahí te cambian las prioridades», confiesa.

Su objetivo con la catequesis es que los niños se acerquen a la Iglesia de una manera diferente, que desechen esas ideas de que es algo aburrido y monótono pero, para eso, también es consciente de que la Iglesia tiene que cambiar en muchos aspectos y que no se pueden contar las cosas como se las contaban a ella cuando era niña. Incluso, pide a la Iglesia «que dejen entrar ideas nuevas, que no sea lo de siempre porque hay muchas cosas que se pueden hacer».

–¿Qué hechos desencadenaron que hoy sea catequista?

- Cuando mi hija tomó la comunión conocí al párroco y empecé a ayudarle en las eucaristías, el día de la madre y cosas así, para hacer eucaristías un poco especiales. A partir de ahí conocí Infancia Misionera y comencé a trabajar con la delegación de Misiones y como el delegado, José María Rodríguez-Veleiro, es el párroco de El Salvador empezamos a hacer cosas para la parroquia y al final me quedé de catequista. Por lo tanto, llegué a ser catequista por la delegación de Misiones.

–¿Ha mantenido tradicionalmente mucha vinculación con la Iglesia?

-En mi casa siempre habíamos sido religiosos, tampoco una cosa exagerada, una familia más; pero sí que íbamos a misa los domingos y habíamos recibido una educación católica. Sin embargo, cuando fui creciendo como que lo dejé un poco apartado, mi fe siempre ha estado ahí pero tampoco le hacía mucho caso hasta que mi hija tomó la Primera Comunión y me volví a vincular otra vez más seriamente con la Iglesia.

–¿Qué ha descubierto en esta nueva etapa? ¿Es otra la perspectiva la que ahora tiene de la Iglesia en un momento ya más adulto?

-Creo que la Iglesia desde el punto de vista adulto tiene muchas cosas que cambiar y creo que mi labor de catequista también ha sido principalmente esa. Soy maestra y a lo mejor llevo un poco en las venas que hay muchas maneras de enseñar las cosas y cuando das los conocimientos no tienes porqué hacerlo serio. Cuando los niños se acercan a la Iglesia creo que encuentran un poco la Iglesia que es la misma que me encontré yo y eso es lo que yo quise cambiar, dije: si me voy a hacer catequista porque creo que las cosas se pueden hacer de otra manera y que los niños pueden ver la fe desde otro punto de vista y pueden ver a Jesús desde otro punto de vista diferente al que lo están haciendo ahora mismo. De hecho, para ellos ir a catequesis era una obligación y creo que he conseguido que sea una actividad más de la semana y ven en la catequesis un ratito de amigos, de estar a gusto, de aprender muchas cosas divirtiéndonos, de conocer a Jesús. Mi objetivo es ese, que vean que ser cristiano es divertido y que mola, que no tienen que avergonzarse por decir que son cristianos o decir que van a catequesis o a misa los domingos. No pasa nada.

Camino de fe

–Uno de los grupos con los que usted trabaja son niños que este año recibirán la Primera Comunión. ¿Es diferente trabajar con niños o jóvenes que van a dar un paso concreto en ese momento como puede ser la comunión o la propia confirmación?

-Sí, la Confirmación o la Primera Comunión son los momentos clave de su camino de fe. En el bautizo la mayoría no se entera porque son pequeños pero el momento de la comunión como que es un paso más serio y este año con ellos lo que he pretendido es trabajar su corazón, es decir, para que las cosas te las creas, las tienes que sentir. Para conocer a Jesús como un verdadero amigo, como una persona como tú y como yo con la que puedes hablar, dialogar, pedir cosas, contarle tus cosas y que siempre está ahí, lo tienes que sentir desde dentro, si no lo sientes dentro ya podemos decir cosas como papagayos, enseñarles absolutamente todas las oraciones si luego están rezando el Credo y no saben lo que están rezando. Mi objetivo con ellos este año era ese, que cuando recen sepan qué están diciendo y en qué momento de la eucaristía están. Que se lo aprendan mejor o peor las cosas las irán adquiriendo con el tiempo. En cambio, con el grupo de segundo de Primaria es más jugar, los conocimientos los adquieren de una manera totalmente diferente.

–Me consta que su grupo, además de la catequesis, participa en otras actividades, como puede ser la ofrenda floral a la Virgen María que se celebró ayer en la Catedral de Santa María, incluso, realizaron una convivencia en la parroquia hace escasas fechas, con sacos de dormir incluidos.

-Mi catequesis siempre está muy ligada a la delegación de Misiones. Si en el mundo hubiera más misioneros o todos fuéramos misioneros nos iría bastante mejor; la Iglesia debería ser misionera. Desde ese punto de vista enlazo el tema de las misiones con el tema de la catequesis, entonces todas las actividades que se celebran en misiones yo las llevo a la catequesis tanto el Sembradores de Estrellas, la Ofrenda Floral o la Marcha a Ivanrey y de ahí siempre saco algo para llevarlo al trabajo diario de la catequesis. Por ejemplo, la ofrenda floral es una manera de ofrecerle a la Virgen tu flor en nombre de los misioneros que están repartidos por el mundo. Ese momento lo recojo y el jueves trabajaré con ellos en catequesis todo el tema de María: como madre de Dios, como fuente de vida, de una manera muy diferente a la que lo van a ver ellos. Siempre jugando, haciendo cosas divertidas, sencillas para que lo entiendan. No necesito que sepan metafísicamente qué es la Virgen María, necesito que sientan que María era la madre de Jesús y que la pueden sentir como madre.

–¿Cualquier persona que esté interesada puede desempeñar esa tarea de ser catequista?

-Es la pregunta del millón, yo creo que no todo el mundo puede ser catequista. Para ser catequista creo que tienes que sentir que realmente hay algo dentro de ti que te ha tocado. Es muy difícil transmitir un conocimiento de fe cuando tú no sientes la fe como tienes que sentirla. Para mí los catequistas no son maestros ni personas que transmiten conocimientos, tienen que transmitir algo más. Si educas en la fe estás educando el alma y tienes que sentir en tu alma que hay algo diferente.

–¿Entonces más que una formación en un aspecto concreto, en este caso la fe, de lo que estamos hablando es de un sentimiento?

-Para mí un catequista tiene que transmitir sentimientos. El sentimiento de fe, de solidaridad, de equipo, de amigo, de Dios, cómo tu lo ves y lo sientes y sobre todo que los niños y jóvenes vean un Dios diferente, cercano, que no está solo en las iglesias, que te lo puedes encontrar en tú día a día en cualquier persona que esté a tu lado, que puedas ayudar, a cualquier compañero de clase que le puedas echar una mano porque ahí también está Dios. Al final, los cristianos también son valores, a parte de tener un fondo de fe, son valores sociales.

–¿Qué peso debe tener la familia en todo este proceso, en ese camino de fe de los niños, del que usted habla?

-Para mí las familias son muy importantes. Siempre que he trabajado con ellos en catequesis he intentado que las familias se implicaran de una manera u otra, que sean coherentes es lo que les pido a las familias. Si tu hijo este año va a hacer la comunión tienes que ser consciente de lo que va a hacer. En la reunión de comunión yo les decía a los papás que los niños son las balas pero que ellos son los cañones, al final si vosotros no disparáis los niños no llegan. Son los papás y las mamás los que tienen que hacer conciencia en casa de que somos cristianos, vivimos la fe y que hay determinadas cosas que un cristiano debe hacer. Ir a misa, pues sí, no es que te vayan a poner una cruz si no vas pero bueno, es la manera en la que los cristianos celebramos nuestra fe todos los domingos.

Jóvenes

–A través de su experiencia y de lo que van viendo año tras año, detectan que el número de niños que acuden a catequesis se mantiene, va a más o disminuye.

-En nuestra parroquia, El Salvador, es como más particular, gracias a Dios tenemos bastantes niños. Es verdad que cuando van siendo más mayores alguno siempre se descuelga. Hasta que hacen la comunión se mantiene un número estable e incluso va creciendo, ninguno se descuelga pero una vez que toman la comunión hay alguno que siempre se descuelga. Sin embargo, hemos notado que en la parroquia de El Salvador hay muchos jóvenes, que eso me gusta. Aunque se desenganchen quinto o sexto de Primaria luego vuelven y es muy positivo que los jóvenes vean en los valores del cristianismo una forma también de vida.

–A usted cómo persona, desde un punto de vista más personal, ¿qué le está aportando tanto la catequesis como su colaboración con la delegación de Misiones?

-A mí, conocer la delegación de Misiones e Infancia Misionera me cambió la vida. Era un momento personal bastante duro y encontré la manera de valorarme a mí misma, de conocerme a mí misma. También tuve la oportunidad de estar en un país de misión, en Zimbabwe, y tu visión de la vida cambia porque empiezas a valorar muchas cosas que antes no valorabas. Me cambia la vida porque realmente llegué a sentir que me cambiaba el corazón. La delegación me cambió el alma, es difícil de explicar, pero es una manera de entender la vida de otra manera.

–Es un hecho que la mayor parte de la sociedad va corriendo y que parece que nunca hay tiempo para nada. ¿De dónde saca usted el tiempo para desarrollar estas tareas de voluntariado?

-Hay un dicho que dice: Pídele un favor a alguien que no tenga tiempo y es verdad con todas esas personas que que más ocupadas están. Yo estoy muy ocupada: tengo el trabajo, soy madre y un montón de cosas más, pero siempre tengo tiempo.

-Sin olvidar otra cuestión y es que todo esto lo hace gratis.

-Sí, claro. Siempre.

–Se podría decir que ésta es su manera de hacer voluntariado.

-Es un voluntariado diferente y un voluntariado siempre lo haces porque te gusta ayudar a los demás, pero a parte de ayudar a los demás, ser catequista o trabajar en una delegación de Misiones, como es mi caso, es más la recompensa que recibes que lo que tú das. Siempre te merece la pena.

– ¿Es fácil ser cristiano en el día a día, en un mundo en constante cambio?

-Hay muchos momentos de parar y respirar. Estamos metidos en una sociedad que muchas veces no te deja ser cristiano pero es otro punto de vista y te tomas la vida de otra manera.

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