La fiesta de la ITA también se vive a los 97 años

Justa Sánchez sentada en su andador a unos metros de la entrada a la fiesta de la ITA./M. M.
Justa Sánchez sentada en su andador a unos metros de la entrada a la fiesta de la ITA. / M. M.

Los usuarios de la Residencia de Mayores La Julia encuentran en la multitudinaria celebración universitaria una forma de distracción

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Con una sonrisa de oreja a oreja, sentada sobre su andador y moviendo la cabeza al son de la música house que llegaba desde el escenario del Parque Ribera Sur. Así vivió ayer la fiesta de la ITA Justa Sánchez que, a sus 97 años, decidió aprovechar la celebración universitaria para que su habitual paseo matutino por el paseo La Julia tuviera un aliciente extra. «Me han alegrado el día», aseguraba Justa, que ha sido operada recientemente de una cadera que, a buen seguro, tuvo que mover de lo lindo en sus años mozos mientras escuchaba una música que poco o nada tenía que ver con la que salía ayer de los altavoces de la macrofiesta universitaria.

Justa vive en la residencia de mayores La Julia, a pocos metros del parque en el que se celebró ayer la fiesta, y asegura que las críticas a los jóvenes por esta forma de diversión son desmesuradas. «Un día es un día y están en edad de divertirse. Yo cuando era joven también disfrutaba a mi manera en aquella época y me encantaría que mis piernas tuvieran las fuerzas necesarias para ir con los jóvenes de ahora», explicaba esta nonagenaria que espera llegar a los 100 años con la misma energía que derrochaba ayer.

Los usuarios de la Residencia de Mayores La Julia conviven cada año con la fiesta de la ITA y muchos de ellos piensan igual que Justa, como el matrimonio formado por Francisco y Ascensión, que ayer se encontraban en la puerta de la residencia hablando sobre esta celebración universitaria, que se convirtió en protagonista de todas las conversaciones. «Qué hagan lo que quieran. A nosotros no nos molesta porque no tenemos que llevar a los jóvenes a cuestas cuando acabe la fiesta», afirmaba Francisco mientras empujaba la silla de Ascensión, que se ha roto la cadera recientemente y se encuentra aún convaleciente.

Desde fuera se puede pensar que los usuarios de una residencia de ancianos no tienen el cuerpo para fiestas, pero la cocinera de La Julia opina lo contrario. «Para ellos es muy divertido ver cómo lo pasa bien la juventud y cuando la fiesta acaba, se multiplica la diversión. Las condiciones en las que salen los chicos de la fiesta es el tema de conversación de toda la semana», apuntaba ayer la cocinera.

La cocinera y la auxiliar de enfermería de la residencia.
La cocinera y la auxiliar de enfermería de la residencia. / M. M.

La fiesta se coló en cada rincón de la residencia y una de las personas que más envidia sana sentía de los jóvenes que disfrutaban en el parque era la auxiliar de enfermería, Laura Pedrejón que, a sus 23 años, es una asidua de la ITA, una celebración que ayer se tuvo que perder por motivos laborales. «No hago más que ver gente pasar y la música me está recordando cada minuto que no estoy allí», afirmaba Laura con pesar poco antes de asegurar que los estigmas que acompañan a este evento no son del todo ciertos.

«Reconozco que cuando se hacía en el Sotillo la acumulación de basura era enorme, pero desde que se hace en Ribera Sur eso ha cambiado. La gente es más respetuosa, aunque siempre está el típico marrano que no lo hace», reconoció esta auxiliar de enfermería, que tuvo que preparar las medicinas de los ancianos mientras sus amigos disfrutaban de una fiesta que no deja indiferente a ningún palentino, tenga la edad que tenga. Solo había que ver a Justa mover la cabeza a ritmo de house para corroborar que para disfrutar de la fiesta no hace falta ser un veinteañero.