El hielo realza Covalagua

Una mujer lee el cartel informativo de la cascada de Covalagua. /Nuria Estalayo
Una mujer lee el cartel informativo de la cascada de Covalagua. / Nuria Estalayo

Las bajas temperaturas favorecen la formación de estampas heladas en un paisaje que suscita aún mayor interés turístico

NURIA ESTALAYOAguilar

En Covalagua, el agua circula lentamente sobre la toba que ha ido depositando el río, en forma de peldaños semicirculares, creando pequeñas cascadas entre uno y otro peldaño. Pero, estos días, no es solo la caída del agua y sus facies de musgos su mayor atracción, también llaman la atención esas sinuosas y espectaculares formas que adquiere el hielo que allí emerge cada noche con las intensas heladas de este invierno. Esculturas congeladas que atrapan sobre manera a los turistas y que en zonas sombrías perduran durante todo el día.

Con estas llamativas figuras de hielo, el Espacio Natural de Covalagua, cuyas cascadas no se dejan ver todo el año, vuelve a conquistar a los visitantes. Este paraje lleno de encanto se encuentra cercano al pueblo de Revilla de Pomar, perteneciente al municipio de Pomar de Valdivia. Un atractivo más que ofrece durante estas jornadas invernales el impresionante Páramo de la Lora, a caballo de las provincias de Palencia y Burgos, un espectacular paisaje geológico de origen kárstico. Entre sus manifestaciones más relevantes sobresalen dolinas, lapiaces, uvalas, simas, cuevas y surgencias. Y Covalagua que es una cavidad freática (agua acumulada en el subsuelo) activa hoy en día.

En el entorno de este Páramo de la Lora, destacan sobremanera las maravillas subterráneas que guarda en su interior la famosa Cueva de los Franceses. Como ya es por muchos sabido, el nombre de ‘los franceses’ se atribuye a los refugiados que murieron en ellas durante la Guerra de la Independencia. Iluminada artificialmente, se pueden ver montes calcáreos, formaciones de estalactitas y estalagmitas, pozos, coladas y columnas. La superficie de la cueva es de 1.000 metros, pero solo se visitan 482.

Pero no son Covalagua ni la Cueva de los Franceses los únicos atractivos de la zona ya que cerca de allí se concentran varios puntos de interés. En sus alrededores, se encuentra el menhir megalítico del ‘Canto Hito’, el Pozo de los Lobos y el Mirador de Valcabado.

Este mirador, a una distancia aproximada de 1.500 metros de La Cueva de los Franceses, está ubicado en un emplazamiento privilegiado, en un imponente balcón natural sobre el hayedo de ‘Monte Ahedo’, dominando el cántabro valle de Valderredible. Las vistas que el mirador ofrece del valle son asombrosas, y además de contemplarse Valderredible, desde aquí se pueden divisar igualmente los pueblos palentinos de Cezura, Lastrilla y Berzosilla, junto a buena parte del Páramo de la Lora.

A todo ello se suma un recorrido preparado desde Covalagua hasta el Mirador de Valcabado atravesando ese cautivador bosque plagado de hayas, donde el caminante también se topará con otras curiosas especies arbóreas y vegetales.

El trayecto permite además hacer una parada en la Cueva del Toro, situada varios metros bajo el Mirador de Valcabado. Como explica Gonzalo Alcalde en su libro ‘Montaña Palentina’, se trata de una gran cavidad, cuyo origen se debe al primer nivel freático que atravesó el paquete calizo, y por lo tanto el más superior. Tiene una longitud de 350 metros con salas que oscilan de 5 a 10 metros de altura y con un recorrido horizontal, con algunos saltos. Antes no se aconsejaba la visita a la cueva por lo escabroso del camino, pero recientemente se ha habilitado una senda para facilitar su acceso.

Sobre esta cueva, explica Alcalde, ha existido una leyenda, en la que se dice «que en su boca existía un pellejo de toro repleto de monedas de oro», lo que a algunos crédulos les ha llevado a realizar grandes zanjas, destrozando los niveles arqueológicos que existían. Alcalde también recuerda que «esta cueva ha sido visitada y habitada desde la Edad del Bronce, pasando por la Edad Media hasta casi nuestros días, ya que cuando el apogeo del ‘maquis’, se refugió ‘El Cariñoso’, conocido emboscado de la post-guerra».

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