«Yo soy terrenal, pero mi madre era de otra galaxia», reconoce la hija de Montserrat Caballé

Montserrat Martí Caballé durante una actuación en Nava del Rey./Fran Jiménez
Montserrat Martí Caballé durante una actuación en Nava del Rey. / Fran Jiménez

Montserrat Martí Caballé ha agotado las entradas para el concierto que mañana viernes 28 ofrecerá en Becerril de Campos

BÁRBARA RODRÍGUEZPalencia

Dos semanas después de morir el pasado 6 de octubre su madre, la gran diva de la ópera Montserrat Caballé, su hija, Montserrat Martí Caballé, volvió a subirse a un escenario para continuar con su trabajo también como soprano. Tras 24 años cantando junto a Caballé, maestra y madre, Martí llenará de música mañana todos los rincones de San Pedro Cultural de Becerril de Campos con la inmensidad de su voz, acompañada por Luis Santana y Antonio López. Ese trabajo conjunto y cercano reconcilió a una hija con su madre, que no tuvo tiempo de serlo por llevar una exitosa carrera durante muchos años y a lo largo de todo el mundo; pero también a una madre con su hija, con la que reconoció emocionarse cada vez que subían juntas al escenario.

¿Cómo ha sido su relación con la música desde la pérdida de su madre?

–Sin duda ha sido por una parte un alivio, y por otra, muy doloroso. Han sido 24 años cantando juntas y después de que falleció el 6 de octubre y la enterramos el día 8, no volví a cantar hasta el 24 de ese mismo mes. Ya desde ese día han sido varios conciertos en los que, para ser sincera, me he sentido fuerte en el escenario, pero cuando han querido homenajear (y lo agradezco, porque lo hacen con todo el cariño y yo siento como la querían) y han puesto algún vídeo, como en el primero de los conciertos, en los que me pilló por sorpresa, intenté no derrumbarme... Y menos mal que fue casi al final del concierto. En los siguientes ya me quedaba en el camerino y no lo escuchaba porque, yo misma, hoy en día, aún me cuesta ver vídeos…

¿Qué le ha supuesto cantar tan pronto tras su muerte?

–Me siento fuerte, subo al escenario y no me siento sola, pero como en el día a día cuando se pierde a un padre o una madre, aunque tengas un marido y una familia, algo que yo he sabido por gente con la que he estado hablando, la sensación es de que sientes un vacío muy grande. Yo pensé que en el escenario cantando no iba a ser capaz de dar una nota y, sin embargo, me siento fuerte arriba.

Con todo… ¿cómo se prepara para subirse al escenario con las emociones tan a flor de piel?

–Yo creo que cuanto menos se preparan estas cosas, mejor. Es como cuando, y no se sirve este ejemplo o piensan que es un ejemplo tonto, te caes de bicicleta y vuelves a subirte a ella. No sé, en el fondo simplemente pensé que en algún momento tenía que reincorporarme al trabajo porque además este verano coincidió que me operaron de la espalda para quitarme dos hernias y cancelé trece conciertos porque estuve de baja hasta el 17 de septiembre. Después de eso, el primer concierto que hice fue el día 20 de septiembre en el Auditorio de Zaragoza y al día siguiente ya tuve que volverme porque mi madre ya estaba en el hospital, por lo que tuve que volver a cancelar. Fue una cosa detrás de la otra y básicamente lo que me hizo tomar la decisión fue pensar que cuanto más lo retrasara, más me costaría. Y bueno, cuando estuve bien físicamente, dejé pasar dos semanas y aunque no fue fácil, me puse en marcha. Además, fue muy fácil porque estuve con Luis Santana y Antonio López, y como llevamos ya casi dos años o algo más colaborando juntos, yo me siento en casa, en familia y muy arropada, sabía que iba a sentirme acompañada y apoyada. Había que volver al trabajo y pensé que sería sano hacer ese esfuerzo y volver.

Su madre confesó que se emocionaba al cantar con usted. ¿Y usted con ella también, o ahora más porque la echa en falta?

–Yo con ella, siempre. Mi madre tenía un ritmo de vida de carrera, de salidas. Yo digo siempre que ella parió hijos pero no le dio mucho tiempo a ser madre. Entonces, el hecho de estar con ella estos 24 últimos años a mí me ha vuelto a reconciliar, y seguro que a ella también, porque ella siempre dejaba un espacio. Cuando volvía de conciertos y bajaba las escalerillas del avión, mi hermano corría y ella desplegaba los brazos esperando un abrazo, pero mi hermano subía a ver el avión, porque los niños eran muy de verdad y muy crueles al mismo tiempo. Pero mi madre con su sonido siempre nos dio mucha información. Personalmente, en los 24 años después de que hemos estado en hoteles, coches, aviones, dadas de la mano, tantos kilómetros… Nos hemos descubierto. Ella también se reconcilió consigo misma e incluso en un momento me confesó que le hubiera gustado haber hecho la mitad de la carrera para haber sido mejor madre y yo le contesté, porque me salió del alma y no para hacerle sentir bien, que eso hubiera sido egoísta para el resto del mundo, porque era una persona que hacía feliz a mucha gente y pretenderla solo para mi hermano y para mí hubiera sido muy feo. Y sigo pensándolo, pero estar con ella en el escenario era emocionante, porque la profesionalidad, el amor por la música, la devoción por todo lo que hacía… Lo hacíamos todo. Ensayábamos y a lo mejor había algún momento que habíamos ensayando respirar en algún sitio y en el escenario lo hacíamos en otro, pero a la vez, porque había mucha complicidad. Recuerdo los viajes en avión o en coche que ella miraba por la ventana como una niña pequeña que mira la vida por primera ve y yo, en vez de mirar el paisaje, la miraba a ella porque quería aprender a mirar así, con esa ilusión y curiosidad. Eso la mantuvo siempre joven y activa de mente.

¿Ve imposible relevar a su madre como figura en todos los sentidos?

–Bueno, yo no diría eso. Yo soy terrenal, ella es de otra galaxia. Por entenderlo de otra manera, decía que era 'el Messi de la ópera'. Coincidió una generación en los años setenta increíble en cuanto a dirección de orquesta, artística, escenografías, tenores, barítonos… En esos años ibas a ver una obra y tenías un elenco completo de primera categoría. Entonces, pues pasa en el fútbol, en el arte, pero claro que vendrán nuevos. Vendrán voces nuevas porque, si no, qué pena que quedara aquí. Pero yo puedo decir que en mi madre coincidió el don de un sonido bellísimo, la técnica, el tesón, la voluntad, el estudio y escoger los personajes adecuados en cada momento.

Ha participado en varios conciertos benéficos, de hecho uno de los primeros fue junto a su madre para alzar la voz contra el genocidio de Ruanda en 1993. ¿Por qué cree en la música? ¿Para concienciar o para hacer reflexionar sobre las injusticias?

–La música es un idioma, una manera de hacer sentir, cada uno interpreta lo que le emociona. Creo que la música la entiende todo el mundo, porque son emociones y sentimientos, por lo que claro que creo que sí que puede unir en ese sentido. El otro día, de hecho, me enseñaron un artículo que había escrito un sacerdote sobre mi madre y decía que cantar era rezar dos veces. Y yo no lo sé con certeza, pero cantando y con el sonido, sé que se puede llegar a más gente que con un solo idioma. El sentir, el sentimiento, el ser útil para poner un grano de arena.

El año pasado ya estuvo en Ampudia, y ahora viene a Becerril, ¿qué le supone venir a actuar a un pueblo pequeño?

–Supone una felicidad muy grande. Porque estoy conociendo sitios de toda España que, si no, no conocería nunca. Además, la gente te recibe con una ilusión, como que no esperan que vayas a ir nunca allí. Mi padre es de un pueblecito muy pequeño de Aragón, Villarroya de la Sierra, y me gustan mucho las gentes de estos lugares porque les hace tanta ilusión, que yo creo que te piensan y te ven como algo más de lo que eres. No piensan que vayas a ir nunca, pero yo voy porque a la gente le gusta escucharte, porque tengo la oportunidad de llevárselo, porque disfruto de estos conciertos a los que llamó 'express' porque me dan la oportunidad de volver esa noche a casa con mi hija pequeña de 7 años y no pasar meses y meses fuera y no verla, y disfruto muchísimo de la bondad, de la comida y de los lugares.

¿Qué ofrecerá en su repertorio?

–Con Luis y con Antonio hacemos un repertorio que lleva ópera. Y hacemos dúos o áreas aprovechando que Luis es barítono donde mezclamos barítono con soprano, de diferentes óperas y compositores, y la segunda parte solemos hacer bastante zarzuela. En estas fechas, además solemos introducir alguna cosa navideña. Es un abanico amplio para todos los gustos.

¿Cree que todo el mundo está capacitado para valorar las aptitudes y la calidad de una soprano, o que es un concierto para las elites?

–Yo creo que cuando alguien viene al teatro o a escuchar conciertos, a analizar sin tener que hacer un artículo técnico para la prensa, malo. Porque yo creo que tienes que venir a emocionarte o a sentir. Así que, cuando alguien me dice que quiere venir pero que no entiende, le digo que perfecto, porque lo que tiene que hacer es sentir, no entender.

¿Qué conoce de Palencia y de su vida cultural?

–Bueno, he estado pero como voy de un lado a otro rapidísimo, conozco menos de lo que me gustaría. Debo decir que tengo muchísima curiosidad por ver San Pedro Cultural y su decoración, porque Luis me ha estado hablando de ello.