Villanueva de los Infantes, una vuelta por el majestuoso pasado manchego

Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes. /
Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes.

Esta monumental villa aúna todas las virtudes de Castilla-La Mancha y destaca por la espectacular arquitectura que alberga

ÁLVARO ROMERO

La soberbia localidad de Villanueva de los Infantes se ubica en el sureste de Ciudad Real, en el corazón de Castilla- La Mancha, concretamente en la comarca de Campo de Montiel. Considerada como uno de los pueblos más bellos de la provincia, fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1974, protegiendo y reconociendo así el incalculable valor del más importante conjunto representativo del barroco y del renacimiento manchego.

Forma parte, además, de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España. Le sobran razones y belleza para ello, su monumentalidad se encuentra patente en cada una de sus calles, plazoletas y rincones repletos de puntos de interés turístico y ejemplos espectaculares de arquitectura histórica. El trazado urbano discurre simétrico y organizado, factor que revela una villa cuidada y levantada a conciencia, conservando la estructura de ciudad del Siglo de Oro español.

Repleta de tesoros

Esta villa manchega convive, día a día, con decenas de tesoros. La Plaza Mayor se afianza como centro neurálgico desde el siglo XVII, un conjunto monumental de estilo neoclásico asentado sobre suelo de piedra y en cuyos laterales aparecen bellos corredores sujetos por arquerías de medio punto, dejando hueco al Ayuntamiento.

Hasta allí llegan y desde allí parten las arterias más importantes de Villanueva de los Infantes. La cara sur del cuadrado muestra arquitectura tradicional en su más pura esencia, balconadas con balaustradas de madera sustentadas por zapatas del mismo material.

En la parte norte se levanta la joya religiosa del municipio, la iglesia de San Andrés, un templo sobresaliente de estilo clásico construido en el siglo XVI en cuyo interior se puede comprobar la mezcla de estilos artísticos, entre los que destaca el gótico, el herreriano y el plateresco. En la cripta de la iglesia reposan los restos del famoso escritor Francisco de Quevedo y Villegas, quien pasó allí los últimos años de su vida.

De carácter religioso son, también, la iglesia del convento de Santo Domingo, donde murió Quevedo; la iglesia-convento de las Monjas Franciscanas y las bonitas ermitas de San Sebastián y del Cristo de Jamila.

Alhóndiga.
Alhóndiga.

Arquitectura civil

Paseando por Villanueva de los Infantes es frecuente ir descubriendo rincones dispares y encantadores, la calle del General Pérez Ballesteros, es claro ejemplo de ello. Una vía señorial que transporta al visitante a épocas pasadas, cuando la ciudad alcanzaba su máximo apogeo. Todo viajero que anhele seguir a pie la ruta debe buscar la Plaza de San Juan y la calle Cervantes, puntos clave para relajarse y disfrutar.

El Hospital de Santiago, del siglo XVII y origen medieval, es el mejor ejemplo de arquitectura civil. Le secundan el precioso patio de la alhóndiga o la Casa del Arco, con una portada impactante capaz de acaparar todas las miradas de quienes por allí pasan. Entre las casonas y palacios, cabe citar también el cuartel de los Caballeros de Santiago, la Casa del marqués de Melgarejo, del siglo XVII y el palacio de los Bustos, del siglo XVI. Sin olvidar la Casa de los Estudios y la Casa de la Inquisición.

Campos de Castilla y riquezas gastronómicas

Sus alrededores yacen plagados de campos, extensas y características llanuras castellanas donde se cultiva la vid y el olivo. La localidad está relacionada, además, con la famosa novela española Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo cabalgó por esas tierras dejando huella entre sus vecinos.

Lugar, por otra parte, de excelente gastronomía. Allí se elaboran quesos artesanos de primera calidad fabricados con leche de ovejas autóctonas, algunos de ellos protegidos bajo la Denominación de Origen Queso Manchego. Buenos vinos y pastelería artesana completan la oferta.

Deliciosas elaboraciones artesanas completan las cartas de los mejores restaurantes, recetas «de toda la vida» que han ido pasando de generación en generación hasta el día de hoy. Platos como el pisto manchego, elaborado a base de verduras, o el asadillo, hecho a base de pimiento asado. Comidas de origen humilde como las migas o las gachas capaces de cautivar los paladares más exigentes.